Oración Que Trabaja

Leí la siguiente frase y tomé nota de ella: “Cuando tú oras, Dios te escucha. Cuando tú escuchas, Dios te habla y cuando tú crees, Dios trabaja” Esta es una gran verdad. Debemos mejorar en nuestra vida de oración. Como dicen por ahí: “La oración debería ser la llave del día y el cerrojo de la noche”. La oración es comunicarnos directamente con nuestro Señor. La oración dilata el corazón hasta el punto de hacerlo capaz de contener el don que Dios nos hace de sí mismo. 

La madre Teresa de Calcuta, al ser misionera en la India y lidiar con el dolor humano de primera mano, profirió las siguientes palabras: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor y el fruto del amor es el servicio”. 

La oración que trabaja es aquella elevada con un corazón sincero, a través de la persona de Jesús y en el poder del Espíritu Santo. Te aseguro que la oración sí funciona. De modo que ora sin cesar y con todo tu corazón, porque la oración no cambia a Dios, pero sí cambia a quien ora. La Biblia dice en Jonás 2:7, “Al sentir que se me iba la vida, me acordé del Señor, y mi oración llegó hasta ti, hasta tu santo templo” (NTV).

Paz Permanente

Me fascina la temporada navideña. Las ciudades se visten de luces, las decoraciones llenan las casas, las tiendas se visten de artículos navideños, los negocios ponen música navideña, las iglesias tienen programas especiales, las familias se reúnen a compartir regalos, hay numerosas fiestas navideñas, etc. Toda la atmósfera nos vuelve a recordar ese anuncio original de la primera noche navideña que decía: “Paz en la tierra”.

¿Tienes paz en tu vida? ¿Tienes paz en tu corazón? El mensaje navideño trae esperanza, gozo, alegría y sobre todo, mucha paz. Dios es un Dios de paz. Su paz sobrepasa nuestro entendimiento y tranquiliza nuestros pensamientos. Su paz inunda nuestro ser y transforma todo nuestro alrededor. Sin embargo, es difícil concebir ese tipo de paz en un mundo lleno de conflicto, lleno de guerras y de situaciones muy desalentadoras. 

Dios promete Su paz a través del príncipe de la paz. Ese príncipe de paz se llama Jesús. Así que cuando estés en luchas, pruebas y situaciones extremas, siempre medita en Jesús quien puede ser realmente tu paz. No dejes que lo que te rodea te robe la paz, deja que el Dios de paz te otorgue siempre de Su paz. La Biblia dice en Lucas 2:10, “10 pero el ángel los tranquilizó. «No tengan miedo —dijo—. Les traigo buenas noticias que darán gran alegría a toda la gente” (NTV).

Qué Toma Tu Mente

Se me quedó grabada una frase que leí un día que dice lo siguiente: “Cuando nuestra mente la toma la depresión, hallamos miles de razones para llorar. Cuando nuestra mente la toma Jesucristo, hallamos miles de razones para sonreír”. Entonces, ¿qué toma tu mente? Nuestra mente es poderosa porque Dios la ha diseñado así. Es nuestro refugio en la tormenta y nuestro principal campo de batalla. Aunque no todo está en la mente, todo depende de ella.

¿Cómo estás alimentando tu mente? Si todo el día piensas en cosas negativas, serás negativo. Si te alimentas de quejas, dudas, temores, ansiedades e incertidumbres, te convertirás en una persona insegura, insatisfecha, desilusionada y sin una misión clara en la vida. Si todo el día piensas en las promesas y bendiciones de Dios, serás positivo. Si desarrollamos nuestra mente como la de Cristo entonces disfrutaremos de la plenitud de poder pensar en lo que Él quiere que pensemos y actuar como Él quiere que actuemos. 

Aunque tengas muchas razones para llorar y para tomar una actitud depresiva, opta por tomar la mente de Cristo y encontrar miles de razones por las cuales sonreír. La Biblia dice en el Salmo 5:11, “Pero que se alegren todos los que en ti buscan refugio; ¡que canten siempre jubilosos! Extiéndeles tu protección, y que en ti se regocijen todos los que aman tu nombre”, (NVI).

Condiciones O Decisiones

Algunos le echan la culpa a las condiciones que rodean sus vidas en cuanto a las decisiones que han tomado. Pero no es así. Son tus decisiones y no tus condiciones lo que determinan el éxito en tu vida. Cada decisión que tomamos en la vida esta relacionada a una condición. Aunque las condiciones pueden llegar a influir mucho en la toma de decisiones, estas no deben ser una excusa para la toma de malas decisiones.

Por ejemplo, si creciste en un ambiente hostil y abusivo, no tienes que decidir necesariamente ser una persona abusiva. Si creciste con muchas carencias, no debes conformarte con ser carente por el resto de tu vida. Si no tuviste una formación o educación formal, nunca es tarde para comenzar a estudiar. Si fuiste recíproco de la mentira, esto no te debe convertir en un mentiroso de por vida. 
Por lo tanto, deja que tus decisiones cambien tus condiciones y no que tus condiciones dicten tus decisiones.   La Biblia dice en el Salmo 19:8, “Las leyes del SEÑOR son justas, hacen feliz a la gente. Los mandamientos del SEÑOR son buenos, le muestran a la gente el camino correcto a seguir” (PDT)

Cambios Personales

Una vez escuché una frase que me puso a pensar que dice: “Una persona cambia por dos razones: Porque aprendió demasiado o porque sufrió lo suficiente”. Creo que este mensaje no está nada descabellado ya que usualmente cambiamos por conocimiento, por decisión propia o por las circunstancias que atravesamos en nuestro diario vivir. Aunque no nos gusten los cambios, la vida misma se encarga de hacernos cambiar voluntaria o involuntariamente. 

Los cambios personales son un ejemplo de esto. Puedes seguir siendo la misma persona de siempre, pero las experiencias, el conocimiento y las situaciones del diario vivir, nos enseñan ricas y gratas lecciones. Es más, Dios desea que poco a poco vayamos cambiando para bien en nuestro crecimiento espiritual. Él desea que pasemos de le inmadurez a la madurez. Él desea que seamos moldeados para ser cada vez mejor y para que hagamos Su voluntad. 

De modo que si batallas con aquello de los cambios, solo piensa que en las manos de Dios todos los cambios obran para bien. Él desea que seas la pieza perfecta que encaja en el diseño y en los grandiosos propósitos que ha trazado para ti. Entonces, ¿dejarás que Él te cambie para bien? La Biblia dice en 2 Corintios 3:18, “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (RV1960).

Árbol

Me encantó la siguiente frase que leí acerca de los árboles que dice: “Haz como los árboles: cambian sus hojas y conservan sus raíces. Así que, cambia tus ideas pero conserva tus principios”. ¿Cuáles son tus raíces? ¿Qué es lo que te distingue e identifica? ¿Cuáles son las hojas que deben cambiar en ti sin que cambien tus raíces? La naturaleza, en este caso los árboles, nos enseñan una hermosa lección acerca de los cambios necesarios sin que cambien nuestros principios. 

En nuestros días, hay personas que piensan que no pueden cambiar sin cambiar sus raíces. Sin embargo, la misma naturaleza nos muestra que algunos cambios son necesarios y saludables. Por ejemplo, las hojas de los árboles se caen en el otoño, pero vuelven a surgir en la primavera. ¿Por qué? Porque la raíz, el tronco y algunas de sus ramas aún permanecen. Como dice un proverbio chino: “Los árboles meditan en invierno, gracias a ellos florecen en la primavera, dan sombra y frutos en el verano y se despojan de lo superfluo en el otoño”. ¿Cómo estás pasando cada una de las estaciones de tu vida?

Quizá sea tiempo de meditar, de dar sombra, de producir mucho fruto o de despojarte de lo que realmente es innecesario y tóxico para tu vida. Recuerda que aunque cambien algunas o todas tus hojas, siempre podrás conservar tus raíces. La Biblia dice en el Salmo 1:3,“ Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará” (RV1960).

Malas Noticias

¿Cuál quieres primero, las buenas o las malas noticias? Muchos de nosotros escogemos que nos digan primero las malas noticias, porque queremos dejar lo mejor para lo último, o como dicen por ahí: “amortiguar el golpe”. La verdad es que las malas noticias pueden ser un buen preámbulo para las buenas, ya que estas nos han dado perspectiva. 

En nuestro caminar de la fe, las malas noticias muchas veces van relacionadas con guardar silencio de nuestros errores, es decir, de nuestros pecados. Lo mejor es recurrir a la confesión y experimentar el perdón de Dios y de otros alrededor nuestro. La confesión es la única manera de recibir perdón. Hay un pequeño proceso aquí. Primero, debes sentir la convicción de que has hecho algo mal y deseas arrepentirte. Segundo, debes confesar tus errores y admitirlos. Por último, debes tener la confianza de que una vez y lo has hecho, has sido perdonado delante de Dios, pero para los que has ofendido puede tardarse un poco más de tiempo. 

Recuerda: “convicción, confesión y confianza”. Este es un proceso simple, pero muy profundo. La Biblia dice en Salmo 32:3, “Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día” (NTV).

Entrega

“El que se entrega por completo, jamás regresa entero”. Esta es una gran verdad. La entrega en sí misma es la representación palpable del amor. La entrega muestra nuestra disponibilidad, nuestro compromiso, nuestra perseverancia, nuestra determinación e inspira toda nuestra confianza. La entrega muestra la justicia del amor y desemboca como resultado el cariño y la aceptación. En otras palabras, la entrega es esencial para la vida. De modo que, ¿cómo está tu entrega?

Si te cuesta entregar de tu tiempo, de tus talentos y de tus tesoros, quiere decir que eres un poco egoísta. La entrega es el antídoto del egoísmo y la medicina para el orgullo. La entrega es la representación máxima del servicio y la expresión real de cualquier palabra. La entrega muestra la devoción y responsabilidad, pero también forja el carácter y la confiabilidad. 

Dios mismo es un “ejemplo de entrega”. Él lo entregó todo sin ser egoísta. Él renunció a Su misma gloria por amor a nosotros. Entonces, ¿cómo puedes mejorar en tu entrega a Dios y a los demás? La Biblia dice en Gálatas 2:20, “20 Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí” (NTV).

Cuando La Fe Suele Perderse

Las expresiones “No pierdas la fe” o “La fe es lo último que se pierde” nos muestran que aún puede haber esperanza en un mundo que carece de esperanza. La fe nos ayuda a comprender que las circunstancias no dictaminan nuestra felicidad, ni nuestra paz interior. La fe es el antiséptico del alma y el multivitamínico que nutre todo nuestro ser.

Déjame decirte que hay algunas realidades acerca de la fe. Primero, nuestra fe es probada y desafiada constantemente ya que está directamente conectada con nuestras creencias. Segundo, nuestra fe es cuestionada para ver si las creencias que decimos tener son firmes y sustentables. Tercero, nuestra fe es alimentada consciente o inconscientemente por las cosas, conceptos y preceptos que albergan nuestra mente. Cuarto, la fe nos mueve a la acción. En quinto lugar, la fe es la valentía de esperar que lo que creemos sucederá. Finalmente, la fe nos habilita para tener una buena relación con Dios porque sin ellas es imposible agradarle.

¿Has perdido tu fe o tu fe ha menguado? Recuerda que Dios desea que mantengas tu fe, te fortalezcas en ella y seas edificado en cada una de Sus promesas. La Biblia dice en Marcos 9:23b, “Para el que cree, todo es posible” (NVI)

Haciendo Lo Posible Y Esperando Lo Imposible

Me gusta el siguiente principio para mejorar en nuestra fe: “Nuestro trabajo es hacer las cosas que sean posibles y dejar que Dios haga las cosas que son imposibles”. Muchas veces no estamos haciendo lo posible. No nos esforzamos lo suficiente, no nos cuidamos debidamente, no descansamos, no invertimos en nuestras relaciones más cercanas, no trabajamos diligentemente, no sembramos correctamente, no planeamos concienzudamente. En fin, no hacemos lo posible. 

La fe es activa y proactiva. No podemos esperar milagros sin aprender a descansar y confiar en Dios. No podemos exigir sino damos el ejemplo. No podemos esperar que otros hagan con nosotros lo que quisiéramos si nosotros no lo hacemos con ellos. No podemos recoger algo que nunca hemos sembrado ni esperar el éxito como un arte del azar sin ningún tipo de sacrificio y entrega. En otras palabras, nosotros mismos nos trazamos las imposibilidades. 

Debemos recordar que al hacer lo posible, Dios hará lo imposible. Eso tenlo por seguro. La Biblia dice en Mateo 17:20, “Les aseguro que, si tuvieran fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrían decirle a esa montaña: Trasládate de aquí para allá, y se trasladará. Para ustedes nada sería imposible”, (NVI).