Las Cosas Pequeñas

El gran artista Miguel Ángel tardó mucho tiempo en dar los últimos toques a una de sus obras más famosas. Cierto amigo que lo visitaba casi todos los días le preguntaba siempre: ¿Qué has hecho hoy?

A lo cual el maestro contestaba: Hoy he perfeccionado ese detalle en la mano, he mejorado la sombra en aquella arruga, he arreglado la luz en aquella parte del vestido, en fin, he avanzado un poco. Pero esas son pequeñeces, dijo el visitante. Ciertamente, contestó Miguel Ángel; pero la perfección se hace de pequeñeces; y la perfección no es una pequeñez.

La vida del cristiano está hecha de pequeños detalles, de las pequeñas cosas del día a día. No hay cosa tan pequeña que no merezca nuestra atención. Puede parecer una pequeñez, pero no olvidemos que de esas pequeñeces está hecha la vida. Es decir, “las cosas pequeñas marcan la diferencia”. Dios le presta atención a los detalles más mínimos de nuestra vida y convierte nuestras pequeñeces en grandezas de acuerdo a Su voluntad.

La Biblia dice, “Es la más pequeña de todas las semillas, pero se convierte en la planta más grande del huerto; crece hasta llegar a ser un árbol y vienen los pájaros y hacen nidos en las ramas”, (Mateo 13:32, NTV).

Actuar Sin Pensar

Una vez leí una historia sobre una pareja que tenía varios años de casados sin poder tener hijos. Para suplir su soledad, compraron un cachorro pastor alemán y lo amaron como si fuera su propio hijo. El pastor alemán creció y llegó a ser un perro grande y hermoso. En muchas ocasiones salvó a la pareja de ser atacada por ladrones y los defendía de todo peligro. Luego de siete años de tener al perro, la pareja logró tener al hijo deseado de manera que su atención hacia el perro disminuyó. El perro lo sintió y ya no estaba tan feliz como antes.

Un día, la pareja decidió hacer una carne asada en la terraza y dejaron al niño durmiendo en su cuna. Al venir a mirar al niño, vieron al perro en el pasillo con la boca ensangrentada y moviendo su cola. El dueño actuó sin pensar y tomó un cuchillo y mató al perro. Luego corrió al cuarto del bebé y encontró a una gran serpiente degollada. Este padre lloró amargamente diciendo, “he matado a mi perro fiel”.

¿Cuántas veces actuamos sin pensar? Te aseguro que muchas veces. La mayor parte de ellas nos arrepentiremos. Así que cuidado. ¡No actúes sin pensar! La Biblia dice, “No es bueno actuar sin pensar; la prisa es madre del error” (Proverbios 19:2, TLA).

Guerra y Paz

Un comunicado de estudiosos en el tema de la paz ha arrojado una información asombrosa. Según ellos, desde hace 3,600 años antes de Cristo, hasta el día de hoy se han tenido aproximadamente 292 años de paz. Esto ha producido más de catorce mil guerras y se estima que alrededor de cuatro mil millones de personas han muerto.

El valor de las propiedades destruidas de todas estas guerras es exagerado. La suma de las pérdidas es casi innumerable. El valor en oro que se calcula es exorbitante.

Desde los tiempos antiguos el problema de las guerras y la paz ha sido un problema del corazón. El egoísmo humano movido por diferentes intereses ha ocasionado guerras sin fin. El ser humano está en la búsqueda de la paz verdadera que solamente se encuentra en Cristo Jesús. Él es paz y nos la ofrece personalmente a cada uno de nosotros. Así que la próxima vez que desees iniciar una guerra personal, pídele a Dios que te colme con Su paz.

Jesús nos dice, “Les tengo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo” (Juan 14:27, NTV).

Ya Cállate Que Me Desesperas

Todos los que crecimos en Latinoamérica hace algunos años recordamos las palabras del personaje de Quico en el Chavo del Ocho quien decía efusivamente: “ya cállate que me desesperas”. Recuerdo que se lo decía constantemente al Chavo. Muchas veces, aunque nosotros no lo digamos tan abiertamente, sentimos lo mismo. A veces lo pensamos de personas que están alrededor nuestro, pero no lo podemos decir con voz audible. Muchas veces, pensamos esto de nosotros mismos y de nuestros diálogos internos.

La desesperación es algo que nos puede agobiar a todos en cualquier instante. Nos desesperamos con nuestras palabras y acciones, pero también con las acciones y palabras de otras personas. Nos desesperamos con las circunstancias que están pasando y con las cosas que se salen de nuestras manos. Entonces, ¿qué hacemos con la desesperación? Primero, tomemos un tiempo para detenernos, recobrar la calma y reenfocar nuestra atención. Evaluemos cómo podríamos evitar en lo que esté a nuestro alcance los lugares, actos y personas que nos causan desesperación. Por último, entendamos que aunque hagamos todo lo correcto, siempre lidiaremos con el sentimiento de desesperación. La biblia dice en el Salmo 62:1, “Sólo en Dios halla descanso mi alma, de él viene mi salvación” (NVI).

El Poder De La Semilla

Cada palabra es una semilla. Cada conversación es una semilla. Cada pensamiento es una semilla. Cada acción es una semilla. Cada reacción es una semilla. Cada relación es una semilla. Cada acto de acto de adoración es una semilla. Cada palabra de alabanza es una semilla. Cada oración es una semilla. Cada acto de compasión es una semilla. Cada acto de justicia es una semilla. Tiempo es una semilla. Entonces, hoy es tiempo de sembrar.

Todos debemos ser sembradores cada día. Si sembramos amor, recogeremos gracia. Si sembramos verdad, recogeremos libertad. Si sembramos bondad, segaremos justicia. Si sembramos perdón, recogeremos misericordia. Si sembramos el evangelio, podremos cambiar el mundo. Entonces, ¿qué estás sembrando hoy? Probablemente no estas recogiendo lo que esperas porque no estás sembrando lo que debes sembrar. Esta es una ley inevitable, muy verídica y a su vez demasiado práctica. La biblia dice en Gálatas 6:7, “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” (NTV).

Cómo Encontrar La Paz

Todos los seres humanos estamos en búsqueda de la paz. Algunos buscan la paz interna y otros la externa con algunas cosas, relaciones o situaciones. Muchas veces pensamos: Si tuviéramos esas cosas, estuviera en este lugar, tuviera esa relación, gozara de dicha posición, etc., concebiría la paz. Sin embargo, la paz no se encuentra en arreglar las cosas o a las personas. La paz no se encuentra cuando finalmente todas las cosas parecen perfectas. Es más, aún si todo a nuestro alrededor fuese perfecto, aún seguiríamos sin paz, porque la verdadera paz proviene del corazón.

He concluido lo siguiente: La paz no es una cosa que podemos alcanzar, sino una persona en la que debemos confiar. Esa persona es Jesús. La paz no es un lugar donde debemos estar, sino un regalo que debemos recibir. La paz no es un dolor que debemos borrar, sino una promesa que debemos abrazar. Esa promesa es la Biblia. 
La paz no es un problema que debemos resolver, sino una presencia que debemos disfrutar. Esa presencia es Dios. Además, la paz no es una persona que debemos arreglar, sino una gracia que debemos adoptar. Esa gracia es el amor.

¿Deseas recibir ese tipo de paz? Dios desea dártela hoy. ¿La quieres recibir? La biblia dice en 2 Tesalonicenses 3:16, “Ahora, que el mismo Señor de paz les dé su paz en todo momento y en cada situación. El Señor sea con todos ustedes”. (NTV)

Da al 100

Un maestro y amigo mío decía: “si dar al 100 porciento no funciona, probemos el 110 por ciento”. Parece cómico, ¿verdad? No obstante, dar cada día el 100 por ciento significa que no escatimamos el esfuerzo, la pasión, el amor, los elogios, el perdón o la gratitud que puedas dar hoy. El dar el 100 por ciento requiere de la perseverancia, la constancia y la permanencia.

En otras palabras, cuando haces las cosas con amor y pensando en hacerle el bien al otro, tú nunca perderás. Nos quedaremos con la paz de haber hecho lo correcto y haber dado lo mejor sí. No importa lo lento que podamos ir, lo importante es no pararnos y proseguir hacia adelante. Debemos recordar que aunque demos el 100 tendremos obstáculos que enfrentar, dilemas que resolver y batallas que pelear. El dar el 100 no nos exime de las pruebas, pero sí nos garantiza una gran batalla y una expectante victoria.

Dios ha decidido dar el 110 por ciento al amarnos de la manera que lo ha hecho. ¿Deseas dar el 100 o el 110 por ciento? Te garantizo que Dios sabrá honrar cada uno de tus esfuerzos. La Biblia dice en Isaías 40:29, “Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles” (NTV)

Una Perspectiva Diferente

“Un lugar diferente a un paso diferente nos provee una perspectiva diferente”. Mucho en la vida es en base a nuestra perspectiva, a la manera como vemos las cosas o a los lentes que nos ponemos para verlas. Siempre he dicho que el tiempo nos ayuda a sanar las heridas, pero también nos hace ver las cosas de una manera diferente. Por ejemplo, hoy no vemos las cosas de igual manera que hace algunos meses, sobre todo por la crisis de salud por la cual el mundo entero ha estado pasando.

De la misma manera, debemos trabajar con nuestra perspectiva. Quizá el día de hoy necesites dar un paso diferente o necesites tomar una decisión crucial para tu vida. Probablemente debes apurarte en algunas decisiones y esperar en otras. Muchas veces solo necesitas detenerte, reflexionar, mirar a tu alrededor a las bendiciones que Dios te ha dado, recobrar el ánimo y retomar tu camino.

Dios desea darte una perspectiva diferente. Él puede cambiar el rumbo de tu vida hoy, restaurar tu pasado y guiarte hacia un futuro seguro en Él. La Biblia dice en el Salmo 146:8, “Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová levanta a los caídos; Jehová ama a los justos” (RV1960)

Una Persona Influyente

¿Has pensado en lo que significa una persona influyente? El mundo usualmente comunica la idea que una persona influyente es aquella que es exitosa, talentosa y reconocida por los demás. Sin embargo, la Palabra de Dios nos da ejemplos de personas comunes quienes Dios usó extraordinariamente. Por ejemplo, un padre. Uno de ellos es Zebedeo quien se menciona solo dos veces en los evangelios como padre de dos de los discípulos.

Todo lo que sabemos es que era un pescador de Galilea, el padre de Jacobo y Juan y el esposo de Salomé. Aunque no se menciona que haya seguido a Cristo, tal vez su influencia se vea en el hecho de que sus hijos y su esposa amaron al Mesías y le fueron fieles (Mateo 20:20). Él logró lo que todo padre cristiano aspiraba alcanzar, el criar a sus hijos para seguir a Cristo. La clave de este tipo de influencia es el ejemplo que demos a nuestros hijos y a los demás.

No importa tanto lo que decimos, nuestras acciones son las que realmente revelan quiénes somos en realidad y lo que en verdad creemos. Al estar comprometidos por completo con Cristo, nuestros hijos y todos al nuestro alrededor lo verán. La influencia proviene de Él. La Biblia dice en Mateo 4:19-20, “19 Jesús los llamó: «Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas!». 20 Y enseguida dejaron las redes y lo siguieron” (NTV)

Insuficiente

Recuerdo que en la escuela primaria en mi país una de las calificaciones que daban era insuficiente. Es decir, no apto para pasar dicha materia. La mayor parte de la clase trabajaba para no obtener dicha calificación y cuando se obtenía era demasiado frustrante. Como humanos, todos experimentamos sentimientos de insuficiencia de vez en cuando. Pero el problema real no es si somos capaces de realizar una tarea, sino cómo reaccionaremos ante los desafíos.

El pueblo de Israel se sintió insuficiente al pararse al frente de la tierra prometida. El tamaño y la fuerza del enemigo contrastaban con lo débiles e incapaces que se sentían. Su sentimiento los hizo vagar por el desierto por cuarenta años. Es más, una generación entera no pudo ver la tierra que Dios les había prometido. Qué tragedia, ¿verdad?

Al igual que ellos, nosotros tenemos muchos temores y tenemos miedo al fracaso. Sin embargo, el alejarnos de una tarea dada por Dios no nos llevará a la seguridad sino a la esclavitud. La fe, por otro lado, nos pondrá en el camino indicado.

Cuando Dios nos llame a una tarea más allá de nuestras capacidades, confiemos en lo que sabemos de Él y de Sus promesas. La Biblia dice en Joel 3:10b, “diga el débil: Fuerte soy” (RV1960)