Mansedumbre

“Manso pero no menso”, esa es la expresión que usamos cuando nos referimos a tener siempre una buena actitud hacia otras personas sin que estas tomen ventaja de nosotros. La mansedumbre es una cualidad de la cual se carece mucho hoy en día. En su más simple definición, la mansedumbre es la “docilidad y suavidad que se muestra en el carácter o se manifiesta en el trato” (RAE). Quilón de Esparta dijo: “El que prefiera ser amado que temido, ejerza el poder con mansedumbre”. Una persona mansa emana confianza y expresa fácilmente la amabilidad.

La mansedumbre se manifiesta mucho a través de nuestras palabras y desemboca en nuestras acciones porque cuesta más responder con gracia y mansedumbre que callar con desprecio. La mansedumbre no es debilidad, es poder y es un don de Dios. Una vez escuché la siguiente frase: “La humildad no es cobardía, la mansedumbre no es debilidad, la humildad y la mansedumbre son de hecho poderes espirituales”. Estoy sumamente de acuerdo con esto porque los antónimos de la mansedumbre son la ira y la arrogancia.

Así que hazte las siguientes preguntas: ¿Soy una persona mansa? ¿Respondo con mansedumbre hacia otras personas? ¿Cultivo la mansedumbre en mi vida diaria? La Biblia dice en Efesios 4:2, “2 con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor” (RV1960).

Todo Pasa Por Una Razón

“Todo pasa por una razón”. Esta es una frase de cliché que he escuchado de muchas personas y en diferentes etapas de mi vida. Sin embargo, aunque parezca muy simple y hasta incómoda en el momento que la escuchamos, encapsula una gran verdad. Al final de cuentas, nos damos cuenta que lo trágico cobró un color más cálido y el tiempo nos provee perspectiva y una visión diferente de las cosas.

Aunque hay cosas que suelen pasar sin razón alguna, después cobran sentido. Lo entendamos o no, la voluntad de Dios siempre será buena aunque no lo parezca. Se tornará en agradable aunque parezca muchas veces desagradable, y en perfecta aunque vivamos en un mundo de imperfección. Usualmente las situaciones más desafiantes en nuestra vida se convierten en las experiencias más preciadas que le dan razón a nuestra existencia.

Definitivamente que todo pasa por una razón. Hay una “ley de causa y efecto” que son inevitables y que rige nuestra vida. Así que cuando te encuentres angustiado, desesperado y desilusionado, recuerda que todo hará sentido aunque en ese preciso instante no parezca tenerlo. La verdad siempre sale a la luz y Dios siempre obra a favor de Sus Hijos. La Biblia dice en Romanos 8:28, “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”, (NIV).

Todo lo que necesitas

“Si Dios es todo lo que tienes, entonces tienes todo lo que necesitas”. ¿Lo tienes? Muchas personas lo tienen todo y a su vez, no tienen nada. Pasan su vida acumulando bienes, estudios, estatus, poder y fama. Sin embargo, siguen teniendo un vacío en sus corazones.

Tratan una y otra cosa para ser felices. Buscan el afirmar su identidad en relaciones, posesiones y situaciones. Tratan de poner una cara feliz cuando por dentro se están desmoronando. Lo tienen todo, pero se sienten como si no tuvieran nada. Corren incansablemente y se cansan desmedidamente. Fallan y se levantan, pero en algunas veces, no desean levantarse. Se desviven por sus ideales, pero estos son cambiados constantemente. Son como una veleta que es arrastrada por el viento llevando la embarcación de sus vidas por un océano profundo lleno de posibilidades que se convierten en imposibilidades.

Tienen todo lo que necesitan, pero viven con mucha necesidad. El alma de ellos gime por significado, por propósito y carece de pasión. ¿Por qué? Han buscado todo menos a Jesús. De modo que si Dios es todo lo que tienes, entonces, es todo lo que necesitas. ¡Te lo aseguro! La Biblia dice en 2 Corintios 9:8, “Y Dios proveerá con generosidad todo lo que necesiten. Entonces siempre tendrán todo lo necesario y habrá bastante de sobra para compartir con otros” (NTV).

Asumir los errores

“Tu vida no cambiará hasta que asumas tus errores del pasado y decidas cambiarlos”. La vida tiene buenos y malos momentos, pero a las personas nos cuesta aceptar que no siempre nos salgan las cosas como deseamos. Sin embargo, las experiencias negativas y los fracasos, son oportunidades para aprender y crecer como personas. Nadie consigue llegar al éxito sin haberse caído alguna vez por el camino.

No aprender de los errores es negativo para nuestro bienestar. Vivir del pasado es un grave error que debemos evitar y el peor error es tirar la toalla a mitad del camino. Equivocarse puede doler, pero crecer significa cometer errores y sobrepasar el dolor. Sin embargo, cuando nos caemos es necesario levantarse y seguir adelante. Como dicen por ahí: “Cada fracaso es una oportunidad para crecer”. Los errores a menudo suelen ser los buenos maestros del éxito.

Por otro lado, la experiencia es el nombre que todo el mundo le da a sus errores. Debemos orar que Dios convierta nuestros peores errores en peldaños hacia la victoria. En conclusión, intentar evitar errores es el error más grande de todos. La Biblia dice en Isaías 43: 18-19, “ Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta?
Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados” (NTV).

Amabilidad

Presta atención a la siguiente frase: “Hay tres cosas importantes en la vida: La primera, ser amable; la segunda, serlo siempre; y la tercera, nunca dejar de serlo”. La amabilidad en su más pura expresión es la cualidad de amar y dejarse amar lo cual es ser amable. Este adjetivo ser refiere a aquel o aquello que es afable, afectuoso o digno de ser amado.

La verdadera amabilidad nace de manera espontánea, natural y sin ningún tipo de interés o de intención de conseguir algo. Este mundo necesita de amabilidad. Por ejemplo, ser amable con quien no te agrada, no significa que eres hipócrita, significa que tienes la suficiente madurez para tolerar su personalidad. Como dicen por ahí: “La amabilidad es el lenguaje que el sordo puede escuchar y el ciego puede ver”. La amabilidad puede generar un buen ambiente en todo lugar.

El ser amable comunica más que mil palabras. Es una acción que transciende las barreras del lenguaje, de la cultura y de la tradición. Practica la amabilidad. Será de bendición para tu vida y para los demás. La Biblia dice en Filipenses 4:5, “5 Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca” (NVI).

Toda La Música Es De Dios

Una vez escuché la siguiente frase que dice: “La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón”. Esta es una gran verdad. ¿Cuántas veces nos encontramos bajos de ánimo y una melodía o canción nos llega directo al corazón? ¿Cuántas veces usamos la música para refugiarnos o excusarnos en medio de nuestro dolor? Lo que sí es real es que la música tiene un poder muy especial, porque la toda la música en sí fue producto de la creación de Dios.

Algunos suelen mencionar que la música no fue creada por Dios. Entonces, ¿cómo podemos explicar el ritmo de nuestro corazón, la sinfonía de la naturaleza, el ruido del viento, los cantos de los pájaros, el sonido que producen los animales, etc.? La música fue creada por Dios, pero el hombre en muchos casos ha tergiversado su propósito cambiando el sentido de las letras para producir sentimientos que van en contra del diseño original de Dios, porque con la música se pueden expresar todos esos sentimientos que no pueden expresarse con las palabras.

Así que, ama la música y disfruta de este regalo maravilloso de la creación de Dios. Aprecia los sonidos que llegan al alma y que ministran a todo nuestro ser. La Biblia dice en el Salmo 150:6, “¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor! ¡Alabado sea el Señor!” (NTV).

Enfermedad Que Te Acerca A Dios

Alguien me dijo: “No he estado tan cerca de Dios como ahora que estoy pasando por esta enfermedad”. Thomas Fuller dijo: “La salud no se valora hasta que llega la enfermedad”. El tener salud es una bendición que muchas veces tomamos a la ligera. Sin embargo, debemos actuar y decidir bien en cuanto al cuidado de nuestro cuerpo, porque lo que hagamos hoy tendrá efectos permanentes en nuestra salud. La enfermedad en sí es una muestra de que nuestro cuerpo se va desmejorando gradualmente. En cada segundo que pasa nuestro cuerpo instintivamente sufre cambios mínimos y otros progresivos.

Las enfermedades tienen una raíz y se llama pecado. La Palabra de Dios dice que por el pecado entró la muerte. Con esto no quiero decir que si te encuentras enfermo es porque es el resultado de un pecado en particular. Lo que quiero decir es que día tras día nuestro cuerpo se muere y lentamente nos acercamos más al momento donde estaremos siempre con nuestro Creador.

Pero, ¿qué hacer si estamos enfermos? Buscar la manera de examinar dicha enfermedad, bien sea física o emocional, para buscar el tratamiento adecuado. Seguir con los cuidados indicados para experimentar una mejoría. Esperar en Dios y confiar en Él si los médicos y profesionales no encuentran qué hacer. Por último, cuidar siempre nuestro cuerpo como una prioridad. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:19, “19 ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos” (NTV).

Cuando La Fe Suele Perderse

Las expresiones “No pierdas la fe” o “La fe es lo último que se pierde” nos muestran que aún puede haber esperanza en un mundo que carece de esperanza. La fe nos ayuda a comprender que las circunstancias no dictaminan nuestra felicidad, ni nuestra paz interior. La fe es el antiséptico del alma y el multivitamínico que nutre todo nuestro ser.

Déjame decirte que hay algunas realidades acerca de la fe. Primero, nuestra fe es probada y desafiada constantemente ya que está directamente conectada con nuestras creencias. Segundo, nuestra fe es cuestionada para ver si las creencias que decimos tener son firmes y sustentables. Tercero, nuestra fe es alimentada consciente o inconscientemente por las cosas, conceptos y preceptos que albergan nuestra mente. Cuarto, la fe nos mueve a la acción. En quinto lugar, la fe es la valentía de esperar que lo que creemos sucederá. Finalmente, la fe nos habilita para tener una buena relación con Dios porque sin ellas es imposible agradarle.

¿Has perdido tu fe o tu fe ha menguado? Recuerda que Dios desea que mantengas tu fe, te fortalezcas en ella y seas edificado en cada una de Sus promesas. La Biblia dice en Marcos 9:23b, “Para el que cree, todo es posible” (NVI)

Los Milagros Aún Suelen Pasar

“Todavía existen los milagros”. Hace poco una persona se me acercó y me dijo: “Quizá usted no se acuerde de mí porque estaba por morirme en la cama de un hospital. Escuché sus oraciones y las de mi familia cuando estaba a punto de morir. Solo le quería decir que soy un milagro andante”. Un milagro es un evento tan maravilloso y excepcional que es atribuido a la intervención divina. La palabra en sí proviene del latín “miraculum”, que significa, objeto de “admiración” y de la palabra “smeiros” que significa “sonrisa”. Esto es exactamente lo que sucede cuando un milagro se suscita. Tenemos que atribuirlo al poder de Dios y nos produce una sonrisa.

Piensa en los milagros que a diario ocurren en tu vida. Desde la sonrisa que podemos ver en nuestros seres queridos, como el aire que podemos respirar. El solo abrir los ojos, el caminar, hablar y pensar, son vívidos milagros, ya que muchos querrían poseer dichas cualidades. ¿Por qué menospreciamos las pequeñeces de la vida cuando pueden ser milagros?

Yo puedo testificar de milagros en la vida de mi familia, de personas por las que he podido orar y en mi propia vida. Puede ser que Dios no sane tu enfermedad de la manera que esperes o que obre como tú desees. Sin embargo, cuando Él le place, lo hace “sorprendiéndonos y admirándonos”. La Biblia dice en Marcos 10:27, “Jesús los miró fijamente y dijo: Humanamente hablando, es imposible, pero no para Dios. Con Dios, todo es posible” (NTV).

Dios no tiene prisa

Vivimos en un mundo que anda a prisa. Parece ser que las personas corren de un lado para otro de actividad en actividad, de suceso en suceso y de evento en evento. La ocupación se ha relacionado con el estatus, con la posición y con el poder. Sin embargo, como dicen por ahí: “De la prisa solo queda el cansancio”.

La prisa es buena cuando hay que actuar con un sentido de urgencia y responsabilidad. La prisa es buena cuando es una respuesta rápida a una responsabilidad apremiante, cuando tiene las mejores intenciones y puros motivos. No obstante, la prisa es contraproducente cuando nos agobia y nos frustra. Aún más, cuando nos hace cometer errores por no tomar el tiempo de pensar, evaluar y actuar concienzudamente. San Francisco de Sales dijo: “Lo que se hace con precipitación nunca se hace bien; hay que obrar siempre con tranquilidad y calma”. Muchas veces echamos a perder las cosas por tener prisa de concluirlas. Todo lo que es loable y digno toma su tiempo para llevarse a cabo. Entonces, ¿por qué queremos que todo salga bien de prisa?

Piensa en las cosas que Dios está haciendo en tu vida. Él no tiene prisa y Su tiempo es diferente al tuyo. Todo lo que Él comienza lo termina de la mejor manera posible. Deja que Él obre en ti y tómate el tiempo de orar, esperar y depender en Él. La Biblia dice en Proverbios 19:2,“El entusiasmo sin conocimiento no vale nada; la prisa produce errores” (NTV).