Salida de Emergencia

Fue en el invierno del año 2001 donde al llegar al aeropuerto de Atlanta, Georgia, nos hicieron salir rápidamente del avión y evacuar apresuradamente el aeropuerto. En aquel entonces con mi inglés limitado solo seguía el montón de gente que corría siguiendo las señales hacia salida de emergencia. Por muchos años había visto las salidas de emergencia en muchos lugares pero no había sido guiado por ellas para evacuar un lugar tan grande como lo era este aeropuerto. Seguí a la gente pero más que la algarabía y la fobia social que se podía percibir, pude seguir claramente las señales de las salidas de emergencia. Después de estar afuera por algunos breves minutos nos hicieron entrar. Muchos vuelos se retrasaron, perdí mi conexión hacia donde iba, pero gracias a Dios, no pasó nada grabe. Al parecer era una falsa alarma.

Esto me puso a pensar en las salidas de emergencia que debemos tener presentes en nuestra vida. Hay lugares, relaciones y situaciones de las cuales debemos salir rápidamente antes de que sea demasiado tarde. Muchas veces debemos habilitar estas salidas de emergencia y cuando sea necesario usarlas en el tiempo preciso, en el lugar indicado y con las personas correctas.

Así que cuando tengas que salir de emergencia, no dudes en hacerlo. Te puede salvar la vida y tan bien salvarás a otros. La Biblia dice, “Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir”, (1 Corintios 10:13, NTV).

Tranquilo

“Tranquilo” o “it’s okay” en inglés, son frases que decimos y recibimos a diario. Para algunos el estar tranquilos es no tener ningún problema ni circunstancia que les robe la tranquilidad. Para otros, el estar tranquilos se concibe solo al estar en unas gratas vacaciones al frente del océano o en un lugar sin distracciones. Sin embargo, la verdad es que experimentamos muchos momentos y episodios de intranquilidad en nuestra vida diaria. Por ejemplo, la intranquilidad por seguridad, por una enfermedad terminal, por una relación desafiante, por un trabajo muy desgastante, por los hijos, etc.

Según el diccionario, la intranquilidad es “la falta de tranquilidad” (Dic. RAE). Es una falta de sosiego y quietud en el ánimo. Se puede denotar fácilmente cuando una persona se encuentra intranquila. Muchas veces su rostro o expresiones corporales lo sacan a relucir.

Pero, ¿cómo recobrar la tranquilidad? Primero, encontrando la causa que roba la tranquilidad. Segundo, atacando de frente el asunto, persona o circunstancia que roba la paz. En tercer lugar, crecer emocionalmente ya que si es un problema recurrente no te logre robar la paz. Finalmente, entregar tus cargas a Dios ya que Él sabrá como hacer que tus ansiedades y temores se conviertan en paz y calma. La Biblia dice, “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden”, (Juan 14:27, NTV).

Fama

“La fama” es algo que muchos buscan y pocos tienen. He tenido la oportunidad de conocer algunos actores, escritores, deportistas y políticos famosos en el transcurso de los últimos años. La televisión y las redes sociales proyectan a las personas de una manera muy superficial e ideal. Sin embargo, al conocer algunas de estas personas famosas en la sociedad, te das cuenta que algunos que parecen ser humildes no lo son, y otros, que parecen ser engreídos son humildes. Algunos que se expresan bien en frente de los medios son tímidos y los que parecen ser tímidos muchas veces no lo son.

¿A qué se debe esta aparente paradoja? La fama sólo reconoce algunas cualidades de una persona y sus actos, pero no puede mostrar todo el ser. La fama crea opiniones y conceptos de la gente que muchas veces son erróneos. Son como la pintura o la fachada por fuera de una casa, pero no lo que se ve y vive adentro. La fama puede lograrse por características loables o por acciones penosas pero todas van conectadas con el proceder y con el ser.

Entonces, ¿cómo quieres que te conozcan las demás personas? ¿Cuáles son las cualidades que otros ven en ti? Qué nuestra fama sea hacer famoso a aquel que nos creó y mostrar a quien dio Su vida por nosotros, a Cristo Jesús. La Biblia dice, “por tanto, no desmayamos; antes aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día”, (Mateo 4:24, NIV).

Obediencia que cuenta

La “obediencia” está relacionada con el acto de respetar, acatar y cumplir la voluntad de la autoridad o de quien manda. Según esta definición este término se relaciona con una acción voluntaria. He allí el meollo del asunto. Muchas veces no queremos obedecer voluntariamente a las autoridades, a la ley o a estructuras que nos hacen ser obedientes involuntariamente. ¿Por qué? Porque nuestra voluntad muchas veces no desea someterse a nada ni a nadie.

Por ejemplo, una de las frases que más escucho en el día de las madres cuando reciben un regalo de sus hijos es: “pórtate bien y sé obediente, ese es el mejor regalo que me puedes dar”. Pero la obediencia tiene repercusiones muy hermosas y promesas que se cumplen inevitablemente aunque muchas veces sea involuntaria. Sin embargo, cuando se practica como un sacrificio al ego se convierte en la fortaleza más grande para alcanzar metas en todo ámbito de nuestra vida.

La obediencia que cuenta es la que prestas día a día sacrificialmente. No esperes el querer ser obediente todo el tiempo porque entonces te frustrarás. Sé obediente a Dios, a Su Palabra, a tus autoridades y aún a ti mismo. Notarás la diferencia. La Biblia dice, “Jesús contestó: Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos” (Juan 14:23, NTV).

Hacer lo que no se quiere

¿Cuántas veces tienes que hacer lo que no quieres? Repetidas veces en la vida tenemos que hacer algo que no queremos pero sabemos que tenemos que hacerlo. Esto puede ser a nivel físico, relacional o espiritual. Hay ciertas rutinas que debemos mantener, ciertas palabras que debemos de evitar, ciertos hábitos que debemos cultivar queramos o no. Esto va relacionado con la “diligencia”. Es más, la mayor parte de cosas que se conquistan en la vida no es porque sea fácil hacerlas o siempre se quieran hacer, es porque hay que hacerlas aunque no se quiera.

Por ejemplo, muchas veces no se quiere comer, estudiar, hacer ejercicio, establecer límites o cambiar algunas cosas pero tenemos que hacerlo. La diligencia y la constancia producen grandes dividendos en nuestra vida. Si hay algo grande que deseas conquistar, muchas veces no vas a querer hacer todo lo que tienes que hacer para lograrlo. Requiere de diligencia, esfuerzo y constancia.

De modo que, “hacer lo que no se quiere” desde la perspectiva de la constancia y la permanencia pueden ser la receta para conquistar lo que sí se quiere. Parece paradójico pero es una gran verdad. La Biblia dice que, “Él fortalece al cansado y acrecienta las fuerzas del débil”, (Isaías 40:29, NVI)

¿Estás bien?

¿Estas bien? Son de las preguntas que más hacemos a diario. Esta pregunta se hace retóricamente aún cuando sabemos y la persona no se siente bien. Es más, en algunos casos decimos, ¿estás bien, verdad? De esta manera, no dejamos ni responder a otros lo que la pregunta transmite. Lo más interesante es que casi todas las personas responden “sí” como si fuera verdad aunque por dentro se pueden estar derrumbando gravemente.

La realidad es que son de las preguntas que usamos como un dicho común ya que si de verdad respondiésemos como deberíamos, se necesitaría más que unos simples segundos para responder sinceramente. Nuestra cultura y práctica nos hace responder que “sí estamos bien” aunque no lo estemos. Sin embargo, Dios es el único que sabe si de verdad lo estamos o no. Él sabe si estás bien o mal y la raíz de tus problemas. Lo más impresionante es que como nuestro Padre Celestial nos pregunta, ¿estás bien?

La diferencia es que a Él no le tenemos que mentir, ni afirmar algo que no sentimos o que nos esté pasando. Le podemos compartir todos nuestros problemas, frustraciones y situaciones. Él sí sabrá hacernos sentir mejor. La Biblia dice: “Pues yo te sostengo de tu mano derecha; yo, el Señor tu Dios. Y te digo: “no tengas miedo, aquí estoy para ayudarte”, (Isaías 41:13, NTV).

Complacer

Vivimos en un mundo de complacientes. Es decir, cada ser humano necesita ser complacido y por ende complacer a alguien más. El complacer en su misma definición es “causar agrado o placer”. Unos por un lado tratan de complacer a otros de una u otra forma y no lo logran. Otros dicen que no les importa complacer a nadie. Todos los días se vive en una danza de complacencia y su título es “compláceme y te complaceré”. En otras palabras, “si me agradas, te agradaré”. Sin embargo, parece ser que el ser humano vive en un mundo de insatisfacción y poca complacencia.

Lo que antes nos causaba gozo, ya no lo hace. Lo que antes nos llenaba, ya no nos llena. Lo que antes nos causaba agrado, ya no lo hace. Lo que antes nos placía, ya no nos place. ¿Por qué? La Palabra de Dios dice que nuestro corazón es engañoso, y es allí donde se albergan nuestros sentimientos, emociones y voluntad. El proverbista dice que “en el agua se refleja el rostro, pero en el corazón se refleja la persona”(Proverbios 27:19, NVI)

Si te sientes insatisfecho, sin agrado y poco complacido, busca el complacer a Dios y te darás cuenta que Él te llenará y complacerá mucho más de lo que te puedes imaginar. La Biblia dice, “Ponme a prueba, Señor, e interrógame; examina mis intenciones y mi corazón”, (Salmos 26:2, NTV).

No Sueltes la Cuchara

“No sueltes la cuchara”, es un dicho que he escuchado refiriéndose a no dejar las cosas inconclusas o a no renunciar fácilmente de algún objetivo. El no soltar la cuchara significa el seguir comiendo, seguir avanzando hasta estar totalmente satisfecho. ¿Cuántas veces soltamos la cuchara en medio de una suculenta sopa de mariscos? Yo no la suelto mucho hasta acabar de comer el plato por completo.

De la misma manera, debemos estar comprometidos con finalizar los objetivos que nos proponemos por más pequeños e insignificantes que parezcan ser. La Biblia está llena de ejemplos donde muchos decidieron “no soltar la cuchara” hasta terminar el plato. Así que, elige el plato u objetivo que deseas alcanzar, ponlo encima de la mesa, prepárate antes de comenzar a degustarlo, agarra la cuchara y no la sueltes hasta terminar. Dios tiene grandes platos de ricos objetivos, planes y metas que desea alcanzar a través de ti. Sin embargo, debes agarrar la cuchara y no soltarla. Él te ayudará.

La Biblia dice, “28 ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. 29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (Isaías 40:28-29, NTV).

Tirar La Toalla

“Tirar la toalla” es una expresión que usamos cuando estamos a punto de desistir de algo o de darnos por vencidos. Hay días que queremos tirar la toalla en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, en nuestra salud y aún en nuestra vida espiritual. Aunque estemos en el lugar indicado, con la gente correcta, y en el momento oportuno, nos llegan esos sentimientos de querer desistir.

El síndrome de “tirar la toalla” no es nuevo. Muchos de los hombres y mujeres exitosos de la historia sintieron y quisieron darse por vencidos. Sin embargo, la diferencia entre los que siguieron adelante y no desistieron con los que sí, es que unos no tiraron la toalla y por eso sus nombres están escritos en la historia. Los demás son NN’s porque no marcaron la diferencia. En otras palabras, el “no tirar la toalla” es una característica fundamental de aquellos con mentalidad de luchadores y vencedores. Así que si te viene el sentimiento de querer tirar la toalla, no te apures, es normal. Simplemente, no la tires y sigue persistiendo en lo que Dios te ha llamado a hacer. La Biblia dice, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe”, (2 Timoteo 4:7-8, NTV).

Cinturón de seguridad

Las estadísticas comprueban que el ponerse el cinturón de seguridad salva vidas. Si éste se pone de la manera correcta, puede evitar las muertes fatales de los pasajeros que van al frente hasta en un 50%. Para aquellos que se sientan en las sillas traseras, el ponerse el cinturón puede llegar a prevenir una lesión fatal hasta en un 73%. Además, se estima que más de 50,000 muertes en Estados Unidos se otorgan a la falta de usar el cinturón de seguridad. También se afirma que aproximadamente $20 billones de dólares están envueltos en los costos de estos accidentes anualmente. ¿Por qué? Simplemente por no ponerse el cinturón de seguridad.

En nuestra vida, debemos ponernos diferentes cinturones de seguridad. Debemos establecer límites sanos que nos permitan no tener consecuencias desagradables. Uno de los cinturones que debemos ponernos a diario es el cinturón del “dominio propio”. Debemos ponernos este cinturón de seguridad para controlar nuestras emociones, palabras y acciones. Al igual que las muertes fatales, el no ponernos este cinturón puede llegar a causar tragedias fatales en nuestra vida. Así que, “ponte el cinturón del dominio propio”, te salvará de perder muchas cosas en la vida.
La Biblia dice, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7, RV 1960).