Cinturón de seguridad

Las estadísticas comprueban que el ponerse el cinturón de seguridad salva vidas. Si éste se pone de la manera correcta, puede evitar las muertes fatales de los pasajeros que van al frente hasta en un 50%. Para aquellos que se sientan en las sillas traseras, el ponerse el cinturón puede llegar a prevenir una lesión fatal hasta en un 73%. Además, se estima que más de 50,000 muertes en Estados Unidos se otorgan a la falta de usar el cinturón de seguridad. También se afirma que aproximadamente $20 billones de dólares están envueltos en los costos de estos accidentes anualmente. ¿Por qué? Simplemente por no ponerse el cinturón de seguridad.

En nuestra vida, debemos ponernos diferentes cinturones de seguridad. Debemos establecer límites sanos que nos permitan no tener consecuencias desagradables. Uno de los cinturones que debemos ponernos a diario es el cinturón del “dominio propio”. Debemos ponernos este cinturón de seguridad para controlar nuestras emociones, palabras y acciones. Al igual que las muertes fatales, el no ponernos este cinturón puede llegar a causar tragedias fatales en nuestra vida. Así que, “ponte el cinturón del dominio propio”, te salvará de perder muchas cosas en la vida.
La Biblia dice, “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7, RV 1960).

Tratar y Tratar

“Trato y trato” y no logro alcanzar lo que quiero. El tratar una y otra vez es parte de esencial para poder desarrollar la persistencia en el ser humano. Abraham Lincoln fue sin duda muy persistente. A los 21 años, falló en los negocios; a los 26 tuvo que superar la muerte de su novia; a los 27 tuvo un ataque fuerte de nervios, perdió la contienda por el congreso a los 34 años y las elecciones para el senado a los 45. A los 47 intentó convertirse en vicepresidente, a los 49 perdió nuevamente las elecciones para el senado, pero finalmente a los 52 años se convirtió en el presidente de los Estados Unidos.

¿Cuántas veces has tratado una y otra vez y has desistido por no haberlo alcanzado? Creo que más de una vez. Sin embargo, las cosas que valen la pena no resultan de la noche a la mañana. Hay que “perseverar”, porque como dice el dicho, “el que persevera, alcanza”. Así que no te canses de tratar una y otra vez. Aprende el principio de la persistencia, pídele a Dios dirección y sabiduría y lograrás lo que Él tiene preparado para ti.
La Biblia dice, “Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman (Santiago 1:12, LBLA).

Buscando y no encontrando

¿Cuántas veces buscamos y buscamos algo y no lo encontramos? Buscamos las llaves del carro o de la casa, los papales importantes que necesitamos, la licencia de manejo, etc. Se dice que una persona desorganizada puede invertir hasta el cinco por ciento de su vida entera buscando algo que él o ella misma ha dejado. Es decir, si esa persona vive 80 años, puede llegar a pasar hasta cuatro años buscando lo que se le ha perdido. ¿Parece un poco exagerado, verdad? Sin embargo, esto no se refiere solo a pérdidas simples como unas llaves. Involucra el buscar proyectos, relaciones, oportunidades, trabajos y muchas cosas más. Cuando todas estas cosas que buscamos no se logran encontrar, entonces pueden ser muchos más años de nuestra vida.

La pregunta que surge es, ¿qué es lo que buscas y buscas y no has podido encontrar? Hay personas que buscan posesiones, posiciones y relaciones. Lo interesante es que una vez y las encuentran, quieren aún más. Perece ser que aunque se encuentre, se sigue en una búsqueda constante. ¿Por qué? Porque siempre queremos más. Es allí donde tenemos que buscar a Dios. Él es el único que nos puede saciar lo que parece ser insaciable. Si eres, desordenado, “pon las cosas en un mismo lugar y te aseguro que allí estarán cuando las busques”. La Biblia dice, “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca”, (Isaías 55: 6, NTV).

Retroceso

“Retroceder nunca, rendirse jamás” fue una película que salió cuando yo era niño la cuál quedó grabada en mi mente por el mensaje de su título. Aunque es una película de acción y karate, no recuerdo mucho de su contenido. Lo que si recuerdo es que su protagonista, después de todas las palizas que recibía, se levantaba aún a pelear. ¿No deberíamos tener nosotros la misma actitud después de recibir las palizas inesperadas que nos da la vida? Debemos cultivar ese espíritu de lucha perseverante que nos permita pararnos una y otra vez ante las circunstancias difíciles y percances que experimentamos diariamente.

Las palizas pueden ser palabras, abusos, decepciones, pérdidas, enfermedades, rupturas familiares, depresión y muchas cosas más a las que nos enfrentaremos alguna vez en el transcurso de nuestra vida. Sin embargo, lo peor que podemos hacer cuando estamos caídos, es quedarnos en el piso. Lastimosamente hay personas que les gusta quedarse abajo y no pueden levantarse para seguir peleando. Déjame decirte que Jesús experimentó palizas literales que lo tumbaron pero se levantó una y otra vez en camino hacia la cruz. Él tenía Su propósito y lo cumplió. Así que, en la vida cristiana, también podemos adoptar esa frase, “retroceder nunca, rendirse jamás” porque Cristo está de nuestro lado. La Biblia dice, “El nombre del Señor es una fortaleza firme; los justos corren a él y quedan a salvo”, (Proverbios 18:10, NTV).

Tracción

La tracción es conocida en la ingeniería como “el esfuerzo interno al que está sometido un cuerpo por la aplicación de dos fuerzas qué actúan en sentido opuesto y tienden a estirarlo”. Una tracción bien enfocada produce un movimiento, cambio o estiramiento.

Todos en nuestra vida estamos sometidos a diferentes fuerzas de tracción que pueden ser nuestro propio ego, otras personas, las circunstancias y demás factores que nos causan un movimiento. Pero, lastimosamente algunas de estas tracciones que pueden servir para movernos hacia delante, trabajan como una retracción, moviéndonos hacia atrás. ¿Por qué dejamos que lo que intenta movernos hacia delante, nos mueva hacia atrás? Es decir, nuestros pensamientos, acciones, y sentimientos que nos llevan por la misma carretera pero de reversa. ¿Te has dado cuenta que el manejar de reversa por tiempo extendido es muy difícil? Así manejamos muchas veces nuestra vida.

Deja que tus tracciones sirvan para impulsarte y no para retrasarte en el camino que tienes por delante. La Biblia dice, “6 Por lo tanto, de la manera que recibieron a Cristo Jesús como Señor, ahora deben seguir sus pasos. 7 Arráiguense profundamente en él y edifiquen toda la vida sobre él. Entonces la fe de ustedes se fortalecerá en la verdad que se les enseñó, y rebosarán de gratitud”, (Colosenses 2:6-7, NTV).

Para Atrás Ni Para Tomar Impulso

“Para atrás, ni para tomar impulso”. Esta es la frase que usan muchas personas para decir que “no desean retroceder” después de haber tomado alguna decisión.
Aunque muchas veces lo mejor es no mirar atrás, en otras ocasiones sí lo es. Lo que si debemos tener en cuenta es que no hay ningún corredor que se acerque a la meta mirando hacia atrás y corriendo hacia delante. Lastimosamente, muchas personas viven de esa manera. Quieren avanzar pero el estar mirando hacia atrás les impide moverse hacia delante.

Creo que la diferencia está un una simple acción. Al iniciar la carrera, muchos corredores miran hacia atrás, ponen un pie hacia atrás y otro adelante para balancearse y tomar impulso al emprender la carrera. De la misma manera, al tomar nuestras decisiones, debemos cautelosamente hacer lo mismo. Sin embargo, una vez y ya estamos corriendo la carrera, es necesario concentrarnos en el paso a paso y fijar nuestros ojos en la meta. En la vida cristiana, nuestra meta es Cristo. Él puede limpiar nuestro pasado, sostener nuestro presente y ayudarnos a llegar hasta el final. De modo que si estas en la carrera de la vida cristiana, “para atrás ni para tomar impulso”, y si no has comenzado, toma impulso y lánzate a correr con Jesús. La Biblia dice, “…y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe” (Hebreos 12:1b-2a, NTV).

Amar a Morir

“Amar a morir” es la lección de la famosa película “The Notebook” conocida como “Diario de una Pasión” en América latina. En esta historia, el autor Nicolas Sparks muestra la trama de una pareja que lee en un diario la historia de su larga e interesante relación de amor para que ella pueda recordar que él la ama al encarar la avanzada enfermedad de Alzheimer en su vejez. La película se estrenó en el año 2004 y colmó las taquillas sobrepasando lo esperado. ¿Por qué? Simplemente porque muestra el tipo de amor que “ama a morir”. Un amor puro, real y hasta el final.

Aunque esta historia relata el amor romántico y real de una pareja, también muestra que el amor es “sacrificio y entrega”. Amar es una decisión que produce hermosos sentimientos. Amar es una acción y no solo una emoción. La Biblia nos habla de un amor muy grande y es el amor de Dios. Ese tipo de amor es inagotable, incondicional e inquebrantable. Esta historia de amor está escrita en un libro llamado la Biblia la cual es una carta de amor de Dios para rescatar a una humanidad perdida. El amor de Dios fue realmente un “amor a morir”. Él envió a Su Hijo Cristo a morir por cada uno de nosotros para que podamos experimentar Su amor. Así que, estás listo(a) para recibir Su amor. La Biblia dice, “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16, NTV).

Carrera

Me gusta mirar algunas de las carreras de 200 metros planos en los juegos olímpicos. Aunque este tipo de carrera es una prueba de velocidad del atletismo actual, lo que más me impresiona es saber la carrera que se ha corrido antes de la carrera en los juegos olímpicos. Al escuchar las historias de muchos de estos atletas, quedo impresionado de todo lo que han tenido que sobrepasar para llegar a los juegos olímpicos.

Al igual que ellos nosotros estamos en una carrera. Tenemos que sobrepasar obstáculos de enfermedades, entrenamientos dolorosos y esforzarnos grandemente para poder llegar a la meta. Los atletas que corren en los 200 metros planos, usualmente han corrido miles de metros antes de su participación. Se han caído, lastimado, desanimado, enfermado, frustrado y han querido tirar la toalla. Sin embargo, su pasión por participar en la carrera los hace levantar una y otra vez.

Y tú, ¿cómo te encuentras hoy? Quieras o no, te des cuenta o no, estás corriendo la carrera de tu vida. Dios puede ser tu entrenador, tu sustentador y quien te puede llevar a la meta. La Biblia dice, “Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante.” (Hebreos 12:1, NTV).

¿Por qué a mí?

¿Por qué a mí? Es la pregunta que solemos hacernos constantemente. ¿Por qué me pasó esto?, ¿Por qué perdí esto o aquello?, ¿por qué todo parece confabularse en contra mía? Esta fue la sensación del salmista y rey David muchas veces. ¿Te has sentido de esa manera? Aunque es natural que nos hagamos esta pregunta, debemos entender que preguntarnos acerca del por qué es natural para el ser humano. La pregunta o frase por qué a mí no debemos verla en una mala connotación. Al contrario, qué bueno que podemos hacernos esa pregunta. El cuestionarnos acerca del por qué nos ayuda a pensar en las causas, razones y propósitos de nuestras acciones. Nos conduce no solo al origen sino que nos transporta a su propósito.

Dios es experto en transformar aún lo que parece ser malo en cosas que nos servirán para crecer en nuestro diario vivir. De modo que detrás de la pregunta por qué siempre hay un para qué. En palabras simples, cada vez que pensamos en la palabra “por” debemos pensar en la palabra “para”. Dios siempre convierte los porqués en paraqués. Así que cuando te hagas la pregunta, por qué a mí, debes hacerte la pregunta, para qué a mí. Dios te la responderá. La Biblia dice, “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”, (Romanos 8:28a, RV 1960).

Un “sí” es muy significativo. El sí en una relación, el sí en un trabajo, el sí en un acuerdo, el sí en una tregua de guerra, el sí a un compromiso. En fin, el “sí” es muy importante. Sin embargo, lo que algunos olvidan es que automáticamente al recibir o pronunciar un “sí” también se recibe y comunica un “no”. Es decir, cuando decimos sí a algo, también decimos “no” a algo.

El problema que tenemos diariamente es que decimos sí a muchas cosas e ignoramos que al mismo tiempo tendremos que decir “no” a otras. Los psicólogos y psiquiatras de hoy en día dicen que el estrés es producido por la tendencia actual de comprometernos de más. “El sobre-comprometerse” es nocivo para la salud física, emocional y espiritual.

Así que de ahora en adelante, antes de decir “sí”, has lo siguiente: evalúa tus compromisos actuales y futuros, determina si el decir “sí” va de acuerdo con tus dones, talentos y recursos, examina a lo que dirás “no” para poder decir “sí” y sobre todo, pídele sabiduría a Dios.
La Biblia dice, “pero sea vuestro hablar: sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”, (Mateo 5:37, RV 1960).