El baile del gusanito (Auto conmiseración)

“Nadie me quiere, todos me odian, mejor me como un gusanito, le corto la cabeza, le saco lo de adentro, y umm, qué rico gusanito”. Hay personas que aunque no se sepan esta canción, “el baile del gusanito”, la cantan y la viven con su accionar. Viven una vida de auto-conmiseración. Estas personas tienen una visión muy empañada de la vida. Ven que todos alrededor tienen algo en contra de ellos, que ellos no le hacen mal a nadie y que ninguno valora su trabajo y esfuerzo.

Viven al pie de la letra la canción del gusanito. Se auto lamentan, se auto laceran, se auto evalúan y se auto aniquilan aunque siguen vivos. Viven en una realidad distorsionada de la cual les es difícil salir. La auto-conmiseración se convierte en un obstáculo para todo avance personal debido a la reclamación exagerada de atención y simpatía. Quien se auto conmisera tiene una visión limitada ya que padece de una miopía vertical donde solo ve su propia vida sin observar horizontalmente lo que pasa con otros quienes también sufren o tienen conflictos a su alrededor.

Así que en la medida que dejes de lamentarte y centrarte solo en ti mismo, podrás darte cuenta que te relacionarás con los demás de manera más saludable y saldrás de la auto conmiseración. Debes decir, “basta” y mirar a tu alrededor. La Biblia dice, “No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás”, (Filipenses 2:4, NTV).

Derrota

Qué difícil es vivir una derrota. Desde el equipo deportivo que se prepara tanto para un partido y termina perdiendo, como aquella persona que ha invertido en una relación y termina experimentando la derrota. Este sentimiento repercute en todo nuestro ser. Una persona derrotada es una persona agobiada, abatida y hasta camina con la frente abajo.

¿Cuántos no pasamos por derrotas diarias? Sin embargo, la derrota también tiene un antídoto que funciona como una antesala hacia la victoria. Después de cada derrota se avecina una gran victoria. Entonces, ¿qué debemos hacer con las derrotas? Creo que debemos encarar la derrota cuando ésta se presente, aprender las lecciones que ella nos enseñe y prepararnos para la victoria.

No dejes que las derrotas del pasado o del hoy dicten o definan tu futuro. Las derrotas son parte esencial de la universidad de la vida. ¿Cómo podrías celebrar sino has sido derrotado? Usa las derrotas como preparación y no como pérdidas. Te darás cuenta que no solo cambiarás tu perspectiva sino que experimentarás más victorias. La Biblia dice, “Claro que no, a pesar de todas estas cosas, nuestra victoria es absoluta por medio de Cristo, quien nos amó”, (Romanos 8:37, NTV).

Todos Quieren Ganar

Desde que estamos pequeños nos gusta ganar. Nos fascina ganar en los juegos, estar en el equipo ganador y experimentar el sentimiento de triunfo. Mi hijo me lo recuerda constantemente cuando una vez me dijo, “es que todos queremos ganar papá”. La verdad es esa. Todos, lo digamos o no, queremos ganar.

Dios nos diseñó con la capacidad de crear, diversificar para poder ganar. Queremos ganar en los deportes, en las relaciones personales, en los conflictos, en los negocios. Queremos ganar posición, fama y muchas veces reconocimiento y reputación. Es más, lo que más quiere ganar la gente es dinero. Pero, la realidad es que aunque siempre se quiera ganar, muchas veces se pierde. Debemos pedirle a Dios que nos ayude a ganar lo que Él desea que ganemos. El adquirir una cosa, relación o dinero, generalmente requiere de trabajo y esfuerzo diligente.

Nada que valga la pena ganar vendrá fácilmente. Así que si quieres ganar constantemente, déjame decirte que tienes que trabajar en tu vida personal, relacional, laboral, emocional y espiritual. La Biblia dice, “los malvados se enriquecen temporalmente, pero la recompensa de los justos permanecerá”, (Proverbios 11:18, NTV).

Memorias

En el vagón de los recuerdos tenemos lo que llamamos “memorias”. A través de las memorias podemos hacer un viaje al pasado y recordar las personas, eventos y situaciones más gratificantes de nuestra vida. Este viaje también nos puede remontar a los momentos más críticos, desafiantes y agobiantes de nuestro existir.

Las memorias tienen un potencial muy grande en el ser humano. Hay personas que viven en el vagón de los recuerdos donde albergan una cantidad de cosas innecesarias que no les dejan viajar con libertad en el presente ni proyectarse hacia el futuro. Son vagones llenos de palabras, abusos, lugares, situaciones y errores que pesan tanto actualmente llegando muchas veces a la conclusión que no podrán seguir así. Las memorias son tan poderosas que Dios mismo en una y otra vez le pidió a sus hijos en el Antiguo Testamento que recordara las maravillas que Él había hecho con ellos. Los grandes hombres de Dios también apelan a la memoria de Él y a Sus promesas para interceder a favor de Su pueblo a través de la historia.

Esto nos muestra lo importante que es aprender de nuestras memorias para crear memorias lindas y perdurables. Entrégale a Dios tus memorias. Él sabe qué hacer con cada una de ellas. La Biblia dice, “porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y tierra nueva; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” (Isaías 65:17, RV1960)

Remordimiento

¿Cómo lo lamento? ¿Por qué dije eso? ¿Por qué actué de esa manera? ¿Cómo pude evitarlo? ¿Por qué me pasó a mí? Son algunas de las muchas preguntas que se producen cuando nos lamentamos por algo que hemos hecho o dejado de hacer. Es decir, cuando tenemos remordimiento. El remordimiento es un sentimiento que experimentamos como seres humanos cuando creemos que no hemos actuado de manera correcta.

El remordimiento es conocido también como una sensación de culpa que persiste después de una acción propia que catalogamos como dañina o negativa. ¿Te ha pasado? Claro que sí. Todos nosotros nos hemos lamentado y sentido culpa por nuestras acciones. Pero, ¿qué podemos hacer? Primero, aceptar el error. Segundo, resarcir la situación si aún se puede. Tercero, pedir perdón y perdonarse a si mismo. Cuarto, pedirle a Dios que nos sane de los sentimientos de culpabilidad, y, finalmente, aprender de la situación para no volverlo a hacer.

Si has pedido perdón a Dios, ¿para qué sigues albergando remordimiento en tu vida? Por favor, “ya no te remuerdas más”. La Biblia dice, “Pues la clase de tristeza que Dios desea que suframos nos aleja del pecado y trae como resultado salvación. No hay que lamentarse por esa clase de tristeza; pero la tristeza del mundo, a la cual le falta arrepentimiento, resulta en muerte espiritual” (2 Corintios 7:10, NTV)

Llamando a tierra

Recuerdo en especial a un amigo de la infancia que cuando alguien no le estaba prestando atención, decía fuertemente la frase, “llamando a tierra, llamando a tierra”. En otras palabras, lo que quería decir es, “préstame atención, préstame atención”. Al parecer muchos de nosotros necesitamos que nos hablen de esta manera. Necesitamos que alguien se acerque y nos diga, “por favor, préstame atención”.

El ser humano tiene la tendencia natural a desenfocarse o errar el blanco fácilmente. ¿Cuántas veces te has propuesto algo y no lo has terminado? ¿Cuántas veces estás divagando en la amplia galaxia de tus pensamientos sin regresar a tierra? Es más, en nuestros días, con tantos avances, información y opciones, la gente parece estar más distraída. El déficit de atención en los niños ha llegado a ser uno de los diagnósticos más comunes en las enfermedades actuales. ¿Por qué? Parte de ello, es porque vivimos distraídos. Pasamos tiempo meditando en cosas que no sirven para nada e invertimos nuestro esfuerzo en cosas infructuosas por falta de enfoque. Muchas veces en nuestra vida física, emocional, y espiritual, le erramos al blanco, es decir, pecamos consciente o inconscientemente.

Pidámosle a Dios que siempre nos regrese a la tierra. Que nos permita vivir con sabiduría para que no tenga que llamarnos la atención de una manera dolorosa. La Biblia dice, “Así que debemos prestar mucha atención a las verdades que hemos oído, no sea que nos desviemos de ellas”, (Hebreos 2:1, NTV).

Gozar

“Gozar la vida”, ese es el lema de muchos que afirman que solo están en este mundo para “gozar la vida”. Pero, ¿cómo podemos gozar la vida de manera responsable y coherente? Algunos relacionan el gozar la vida con romper la reglas, desafiar los límites y ser irresponsables. Otros, por otro lado, parecen vivir vidas tan herméticas, cuadradas y planeadas que no le dan campo al gozo en su diario vivir.

El gozarnos es una acción donde se tiene o posee una cosa buena o gratificante en la vida. Es decir, “todos tenemos gozo” porque gozamos de salud, techo, trabajo, familia, etc. Sin embargo, pensamos que el gozarnos es solo una acción emotiva de felicidad cuando verdaderamente es una acción que nos ayuda a evaluar las cosas “gratificantes” que tenemos en la vida. El gozo es la antesala para muchas otras acciones como el perseverar, el animar, el resistir, el innovar, entre otros.

Así que, goza de las cosas buenas y aún de las cosas desafiantes que amenazan tu vida. El gozo puede ser tu mejor arma en contra del desánimo, la tristeza, la depresión y la decepción. Pídele a Dios que te aumente tu gozo aún en medio de tus circunstancias difíciles. Estoy seguro que Él te lo dará. La Biblia dice, “¡No se desalienten ni entristezcan, porque el gozo del Señor es su fuerza! ”, (Nehemías 8:10b, NTV)

Un Abrazo

Algunos investigadores afirman que el abrazar sinceramente tiene beneficios muy buenos. Un abrazo ayuda con la presión arterial, alivia el temor, cuida el corazón y mejora la salud mental. ¿Sabías esto? El abrazar en su sentido más puro es una muestra de cariño donde se realiza una leve presión sobre la persona a la que es ofrecido dicho gesto al ceñirlo con los brazos. Es más, la terapeuta Lía Barbery, autora del libro, “El lenguaje de los abrazos” afirma que al abrazar no solo segregamos oxitoxina (que es la hormona del apego) sino también se libera serotonina y dopamina, generando una agradable sensación de bienestar, armonía y plenitud.

Así que, ¿cómo estás tu en aquello de recibir y ofrecer abrazos bien intencionados? Si no lo haces constantemente, estas son unas de las muchas razones por las cuales deberías hacerlo. La Palabra de Dios nos muestra muchos casos donde hubo abrazos muy emotivos. Es más, Jesús en una ocasión tomó en sus brazos a los niños para mostrar su gesto de cariño y amor a los que estaban alrededor. De modo que, “abraza un poco más”, es bueno para la salud. La Biblia lo explica muy bien cuando dice que hay, “Un tiempo para abrazarse y un tiempo para apartarse” (Eclesiastés 3:5, NTV).

Un “Te Amo”

Un te amo y un te quiero, son palabras necesarias en la formación de todo ser humano para forjar una buena vida emocional. En inglés, se usa mucho, “I love you”, te amo. En español, tenemos los términos “te quiero y te amo”. Un te quiero es menos expresivo que un te amo. El te amo viene de lo más profundo de nuestro ser. Al parecer aunque tengamos los verbos “querer y amar”, no los usamos como deberíamos.

Debemos usar más estos verbos con las personas que queremos y amamos. Un “te amo” puede cambiar percepciones, humores y sobre todo corazones. Mi hijo sabe cómo hacerlo ya que constantemente nos expresa cuanto nos ama. ¿Te imaginas el amor de tu Padre celestial? En la ocasión donde Jesús fue bautizado por Juan en el desierto, las palabras del Padre fueron, “este es mi hijo a quien amo y del cual estoy supremamente orgulloso”. Me pregunto, si Jesús escuchó esas palabras de su Padre, cuanto más las necesitamos nosotros diariamente.

Así que, “un te amo” puede ser lo que más necesites tu u otros alrededor tuyo. La Biblia dice, “Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno. Con amor inagotable te acerqué a mí”, (Jeremías 31:3, NTV).

Los Años No Pasan En Vano

Solo basta mirar algunas de nuestras fotos de años atrás para llegar a la conclusión de que “los años no pasan en vano”. Algunos se miran y jocosamente se burlan de sí mismos diciendo cosas como: este era yo cuando tenía cabello, este soy yo con unos kilos menos o esta soy yo sin arrugas y con un cuerpo escultural. Sin embargo, queramos o no, como dice el dicho: el tiempo nos pasa la factura de cobro. En otras palabras, lo que no cuidamos o invertimos en nuestra vida hoy en día, nos será cobrado con intereses a nivel personal, familiar, profesional y espiritual. Entonces, ¿qué debemos hacer?

Primero, valorar al máximo cada día que Dios nos da. Segundo, administrar nuestro tiempo, talento y tesoro porque éstos son los que nos ayudarán para que nuestros años no pasen en vano. Por último, debemos entregar cada día a Dios. Él se encargará de que cada día cobre significado en Sus planes para nosotros.

Abraza tus canas, arrugas, libras de más y muchas cosas que vienen con los años. Son una muestra de la gracia, amor y misericordia de Dios para ti. Puedes decir, “hasta aquí me ha ayudado Dios”. Pero mira con fe hacia delante y confía en Dios en los días por venir. La Biblia dice, “Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará” (Salmo 37:5, NTV).