Longevidad

Después de la muerte de la japonesa Chiyo Mikayo, el 22 de Julio del presente año, la persona viva más anciana del mundo es la japonesa Kane Tanaka, con 115 años y 217 días. Al preguntarle a las personas que llegan a vivir más de 90 años de edad la clave de su longevidad, ellos responden cosas como: comer bien, dormir bien y no preocuparse tanto.

Parece ser un consejo muy simple pero a la vez difícil en su práctica porque nos preocupamos por muchas razones, nos malpasamos en no descansar bien y en nutrirnos de una manera desbalanceada. De hecho, al leer los nombres de las 35 personas más longevas del mundo, no encontramos ningún nombre latino ni nadie que resida en Iberoamérica. ¿Por qué? Porque los latinos somos por naturaleza más emotivos, apasionados, nos preocupamos de más, y vivimos muchas veces vidas con excesos bien sea por tener o no tener.

Medita un poco en cómo vives tu vida. La receta simple de comer bien, dormir bien y no preocuparse tanto no debe ser nada descabellada. Al final de cuentas, Dios es el único que conoce el número de nuestros días pero nosotros debemos cuidarnos cada día. La Biblia dice, “Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría”. (Salmos 90:12, NTV).

Pagar Las Deudas

“Es un deudor moroso”. Esa es una frase que muchos queremos evitar la cual es difícil de implementar. Las estadísticas arrojan que el común denominador de una persona que vive en los Estados Unidos gasta más del 60 % de su salario en cosas que se deben como la hipoteca de la casa, el pago del carro y una que otra línea de crédito que se está pagando. El otro 25 a 27% se va en gastos varios y solo un 13% parece estar libre para otros compromisos o para ahorrar. Si esas son las estadísticas generales en Estados Unidos, las otras naciones no se quedan atrás.

Queramos o no, somos deudores en un sistema que parece exaltar más el consumismo para vivir mejor. La Palabra de Dios nos insta a ser diligentes con la mayordomía de nuestros recursos y nos advierte de no ser esclavos de las deudas. Así que si debes algo, no te sientas mal. Solo trata de pagar tus deudas poco a poco. El huir, cambiar de número telefónico o evadir tu realidad, solo prolongará el estar atado a las deudas. Dios honrará tus esfuerzos cuando lo pones a Él en primer lugar y pides Su dirección. Él te ayudará en administrar tu vida mucho mejor. La Biblia dice, “7 Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”. (Romanos 13:7, RV1960).

Comer Bien

Algunos piensan que el comer bien o saludable es alimentarse con una buena dosis de vegetales, una porción de proteína y cuidarnos de los excesos en los carbohidratos y comida frita. Otros, evitan a toda costa el azúcar, la sal y las harinas. Algunos comentan que comen de todo para acostumbrar al cuerpo, y otros, deciden de la noche a la mañana dejar de comer carne porque dicen y es perjudicial para la salud.

En fin, actualmente hay muchos puntos de vista en cuanto a la alimentación. Es más, entre la literatura que más se vende, están los libros de nutrición, ejercicio y hábitos alimenticios. ¡Qué decir de los libros de la pérdida del peso y la comida que no engorda! Se venden como dicen en mi tierra: como pan caliente.

Sin embargo, hay tantas dietas nutricionales, estudios, estadísticas y experiencias en cuando a “comer bien” para cada filosofía que se desee adoptar en la dieta alimenticia. Porque lo que a unos les resulta, a otros puede que no. En nuestra vida espiritual, no es tan complicado. Una buena dieta alimenticia es nutrirnos de la Palabra de Dios, refrescarnos con las alabanzas a Dios, ejercitar nuestra vida de oración y ser constantes en la obediencia diaria a nuestro Señor. Te aseguro que te irá muy pero muy bien. Siempre podemos comer bien espiritualmente de esta manera. La Biblia dice, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”, (Filipenses 4:8, RV1960).

Sin Consecuencias

“Lo voy a hacer ahora y me encargo de las consecuencias luego”. Esa es la frase que usan muchas personas que no miden las consecuencias antes de tomar una decisión. Aunque muchos no lo dicen, actúan y viven de esa manera. Es como construir una casa sin calcular los costos o hacer una inversión sin saber lo que pueden llegar a ser los resultados. La Palabra de Dios lo llama como necedad.

El mundo está lleno de personas que han perdido su vida, su libertad, sus familiar o posesiones por no sopesar lo que les pueda llegar a pasar. El no pensar en las consecuencias es comparado a un carro que va sin frenos o a una persona que va rumbo al abismo sin ver que hay despeñadero al frente. La caída es fuerte, inminente y fatal. De la misma manera, el no pensar en las consecuencias es la receta fija para el fiasco físico, emocional y espiritual.

Si deseas ser una persona sabia, déjame darte un consejo: “piensa en las consecuencias de tus decisiones aunque éstas sean mínimas”. Te garantizo que serás una persona más sabia y te evitarás muchos dolores de cabeza. Aprendamos de lo que Dios le dijo a Salomón, “hijo mío, aprende a conocer íntimamente al Dios de tus antepasados. Adóralo y sírvelo de todo corazón y con una mente dispuesta. Pues el Señor ve cada corazón y conoce todo plan y pensamiento. Si lo buscas, lo encontrarás; pero si te apartas de él, te rechazará para siempre”, (1 Crónicas 28:9, NTV).

Drama

Recuerdo haber participado por primera vez en un drama navideño en la iglesia con el papel del ángel que le daba el anuncio a María acerca del nacimiento del Mesías. Disfruté de este papel porque mis líneas de participación eran pocas en toda la narrativa. Luego participé en otros donde me tocaba memorizar más porque la actuación lo requería. Sin embargo, aunque no volví a actuar en mi juventud en los dramas, siempre me ha gustado ver obras de teatro por la trama que se desenvuelve en cada escena del drama.

Pero, como dice un filósofo, ¿qué del drama de nuestra vida? Parece que la vida puede ser comparada también con una obra. Tiene personajes, papeles importantes, diferentes escenas, tiempos, tramas y desenlaces. La pregunta que surge es, ¿qué papel desempañas en el drama de tu vida? ¿Quién es el protagonista principal? ¿quién toma tus decisiones? Bueno, como en toda obra, los personajes son importantes y cobran sentido cuando hacen lo que su autor ha escrito que ellos sean. En este sentido, ¿sabías que Dios ya ha escrito el drama de tu vida? Él conoce tu inicio y tu fin, tus altos y bajos y conoce cada escena por la cual pasarás en tu vida. Entonces, conoce al autor de tu obra y tu drama tendrá un final feliz. La Biblia dice, “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué…”, (Jeremías 1:5a, RV1960).

No me pierdo, me desubico

“Yo no me pierdo, me desubico”, es la frase que uso muchas veces con mi familia cuando voy manejando y creen que estoy perdido. La verdad es que muchas veces si lo estoy pero no lo admito tan rápidamente. Deseo tratar de ubicarme antes de aceptar que si estoy perdido y recurrir a la ayuda del GPS. La retentiva para las direcciones, no está dentro de mis habilidades más fuertes, pero como quiera me ubico después del tiempo. Solo hago como dicen los Boy Scouts, “me detengo, busco un punto de referencia, retomo la dirección y sigo el camino”.

Muchas veces debemos hacer lo mismo en nuestra vida diaria. La Palabra de Dios dice que tenemos la tendencia de agarrar por un camino que no es el correcto. Tendemos a perdernos y a apartarnos de Dios. Tenemos una naturaleza pecaminosa que nos hace errarle al blanco. Una naturaleza que nos hace desviarnos fácilmente del camino de Dios. Es más, el camino hacia la perdición es amplio y la puerta es ancha para los muchos que escogen este camino (Mateo 7:13). Sin embargo, Dios desea que escojamos el camino angosto.

Para esto, debemos detenernos, buscar el punto de referencia que es Cristo y seguir Sus indicaciones. No importa que estés perdido o desubicado, lo que importa es que puedes retomar en este mismo momento la dirección correcta. La Biblia dice, “Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos” (Lucas 19:10, NTV).

Un Mundo Ideal

Se dice que el 30 por ciento de las personas que habitan en el mundo son idealistas. Viven esperando vivir en un mundo ideal sin poder enfrentar y encarar su realidad. Hay una gran diferencia entre ser idealistas y tener ideales. El uno trata con una realidad que añora tener y el otro trabaja para que ese ideal se haga realidad aunque parezca ser un proceso largo, doloroso y tedioso. Uno siempre piensa en lo que podría ser y el otro trabaja diligentemente en lo que quiere ver que pase en su vida.

Se necesitan personas que alberguen ideales transferibles y alcanzables. Se necesitan personas con visión y enfocados a la misión. Desafortunadamente las personas que viven en un mundo ideal no podrán vivir vidas productivas y trascendentes.

Los estudiosos en el comportamiento humano dicen que hay una solución para los idealistas y se llama “planeación”. Es decir, poner en pasos concretos los ideales con objetivos claros, progresivos y obtenibles. De esta manera el idealismo se convierte en una visión y propósito enfocado que dará fruto durante la vida. Así que si eres idealista, está bien, solo planea cómo puedes pasar de lo ideal a lo real para cumplir lo que Dios te ha llamado a hacer. Si confías en Dios, Él te ayudará en hacer de tus ideales metas concretas de acuerdo a Sus planes para tu vida. La Biblia dice que, “Pon todo lo que hagas en manos del Señor, y tus planes tendrán éxito”, (Proverbios 16:3, NTV)

Recuerdos

“Recordar es vivir” dice el común refrán. En el vagón de los recuerdos albergamos las memorias más preciadas como aquellas que aún pueden minar nuestra vida. Recordar es “armar las piezas de nuevo” para poder sentir, añorar y pensar en las experiencias que nos ha traído la vida.

Se ha comprobado que lastimosamente el ser humano tiene una tendencia a recordar lo negativo y olvidar lo bueno que le ha pasado. Nos acordamos más de las malas palabras, de las malas acciones, de las malas experiencias y de las malas relaciones. Pero, ¿por qué no recordar los mejores momentos donde hemos sobrepasado obstáculos grandes y obtenido gratas victorias? El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento en la Biblia tenía la misma tendencia. Ellos olvidaban las grandes cosas que Dios había hecho en sus vidas. Olvidaron que los libró de las manos de los egipcios, que los alimentó y cuidó en el desierto, que los dio victorias milagrosas, y aún cuando conquistaron la tierra prometida, seguían recordando lo malo como si fuera lo bueno. Eso es un reflejo de lo que nosotros hacemos.

¿Por qué no recordar lo que los hombres y mujeres de Dios invitaban al pueblo a recordar? Recordemos las cosas grandes de la vida, los momentos pequeños pero significativos y el valor de la victoria en el día a día.
Si recordar es vivir, entonces recordemos lo bueno y no lo malo. Dios no nos recuerda lo malo, Él recuerda lo que hizo Su Hijo por nosotros. Te aseguro que “si recuerdas las obras de Dios verás de nuevo Su mano en acción”. Eso esta garantizado. La Biblia dice: “Recuerden las maravillas y los milagros que ha realizado, y las resoluciones que ha dictado”, (1 Crónicas 16:12, NTV).

Disfrutar

Leí la siguiente frase en la pared del consultorio de la doctora de mi hija, “danza como si nadie estuviese mirando, ama como si nunca tu hubiesen herido, canta como si nadie te estuviera escuchando, y vive como si el cielo estuviera en la tierra”. Me puse a pensar que esta frase se resume en una simple palabra: “disfrutar”.

Hay personas que les cuesta mucho disfrutar la vida. Están pensando en el qué dirán y no hacen lo que han deseado hacer. Se están quejando de lo que no tienen y dejan de ver lo que sí tienen. Hablan de otros y no se miran a sí mismos. No disfrutan el hoy porque viven en el ayer o en el mañana. Todo esto nos muestra la insatisfacción del ser humano.

Vivimos en un mundo de insatisfechos. Un mundo de necesidad, dolor, frustración, amargura y persecución. Pero también vivimos en un mundo de recursos, de amor, de gozo, paz y tranquilidad. Y tú, ¿cómo decides vivir tu vida? Deseas disfrutar de cada segundo, minuto, día y año que tengas sobre la faz de la tierra o esperarás con un sin fin de excusas para disfrutar lo que Dios ya te ha dado. Un consejo: “disfruta la vida hoy, quizá mañana sea un poco tarde”. La Biblia dice, “El que busca la justicia y el amor inagotable encontrará vida, justicia y honor”, (Proverbios 21:21, NTV).

Vivir

“Qué bonita es está vida”, es el título de un famoso vallenato de mi tierra Colombiana exaltando lo bello que es vivir. Aunque no toda la letra de la canción ejemplifica lo que es la vida. La verdad es que la vida “si es muy bonita” porque es un regalo de Dios.
Aunque hayan pruebas, aflicciones, pérdidas, y situaciones desafiantes, la vida también está llena de alegrías, victorias, celebraciones y momentos memorables que la embellecen a diario.

La vida está llena de personas, lugares, oportunidades y emociones que la enriquecen. La vida también está llena de experiencias que nos enseñan, pruebas que nos retan, relaciones que nos hacen crecer, enfermedades que nos fortalecen, circunstancias que explotan nuestra creatividad y situaciones que queremos repetir y otras que queremos evadir a toda costa. Sin embargo, al hacer un análisis pragmático de nuestra vida, podemos decir, “qué bonita es está vida”.

Si está vida es bonita, ¿te imaginas la vida venidera de la cual habla la Palabra de Dios? Será una vida mucho mejor que esta simplemente porque no estaremos limitados a lo finito sino a los trascendente y eterno. A un mundo nuevo. Un cuerpo nuevo, relaciones nuevas, y hogar nuevo. Todo esto esta preparado para nosotros. Esa vida no será buena sino excelente. ¿Estás listo para vivirla? La Biblia dice, “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. (Apocalipsis 21:4, NTV).