Saltando Como Niños

A mi hijo le fascina ir a los lugares donde brinca en los trampolines sin parar de un lado a otro. Él es sumamente contento al saltar, saltar y saltar. En ocasiones lo acompañamos como familia, pero la verdad, nos cansamos mucho más rápido que él. Un día de estos me puse a observar a todos los niños que saltaban en ese lugar. Sus caras expresaban alegría, confianza al realizar ciertas maromas, gozo al reírse de sus caídas y me admiré de las destrezas de muchos de ellos. Sin embargo, todos tenían algo en común: “Saltaban con confianza y disfrutando cada salto como si fuese el último”. Así es la vida. Saltamos y saltamos, sin embargo, la diferencia es que muchas veces no la disfrutamos.

Debemos “saltar como los niños”. Debemos disfrutar de cada momento, aprender de cada desacierto, levantarnos de cada caída, reírnos de los obstáculos y confiar en cada salto. Debemos arriesgarnos en ciertos saltos y aunque caigamos mal, debemos levantarnos. Recordemos que hay una comunidad alrededor nuestro. Alguien que nos puede extender la mano y ayudarnos cuando hemos caído. Es más, debemos recordar que Dios está presente en cada salto, que a veces salta con nosotros y a veces nos previene de hacer ciertos saltos.

Entonces, salta y disfruta como un niño. Te aseguro que tu vida cobrará más felicidad y tendrá más significado. La Biblia dice en Proverbios 24:16a, “Los justos podrán tropezar siete veces, pero volverán a levantarse” (NTV).

Entrega

“El que se entrega por completo, jamás regresa entero”. Esta es una gran verdad. La entrega en sí misma es la representación palpable del amor. La entrega muestra nuestra disponibilidad, nuestro compromiso, nuestra perseverancia, nuestra determinación e inspira toda nuestra confianza. La entrega muestra la justicia del amor y desemboca como resultado el cariño y la aceptación. En otras palabras, la entrega es esencial para la vida. De modo que, ¿cómo está tu entrega?

Si te cuesta entregar de tu tiempo, de tus talentos y de tus tesoros, quiere decir que eres un poco egoísta. La entrega es el antídoto del egoísmo y la medicina para el orgullo. La entrega es la representación máxima del servicio y la expresión real de cualquier palabra. La entrega muestra la devoción y responsabilidad, pero también forja el carácter y la confiabilidad.

Dios mismo es un “ejemplo de entrega”. Él lo entregó todo sin ser egoísta. Él renunció a Su misma gloria por amor a nosotros. Entonces, ¿cómo puedes mejorar en tu entrega a Dios y a los demás? La Biblia dice en Gálatas 2:20, “20 Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí” (NTV).

Decepción

Un día leí una frase en el tema de la decepción que se me quedó grabada y dice: “No permitas que las decepciones de hoy pongan una sombra en tus sueños y propósitos del mañana”. Las decepciones son parte normal en esta vida porque nosotros decepcionamos a otros tanto como otros nos decepcionan a nosotros. Entonces, las decepciones no están diseñadas para destruirnos, sino para fortalecernos.

Una de las quejas más recurrentes de la gente de hoy en día son las muchas decepciones a las que se enfrentan día con día. Se podría decir que vivimos en un mundo de “decepcionados o desilusionados”. ¿Qué debemos hacer? Entender que nosotros somos los primeros que decepcionamos a otros y que nos decepcionamos a nosotros mismos. Trabajar para que las decepciones no nos hagan detenernos en la carrera que tenemos por delante. Enfocarnos en mejorar para no causar ninguna decepción a otros. También perdonar a aquellos que nos decepcionan y pedirle a Dios que nos ayude para no decepcionarnos fácilmente.

Dios nunca nos decepcionará, ¿lo crees? La Biblia dice en Deuteronomio 7:9, “Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos” (NTV).

Sin Pena

Es un sin pena”, fueron las palabras de una señora que se notaba frustrada al salir de una tienda. La expresión sin pena en el contexto latinoamericano puede encajar en varios contextos. Puede ser una persona imprudente y sin escrúpulos, como aquella que no le tiene temor a nada, a nadie o a emprender algo. Puede referirse a una persona inoportuna, a una persona sin fobias, con problemas de índole relacional o en su efecto, con muchos problemas interpersonales.

Sea cual sea el contexto, la expresión “sin pena” muestra un sentir de libertad de corazón que puede ser bien o mal practicado. La Palabra de Dios nos insta a ser personas sin pena delante de Dios. Es decir, que vengamos delante de Él a través de Su Hijo Jesús sin escrúpulos y con todo nuestro corazón. Dios desea que no escondamos nada, que no finjamos nada, ni que inventemos nada delante de Él. Al contrario, Él desea que seamos como somos en Su presencia.

Entonces, si hay una persona con la cual puedes ser completamente honesto es con Dios. Ven “sin pena” delante de Él. Te aseguro que tu pena se convertirá en gozo y tu intranquilidad en una gran paz que provendrá directamente de Él. La Biblia dice en Romanos 12:9, “9 No finjan amar a los demás; ámenlos de verdad. Aborrezcan lo malo. Aférrense a lo bueno” (NTV).

Sin Condiciones

¿Has escuchado la expresión “sin condiciones”? Creo que sí la hemos escuchado, pero no podemos concebir el hecho de vivir en un mundo “sin condiciones” porque vivimos condicionados constantemente. Hay diferentes factores que lo hacen. Por ejemplo, vivimos condicionados por nuestro tiempo, por nuestras relaciones, por nuestras decisiones, por nuestras situaciones, por nuestro pasado, por nuestra preparación, por nuestra salud, por nuestro contexto, etc.

Pensar en vivir en un lugar sin condiciones sería en otra vida o se convierte en un pensamiento ilusorio y utópico. Sin embargo, hay alguien que vive sin condiciones y se llama Dios. Él nos ama sin condiciones, nos sustenta sin condiciones, nos tiene paciencia sin condiciones y nos espera sin condiciones. Es más, fue tanto Su amor por nosotros que la única condición de pecado y separación que había con la raza humana, fue llevada en el sacrificio de Su Hijo Cristo en la cruz.
Su amor no tiene límites de tiempo, lugar o condición. Su amor es un amor “sin condiciones”. ¿Quieres ser amado y sustentado sin condiciones? El único que lo podrá hacer se llama Dios. ¿Qué esperas? Ven a Él. Su incondicionalidad te hará sumamente feliz.

La Biblia dice en Romanos 5:8, “8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (NVI).

Fuera De Lugar

Una de las jugadas que más marcan los árbitros en el fútbol es “fuera de lugar”. Esta jugada se caracteriza al sancionar a un jugador que se adelanta al área del equipo contrario, antes de que se le otorgue el pase de otro jugador del mismo equipo. Esta es una simple ilustración de nuestra vida. Muchas veces nos adelantamos y el “árbitro” de nuestra vida nos marca que estamos fuera de lugar.

Es bueno ser proactivos, esperar con expectativa y tener fe hacia el futuro. Sin embargo, en repetidas ocasiones nos adelantamos en el campo de juego lo cual suele ser contraproducente. Por ejemplo, una mala decisión, una acción o una palabra que resulta estar “fuera de lugar”. Entonces, debemos correr la vida con diligencia, calculando cada movimiento, involucrando a otras personas, aprendiendo de cada juego, pero esperando el tiempo indicado para recibir el pase, llegar al área del oponente y meter los goles correspondientes para lograr una victoria.

“Dios es tu árbitro”. Él te llamará a cuentas cuando estés fuera de lugar y con una amorosa advertencia te animará para que no te adelantes más. ¿Esperarás en Él? La Biblia dice en Deuteronomio 5:33, “33 Manténganse en el camino que el Señor su Dios les ordenó que siguieran. Entonces tendrán una vida larga y les irá bien en la tierra donde están a punto de entrar y que van a poseer” (NTV).

Incómodos

¿Te has sentido incómodo alguna vez? ¿Te has sentido como dicen comúnmente: como un mosco en leche? ¿Piensas que estas fuera de lugar? Bueno, ese sentimiento es común al estar en un lugar totalmente diferente, en una cultura disímil o con gente totalmente extraña a nosotros. Esto se conoce como “un sentido de incomodidad” que se refriere al estado de perder la comodidad por lo “no familiar o circunstancial”.

El Señor Jesús se sintió incómodo en muchas ocasiones. Cuando estuvo con los fariseos y religiosos se sintió incómodo. En ocasiones se sintió incómodo por el comportamiento de sus discípulos y hasta experimentó este sentimiento en su mismo hogar y ciudad. Jesús vivió el rechazo y la incomodidad en su sentido más profundo. Sin embargo, aunque se sintió incómodo, nunca perdió su enfoque de la tarea que tenía por realizar y de su misión de salvar a la humanidad perdida.

Recuerda que aunque te sientas incómodo(a), Dios puede usar tu incomodidad como una lección de vida. El sentirnos incómodos no debe alterar los planes que Dios tiene para nosotros. No dejes que la incomodidad te detenga, al contrario, enfócate en el llamado de Dios. Él te ayudará en medio de todas tus incomodidades. La Biblia dice en 2 Corintios 10:3, “Es verdad que vivimos en este mundo, pero no actuamos como todo el mundo” (TLA).

Totalmente Presente

A todos nos ha pasado alguna vez que estamos físicamente en un lugar, pero nuestros pensamientos están en otro lado. Es decir, estamos presentes físicamente, pero no emocionalmente. En otras palabras, no estamos totalmente presentes. Estar totalmente presente significa que estas conectado física, emocional y espiritualmente en el mismo momento. Significa que no estás dividido y que estás íntegramente en el mismo lugar.

Sin embargo, en nuestros días, la cultura y las tantas distracciones hacen de esta práctica algo completamente desafiante. El estar totalmente presente se ha vuelto difícil. La interconectividad con nuestros teléfonos y la era digital ha tornado nuestra sociedad en algo cada vez más impersonal. Entonces, ¿qué hacer para estar totalmente presentes? Primero, debemos decidir estar totalmente presentes donde quiera que estemos. Debemos valorar a las personas, sucesos y eventos de los cuales somos parte. Además, debemos desconectarnos de lo que nos robe la atención en ese momento. Pero, sobre todo, debemos intencionalmente hacer un esfuerzo por estar totalmente allí.

La Biblia dice en Éxodo 33:14 , “Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso” (RV1960).

Suficiente

¡Suficiente! Es la palabra que usamos cuando estamos satisfechos o totalmente insatisfechos. Es la palabra que usamos cuando estamos muy felices o cuando estamos muy frustrados. Es la palabra que usamos cuando estamos en plenitud o en escases. Es una palabra que se puede usar para definir momentos extremos. También es una palabra que se puede usar para poner alto a algo que nos este afectando de manera negativa en nuestra vida. Por ejemplo, podemos decir, suficiente con este hábito, suficiente con esta relación enfermiza, suficiente con esta frustración, suficiente con esta prueba, suficiente con este vicio, etc.

¿A qué debes decir “suficiente” hoy? Medita en las cosas que Dios te ha dado y sé agradecido con Él. Cuenta las áreas donde Él te ha provisto más que suficiente. Desarrolla un espíritu de agradecimiento y contentamiento por lo bueno que Él ha sido contigo. Por otro lado, enumera las cosas a las que debes renunciar en tu vida. Toma una decisión firme y dile “suficiente” a las cosas que te afectan y que dañan tu vida. Pon un alto y di: “suficiente”.

Sin embargo, en todas las cosas podemos clamar a Dios al respaldarnos en Sus promesas que siempre son reales y suficientes para nuestra vida. Podrías decirle: “Señor, gracias por ser suficiente para mí”. La Biblia dice en el Salmo 145:3, “¡Grande es el Señor, el más digno de alabanza! Nadie puede medir su grandeza” (NTV).

No Hay Nada Más

“No hay nada más”. Esta es una frase que escuchamos repetitivamente en diferentes contextos. Por ejemplo, no hay nada más que hacer con esta situación, no hay nada más que hacer con este trabajo o empresa, no hay nada más que hacer con esta relación, no hay nada más que hacer con esta enfermedad, etc. Hay algunos que llegan a proferir y decir que “no hay nada más que hacer con mi vida”.

¿Te has sentido de esta manera? ¿Crees que ya no hay nada más que hacer? Déjame decirte que Dios es experto en intervenir, revertir y transformar cuando ya no hay nada más. Entonces, cuando ya “no hay nada más” está Dios. Él está allí para suplir lo que parece no llegar, para transformar lo que parece ser inmutable, para obrar donde todos han desistido y para actuar en medio de lo que parece ser imposible. Cuando ya no hay nada más que hacer, siempre quedará Dios.

Recuerda que Él “no más” humano puede ser un “más” divino. Si te sientes así, ven a Dios de lo profundo de tu corazón. El “sí hay más de Dios” te podrá sorprender y transformar. La Biblia dice en Jeremías 32:17, “17 «¡Oh Señor Soberano! Hiciste los cielos y la tierra con tu mano fuerte y tu brazo poderoso. ¡Nada es demasiado difícil para ti!” (NTV).