Mi Fuerza

¡Ya no tengo fuerzas, ya no puedo seguir adelante, ni quiero vivir! Esta fue la expresión de una señora quien frustrada y agobiada vino al frente después de una predicación durante el tiempo del llamado ¿Qué hacemos cuando ya no tenemos fuerzas? ¿Qué hacer cuando pensamos que ya no hay nada más que hacer? Es allí precisamente donde Dios desea obrar.

Cuando no tenemos fuerzas reconocemos que no podemos solos y que necesitamos ayuda. Cuando se nos acaban las fuerzas reconocemos que somos débiles y que necesitamos renovar nuestras fuerzas poco a poco. Cuando se acaban las fuerzas es una oportunidad para depender de “Aquel” cuyas fuerzas nunca se agotan. Freud, padre de la psicología, dijo que “El secreto de la fuerza está en la fuerza de los deseos”. Aunque no estoy de acuerdo con toda esta declaración, sí lo estoy en parte. Si deseamos solo las fuerzas humanas y nos basamos en nuestros deseos, saldremos cortos de fuerzas. Sin embargo, si nos basamos en las fuerzas divinas, nuestros recursos nunca se acabarán ni desvanecerán.

Entonces, ¿en quién depositas tus fuerzas? La Biblia dice en el Salmo 28:7, “El Señor es mi fuerza y mi escudo; mi corazón en él confía; de él recibo ayuda. Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias” (NTV).

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