Escondite

¿Cuántas veces te has escondido? ¿Recuerdas el juego del escondite que jugabas cuando eras niño? Usualmente buscábamos un lugar donde poder refugiarnos y escondernos para no ser descubiertos. Entre más creativos fuésemos, podríamos ganar al no ser descubiertos rápidamente. Este es un juego clásico que lo he visto jugar en niños de diferentes continentes alrededor del mundo. La verdad es que es muy divertido.

Sin embargo, esto muestra también una condición de nuestro corazón. Disfrutamos el esconder nuestros sentimientos y nuestras emociones en lo más recóndito de nuestro ser. Escondemos lo que realmente nos afecta y nos molesta. Nos gusta escondernos bajo una sonrisa falsa, bajo una fachada ante los demás, pero nunca nos podremos esconder de Dios. Él conoce el todo de nosotros y nada ni nadie se puede esconder delante de Su presencia.

Medita si lo que escondes es por seguridad, comodidad o por pena. Ven delante de Dios y expone delante de Él todo lo que hay en tu ser. Él desea consolar, animar y bendecir tu vida de una manera impresionante. ¿Dejarás de esconderte de Él? Aunque creas hacerlo, no lo lograrás. La Biblia dice en el Salmo 139:8, “Si subo al cielo, allí estás tú; si desciendo a la tumba, allí estás tú”. (NTV)

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