Una Cita Inesperada

¿Cuántas veces hemos tenido alguna cita inesperada? Por ejemplo alguien quien no veíamos hace tiempo, una visita en la puerta de la casa de un ser querido, una sorpresa de un familiar quien vive lejos y llegó de repente, etc. Muchos hemos tenido estas citas inesperadas. Algunas veces estamos en el supermercado y nos encontramos con personas que no pensábamos encontrarnos o que si lo hubiésemos planeado no hubiera salido tan fácil. ¡La vida está llena de citas inesperadas! Algunas son gratas y otras hubiésemos querido evadirlas. 

Pero qué decir de las citas inesperadas que Dios orquesta a favor nuestro. Por ejemplo, aquella persona que nos ayuda cuando el carro falla, otros que nos levantan cuando nos caemos, aquellos que nos guían cuando nos perdemos, otros que nos advierten de peligros cercanos y los que son enviados como si fueran ángeles cuando estamos desesperados. Dios está atento a cada uno de nosotros. Su cuidado es excepcional y ningún detalle se escapa de Sus manos.

Antes de que pensemos y actuemos, Él ya está al pendiente de nosotros. Aunque parezcan citas inesperadas, son citas coordinadas por Él. Así que tus citas inesperadas cobran sentido cuando son orquestadas por Él. La Biblia dice, “Los ojos de Jehová están en todo lugar, vigilando tanto a los malos como a los buenos”, (Proverbios 15:3, NTV).

Obediencia Que Cuenta

La “obediencia” está relacionada con el acto de respetar, acatar y cumplir la voluntad de la autoridad o de quien manda. Según esta definición este término se relaciona con una acción voluntaria. He allí el meollo del asunto. Muchas veces no queremos obedecer voluntariamente a las autoridades, a la ley o a estructuras que nos hacen ser obedientes involuntariamente. ¿Por qué? Porque nuestra voluntad muchas veces no desea someterse a nada ni a nadie. 

Por ejemplo, una de las frases que más escucho en el día de las madres cuando reciben un regalo de sus hijos es: “pórtate bien y sé obediente, ese es el mejor regalo que me puedes dar”. Pero la obediencia tiene repercusiones muy hermosas y promesas que se cumplen inevitablemente aunque muchas veces sea involuntaria. Sin embargo, cuando se practica como un sacrificio al ego se convierte en la fortaleza más grande para alcanzar metas en todo ámbito de nuestra vida. 

La obediencia que cuenta es la que prestas día a día sacrificialmente. No esperes el querer ser obediente todo el tiempo porque entonces te frustrarás. Sé obediente a Dios, a Su Palabra, a tus autoridades y aún a ti mismo. Notarás la diferencia. La Biblia dice, “Jesús contestó: Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos” (Juan 14:23, NTV).

Sorpresa

¡Sorpresa! Es la palabra que escuchamos cuando algo nos sorprende, bien sea para bien o para mal. Hay sorpresas muy agradables como la visita de un ser querido que no veíamos desde hace mucho tiempo, un logro esperado, un trabajo anhelado, un negocio concretado, un premio recibido, etc. Por otro lado, hay sorpresas que nos cambian la vida. Por ejemplo, las pérdidas de seres queridos, el ser despedido de un trabajo o el ser diagnosticado con una enfermedad que no se esperaba. Qué decir de las rupturas relacionales o emocionales o de las noticias sorprendentes que muchas veces no podemos creer. Nos quedamos con la boca abierta y con el corazón en conflicto. 

Sin embargo, las sorpresas son parte esencial de nuestra vida. Es más, le dan sentido y color a nuestro diario vivir. Si nunca somos sorprendidos, nunca hubiésemos experimentado ciertas emociones y aprendido de ciertas respuestas. Es decir, que las sorpresas pueden llegar a ser un regalo de Dios para prepararnos mejor y crear en nosotros conceptos, emociones y situaciones que nos permitan crecer en la vida. 

Desde un regalo sorpresa para un niño, como una noticia sorpresa para el mismo pueden ser parte vital en la Universidad de la vida. Así que, déjate sorprender, recibe tus sorpresas, aprende de ellas y sorprende a otros. Recuerda que las sorpresas le dan color a la vida. Job dijo en la Biblia, “Señor, sé que tolo lo puedes y que nadie puede detenerte”, (Job 42:2, NTV)

Vivir Sin Pensar En Mañana

“Vivir sin pensar en el mañana”, esa es la filosofía que rige el accionar de muchas personas hoy en día. Viven como si no hubiera un mañana. Malgastan su tiempo, recursos y dinero como si no hubiera un futuro. No planean, no invierten en sus relaciones interpersonales, no se preparan vocacionalmente y rechazan todo lo que tenga que ver con una vida espiritual. 

La verdad es que es importante vivir totalmente en el hoy pero con la perspectiva de que todo lo que hagamos hoy repercutirá en el mañana. Aunque el futuro en muchas instancias es incierto, la Palabra de Dios nos habla de que el futuro es seguro cuando tenemos a Cristo Jesús.

Entonces, no podemos vivir como si no hubiera mañana. Para evitarlo debemos pedirle dirección a Dios, estar totalmente presentes en el hoy, aprender del ayer, planear para el mañana y confiar en que Dios nos puede guiar, proteger y prosperar en el futuro. En Sus manos estaremos seguros. La Biblia dice, “33 Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.34 »Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy.”, (Mateo 6:33-34, NTV).

Costoso

Nada que tenga valor en la vida viene sin algún costo. En otras palabras, sin costo no hay valor y sin valor, no hubiera un costo. El costo de una cosa es la cantidad necesaria de vida para adquirir algo, bien sea a corto o a largo plazo. Por ejemplo, alguien escribió lo siguiente acerca del costo del éxito. Dijeron que para ser exitoso se debe: “Trabajar hasta tarde, levantarse temprano, tener pocos amigos, sentirse no entendido, sentirse muy agotado, ser cuestionado, animarse aún cuando nadie lo haga y saber que vale la pena intentarlo”. En otras palabras, lo que cuesta llega a ser muy significativo. La pregunta que surge es, ¿valdrá la pena?

La respuesta puede ser muy extensa. Sin embargo, he aquí unas pautas: evalúa si el costo es necesario, nunca sacrifiques a tus relaciones más cercanas comenzando por tu familia, considera los riesgos, examina los tiempos y el contexto, estudia las inversiones y los posibles dividendos, pide el consejo de personas sabias antes de cualquier decisión, sobre todo, pídele a Dios sabiduría para hacer siempre Su voluntad. 

Dios Padre sabe lo que es pagar un precio muy alto. Le costó la vida de Su Hijo Cristo en la cruz por amor a todos nosotros. Él no puso ningún requerimiento, ni esperó nada a cambió. Sin embargo, lo dio todo por amor a nosotros. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:20,“ 20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo” (NTV).

Confusión

¿Cuántas veces te has sentido confundido? Desde el día donde nos confundimos con la ropa que nos íbamos a poner, la ruta que íbamos tomar, o el nombre de alguien que acabamos de saludar. Sin embargo, hay otros tipos más serios de confusión. Por ejemplo, la confusión en una relación duradera, las preguntas básicas de existencialismo, la confusión respecto a algunas creencias, la confusión de las emociones y sentimientos que parecen controlar muchas de nuestras acciones.

Toda confusión trae en sí una característica fundamental llamada: “la pérdida de la tranquilidad”. Dicha pérdida ocasiona ansiedad, fobias y nos hace hacer y decir cosas que no queremos. Parece convertirse en un juego mental, emocional y espiritual. Pero, Dios nos ofrece un una receta muy simple para la confusión llamada: “claridad de pensamiento”. Él nos invita a entregarle todos nuestros pensamientos en obediencia a Él y promete controlarlos. Simplemente debemos llevárselos voluntariamente a Él.

Así que la próxima vez que te sientas confundido, entrégale tus pensamientos a Él. Te aseguro que tu confusión se acabará. La Biblia dice, “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. (1 Corintios 14:33a , NTV).

Deseos Del Corazón

¿Qué desea tu corazón? ¿Cuáles son los anhelos y deseos más grandes por los que gime tu alma? Una sabia frase dice: Un corazón agradecido, ama lo que recibe. Un corazón sabio, ama lo que da. Nuestro corazón ama al dar y al recibir. Nuestro corazón ama al no esperar nada a cambio y al sacrificar mucho de nuestro ser. Nuestro corazón se llena de los momentos más pequeños como si fueran los más grandes y de los momentos más insignificantes como si fueran los más significativos. 

Pero, ¿qué albergas en tu corazón? Albergas gozo, paz, alegría, mansedumbre, confianza, fortaleza, sabiduría, o albergas temor, confusión, angustia, resentimiento, amargura, tristeza, etc. La Palabra de Dios dice que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34b). Entonces, ¿qué albergas ahí? Un excelente consejo es adorar, alabar y deleitarnos en lo que Dios nos ha dado y esperar con fe lo que Él nos dará. 

Ora a Dios y pídele que te ayude a cultivar un corazón con deseos que vayan de acuerdo a Su voluntad. Te aseguro que será de mucha bendición para tu vida.
La Biblia dice en el Salmo 37:4 , “Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón” (NTV).

El Gozo De Esperar

No conozco a muchas personas que les guste esperar. Nosotros decimos frases como: “Buenas cosas vienen para aquellos que esperan”, pero no disfrutamos el proceso de la espera. Entre más esperamos, tendemos a perder la esperanza de que algo realmente bueno pueda surgir después de una larga espera. 

Eso fue lo que le pasó a Zacarías en el evangelio de Lucas cuando se le dijo del nacimiento de su hijo Juan. Sin embargo, la espera fue larga, pero como Dios siempre cumple Sus promesas, en el tiempo indicado y preciso, su hijo Juan nació. El regalo prometido llegó. La espera anhelada se detuvo y Dios se mostró fiel una vez más.

El amor de Dios no está limitado a un evento histórico o una historia familiar como la de Zacarías. Es relevante para nosotros hoy en día. En la temporada de advenimiento y de espera, podemos esperar y confiar en el poder de Dios. Puede parecer como si Él no te hubiera escuchado o que nada parece estar pasando, pero Su presencia y Su amor son reales. Así que no te desesperes en la espera, Él siempre está ahí. La Biblia dice en Lucas 1:13, “13 pero el ángel le dijo:—¡No tengas miedo, Zacarías! Dios ha oído tu oración. Tu esposa, Elisabet, te dará un hijo, y lo llamarás Juan” (NTV).

Sin Consecuencias

“Lo voy a hacer ahora y me encargo de las consecuencias luego”. Esa es la frase que usan muchas personas que no miden las consecuencias antes de tomar una decisión. Aunque muchos no lo dicen, actúan y viven de esa manera. Es como construir una casa sin calcular los costos o hacer una inversión sin saber lo que pueden llegar a ser los resultados. La Palabra de Dios lo llama como necedad. 

El mundo está lleno de personas que han perdido su vida, su libertad, sus familiar o posesiones por no sopesar lo que les pueda llegar a pasar. El no pensar en las consecuencias es comparado a un carro que va sin frenos o a una persona que va rumbo al abismo sin ver que hay despeñadero al frente. La caída es fuerte, inminente y fatal. De la misma manera, el no pensar en las consecuencias es la receta fija para el fiasco físico, emocional y espiritual. 

Si deseas ser una persona sabia, déjame darte un consejo: “piensa en las consecuencias de tus decisiones aunque éstas sean mínimas”. Te garantizo que serás una persona más sabia y te evitarás muchos dolores de cabeza. Aprendamos de lo que Dios le dijo a Salomón, “hijo mío, aprende a conocer íntimamente al Dios de tus antepasados. Adóralo y sírvelo de todo corazón y con una mente dispuesta. Pues el Señor ve cada corazón y conoce todo plan y pensamiento. Si lo buscas, lo encontrarás; pero si te apartas de él, te rechazará para siempre”, (1 Crónicas 28:9, NTV).

Cuidado

¿Cuántas veces vemos el anuncio que dice: “cuidado”? Dicho anuncio funciona como una advertencia en muchas instancias en la vida. Por ejemplo, desde pequeños escuchamos frases como: “cuidado con lo que haces”, o “cuidado con las malas compañías porque estas corrompen”. Nuestros padres nos enseñan el tener cuidado con lo que decimos y hacemos. En otras ocasiones se nos ha dicho que debemos cuidar lo que tenemos y también a quienes tenemos alrededor nuestro.

Hay personas que no tienen cuidado de las cosas o de sus relaciones. ¿Por qué? Porque ni siquiera pueden cuidarse a sí mismas. Spencer Johnson dijo: “Cuanto más cuido de mí mismo, menos resentimiento e irritación tengo y más cariñoso me muestro hacia los demás”. Cuando no cuidamos de nosotros mismos, entonces exigimos a otros que hagan lo que solo nosotros podemos hacer.

De modo que ejercita el “cuidado” en todas las áreas de tu vida. Cuida tu relación con Dios y con los demás. Cuida tu tiempo, tus tesoros y tus talentos. Cuida las relaciones más preciadas, pero sobre todo, cuídate a ti mismo, porque si no lo haces, no podrás cuidar a nadie más. La Biblia dice en Efesios 5:15-16 “15 Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. 16 Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos”, (NTV).