Detrás Mío

Un joven pasó de largo por la puerta al entrar a una tienda llevando en su mano la pelota de softball que había comprado mientras sus amigos le esperaban en el parque para su juego. Estaba tan de prisa que no se dio cuenta de la señora que venía detrás de él. Ella traía a un bebé en una mano y muchas bolsas en la otra. El joven no detuvo la puerta al salir y le pegó directamente a la mujer haciéndole caer todas las bolsas que cargaba. Cosas como los biberones del bebé, diminutos juegos, pañales y diferentes artículos salieron volando hasta la calle. El bebé comenzó a llorar asustado y el joven volteó rápidamente diciéndole a la mujer: “perdón, no sabía que venía detrás mío. La señora le dijo: está bien, algunas veces yo tampoco presto atención”.

El joven ayudó a la mujer a recoger todas sus cosas. Al recogerlas, el joven pensó en la frase, “algunas veces yo tampoco presto atención”. Él se puso a pensar en las innumerables ocasiones que no prestaba atención en su vida diaria. Pensó en que pudiera haber dejado que la mujer pasara y nada de esto hubiese pasado. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida cotidiana? ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida espiritual al no prestar atención a Dios?

Debemos prestar más atención a nuestros alrededores para ayudar a otros. Pero también debemos estar alerta a la voz de Dios. Probablemente Él nos abre la puerta muchas veces y nosotros no queremos entrar. La Biblia dice en 1 de Tesalonicenses 5:6, “Así que manténganse en guardia, no dormidos como los demás. Estén alerta y lúcidos”, (NTV).

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