La Soledad

“Bendita o maldita soledad”. Algunos son crueles al hablar de la soledad. Se refieren a ella como la asesina de las relaciones, la promotora de la depresión, la impulsora de los sueños no cumplidos y la marca distintiva de los que les cuesta relacionarse con los demás. Otros han tildado la soledad como algo negativo y característico de aquellos que son diferentes y que deciden apartarse de los demás. 

Déjame darte otra connotación acerca de la soledad. ¿Qué haríamos sin ella? No podríamos meditar, planear, evaluar, mejorar y establecer muchas de nuestras metas. No podríamos escuchar la voz interna de nuestra alma. No podríamos abrazar la sabiduría de manera consciente y tomar las mejores decisiones. No podríamos calmarnos emocionalmente para poder estar bien e interactuar con otros. No podríamos pedir perdón a Dios, perdonarnos a nosotros mismos y muchos menos, perdonar a otros. 

En ese contexto, la soledad es también un regalo de Dios. Al igual que la vida cobra más sentido al vivir y ser parte de una comunidad, también cobra sentido en los momentos de máxima solitud. Abraza tus momentos de soledad y deja que Dios te hable en cada uno de ellos. Te aseguro que nunca más serás igual. La Biblia dice en el Salmo 25:16-18, “Vuélvete a mí y ten misericordia de mí, porque estoy solo y profundamente angustiado.
Mis problemas van de mal en peor, ¡oh, líbrame de todos ellos! Siente mi dolor, considera mis dificultades y perdona todos mis pecados”, (NTV).

No Hagas El Ridículo

¡Estas haciendo el ridículo! Fue la expresión que usó un hijo al gritarle a su mamá en medio de la cancha cuando ella estaba siendo efusiva colmada de emoción por el desempeño de él en el juego. Se me hizo un poco ordinario y falto de tacto de parte de este hijo referirse así de su querida mamá. Creo que el que hizo el ridículo fue él, porque la gente lo reprendió al mofarlo por su mala actitud. Pero, ¿cuántas veces hacemos el ridículo? ¿Cuántas veces se nos olvida que tenemos personas alrededor y actuamos tontamente? ¿Cuántas veces hacemos el ridículo nosotros solos?

Una vez escuché una frase que siempre se me ha quedado grabada que dice: ¨Nada revela tan claramente el carácter del ser humano como aquello que muestran cuando hacen el ridículo¨. Usualmente se muestra lo que está en el corazón, porque como dicen las Escrituras: ¨De la abundancia del corazón, habla la boca¨. (Mateo 12:34). Sin embargo, a veces hacemos el ridículo con nuestras expresiones corporales, nuestras expresiones faciales y aún más con nuestras decisiones. 

He aquí unos consejos para no hacer el ridículo: pensar antes de actuar y hablar, saber que siempre hay alguien alrededor de nosotros (que tenemos una audiencia), evaluar que nuestras palabras tienen poder, saber que nuestras acciones pueden afectar a otros, sobre todo, reconocer que Dios está presente en todo momento. La Biblia dice en el Salmo 84:11, “Pues el Señor Dios es nuestro sol y nuestro escudo; él nos da gracia y gloria. El Señor no negará ningún bien a quienes hacen lo que es correcto” (NTV).

Toda La Música Es De Dios

Una vez escuché la siguiente frase que dice: “La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón”. Esta es una gran verdad. ¿Cuántas veces nos encontramos bajos de ánimo y una melodía o canción nos llega directo al corazón? ¿Cuántas veces usamos la música para refugiarnos o excusarnos en medio de nuestro dolor? Lo que sí es real es que la música tiene un poder muy especial, porque la toda la música en sí fue producto de la creación de Dios. 

Algunos suelen mencionar que la música no fue creada por Dios. Entonces, ¿cómo podemos explicar el ritmo de nuestro corazón, la sinfonía de la naturaleza, el ruido del viento, los cantos de los pájaros, el sonido que producen los animales, etc.? La música fue creada por Dios, pero el hombre en muchos casos ha tergiversado su propósito cambiando el sentido de las letras para producir sentimientos que van en contra del diseño original de Dios, porque con la música se pueden expresar todos esos sentimientos que no pueden expresarse con las palabras. 

Así que, ama la música y disfruta de este regalo maravilloso de la creación de Dios. Aprecia los sonidos que llegan al alma y que ministran a todo nuestro ser. La Biblia dice en el Salmo 150:6, “¡Que todo lo que respira cante alabanzas al Señor! ¡Alabado sea el Señor!” (NTV).

Amabilidad

Presta atención a la siguiente frase: “Hay tres cosas importantes en la vida: La primera, ser amable; la segunda, serlo siempre; y la tercera, nunca dejar de serlo”. La amabilidad en su más pura expresión es la cualidad de amar y dejarse amar lo cual es ser amable. Este adjetivo ser refiere a aquel o aquello que es afable, afectuoso o digno de ser amado. 

La verdadera amabilidad nace de manera espontánea, natural y sin ningún tipo de interés o de intención de conseguir algo. Este mundo necesita de amabilidad. Por ejemplo, ser amable con quien no te agrada, no significa que eres hipócrita, significa que tienes la suficiente madurez para tolerar su personalidad. Como dicen por ahí: “La amabilidad es el lenguaje que el sordo puede escuchar y el ciego puede ver”. La amabilidad puede generar un buen ambiente en todo lugar. 

El ser amable comunica más que mil palabras. Es una acción que transciende las barreras del lenguaje, de la cultura y de la tradición. Practica la amabilidad. Será de bendición para tu vida y para los demás. La Biblia dice en Filipenses 4:5, “5 Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca” (NVI).

Enfermedad Que Te Acerca A Dios

Alguien me dijo: “No he estado tan cerca de Dios como ahora que estoy pasando por esta enfermedad”. Thomas Fuller dijo: “La salud no se valora hasta que llega la enfermedad”. El tener salud es una bendición que muchas veces tomamos a la ligera. Sin embargo, debemos actuar y decidir bien en cuanto al cuidado de nuestro cuerpo, porque lo que hagamos hoy tendrá efectos permanentes en nuestra salud. La enfermedad en sí es una muestra de que nuestro cuerpo se va desmejorando gradualmente. En cada segundo que pasa nuestro cuerpo instintivamente sufre cambios mínimos y otros progresivos. 

Las enfermedades tienen una raíz y se llama pecado. La Palabra de Dios dice que por el pecado entró la muerte. Con esto no quiero decir que si te encuentras enfermo es porque es el resultado de un pecado en particular. Lo que quiero decir es que día tras día nuestro cuerpo se muere y lentamente nos acercamos más al momento donde estaremos siempre con nuestro Creador. 

Pero, ¿qué hacer si estamos enfermos? Buscar la manera de examinar dicha enfermedad, bien sea física o emocional, para buscar el tratamiento adecuado. Seguir con los cuidados indicados para experimentar una mejoría. Esperar en Dios y confiar en Él si los médicos y profesionales no encuentran qué hacer. Por último, cuidar siempre nuestro cuerpo como una prioridad. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:19, “19 ¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos” (NTV).

Alianzas

¿Quién es tu aliado(a)? ¿En quién te apoyas? ¿En dónde está tu confianza? En nuestros días es muy común desarrollar alianzas. Una alianza es una manera de unir fuerzas, ideas, recursos y personas para llevar a cabo una visión o para cumplir un objetivo en común. Hay alianzas con acuerdos muy específicos y estipulados, como hay otras que se hacen todos los días sin darnos cuenta.

Las alianzas requieren de compartir tiempo, recursos y personal humano. También requieren de tener una apertura hacia el cambio, hacia el aprendizaje, hacia la flexibilidad y hacia la adaptación. En el caminar de la fe debemos aliarnos con otros que tengan ideales como los nuestros, que caminen hacia el mismo objetivo y que persigan incansablemente su crecimiento espiritual. Por otro lado, debemos cortar con las alianzas que nos desaniman, que nos apartan y que nos desvían de hacer la voluntad de Dios.

Dios desea ser tu aliado y proveerte de los recursos necesarios para que camines con Él. Además, Él ha establecido una comunidad alrededor tuyo para animarte, desafiarte y motivarte a proseguir en la fe. La Palabra de Dios algunas veces habla de las alianzas como pactos. Algo que no se rompe porque depende de Dios y no de ti. Entonces, ¿deseas aliarte con Él?


La Biblia dice en Deuteronomio 31:8 , “8 Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides” (NTV).

Debilidad

¿Te has sentido débil? ¿Has sentido que tus fuerzas decaen y que ya no puedes hacer lo que Dios te ha mandado a hacer? ¿Te ha agobiado la debilidad y piensas que ya no tendrás nuevas fuerzas? Si te has sentido o te sientes así, entonces, te tengo buenas noticias: ¡La raza humana es débil y frágil! Todos, sin excepción, experimentamos debilidad en alguna área de nuestra vida. A diario nuestro cuerpo se renueva porque algunas células mueren constantemente. La realidad es que de la debilidad muchas veces nace la fortaleza. 

Dios nos ha hecho fuertes, pero a su vez, débiles. Nacemos débiles y dependientes de otro ser humano que nos cuide y nos alimente. Nuestro cuerpo se enferma, se recupera, se cansa, pero también se fortalece. La vida es una constante que yace entre estos dos extremos, nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Las personas que no reconocen sus debilidades, se están perdiendo de desarrollar al máxime sus fortalezas. Por otro lado, aquellos que piensan que solo tienen fortalezas, serán sorprendidos cuando se den cuenta lo débiles que también son. 

Debemos pedirle a Dios que nos enseñe en nuestras debilidades y que nos fortalezca diariamente para hacernos fuertes. ¿Dejarás que Él tome tus debilidades y te haga fuerte? La Biblia dice en Joel 3:10b, “…diga el débil: Fuerte soy” (RV1960).

Batallar

“Yo no quiero batallar”. Esa es la expresión que comúnmente se usa para comunicar que no se desea lidiar con algo o alguien en particular. El “no batallar” sería el sueño de muchos. Sin embargo, las batallas son parte natural y esencial de la vida. Una vida sin pruebas y batallas no sería vida. Por lo menos en la esfera humana y finita. Entonces ¿cuál postura debemos adoptar en cuanto a las batallas?

Primero, no debemos evadir ni evitar las batallas. Estas nos enseñarán, nos fortalecerán y nos permitirán disfrutar del sentido de victoria que no se experimenta sin pasar por ellas. Segundo, debemos prepararnos en cuanto este de nuestra parte antes de que estas lleguen. Tercero, debemos afrontarlas con una postura de fe y como parte de una familia espiritual. Las batallas no se deben afrontar en asolamiento. Cuarto, debemos pedir consejo y dirección a Dios y a otros quienes hayan pasado victoriosos por ellas. Finalmente, debemos esperar la intervención poderosa de Dios. Él nos fortalece, nos da dirección, pelea por nosotros y nos da la victoria cuando es Su voluntad. 

Así que, deja que Él pelee tus batallas. La Biblia dice en Deuteronomio 3:22 , “No les tengas miedo, que el Señor tu Dios pelea por ti” (NVI).

Manejando Tus Deudas

Thomas Carlyle dijo: “Solo hay dos medios de pagar las deudas: por el trabajo y por el ahorro”. Dios espera que cualquiera que tome dinero prestado sea respetuoso con su prójimo y le pague con diligencia. Al retener lo que se debe legítimamente, somos culpables de robar al prestamista, lo que puede influir en nuestro testimonio para Cristo. Dado que el incumplimiento de un préstamo es grave y puede arruinar las relaciones, debemos salir de las deudas de manera responsable y no endeudarnos.

Tal vez te encuentres en esta situación. Pero, por desalentadora que parezca la tarea de reducir tus deudas, Dios quiere que seas libre de ellas y te mostrará el camino. Sin embargo, por lo general no es una solución rápida, sino un enfoque lento y constante que te preparará para que evites endeudarte en el futuro. Reconoce que no has sido un buen administrador de tu dinero, comprométete a hacer cambios que signifiquen un sacrificio y trabaja para llegar a tu meta. Pero sobre todo, confía en el Señor, pues Él será fiel.

¿Te parece que tu montaña de deudas es más grande que tu Padre celestial Todopoderoso? Quienes acuden a Dios con arrepentimiento y entrega, les dará los recursos necesarios, así como la perseverancia para pagar lo que adeudan. La Biblia dice en Romanos 13:8, “8 No deban nada a nadie, excepto el deber de amarse unos a otros. Si aman a su prójimo, cumplen con las exigencias de la ley de Dios” (NTV).

Cuando La Fe Suele Perderse

Las expresiones “No pierdas la fe” o “La fe es lo último que se pierde” nos muestran que aún puede haber esperanza en un mundo que carece de esperanza. La fe nos ayuda a comprender que las circunstancias no dictaminan nuestra felicidad, ni nuestra paz interior. La fe es el antiséptico del alma y el multivitamínico que nutre todo nuestro ser.

Déjame decirte que hay algunas realidades acerca de la fe. Primero, nuestra fe es probada y desafiada constantemente ya que está directamente conectada con nuestras creencias. Segundo, nuestra fe es cuestionada para ver si las creencias que decimos tener son firmes y sustentables. Tercero, nuestra fe es alimentada consciente o inconscientemente por las cosas, conceptos y preceptos que albergan nuestra mente. Cuarto, la fe nos mueve a la acción. En quinto lugar, la fe es la valentía de esperar que lo que creemos sucederá. Finalmente, la fe nos habilita para tener una buena relación con Dios porque sin ellas es imposible agradarle.

¿Has perdido tu fe o tu fe ha menguado? Recuerda que Dios desea que mantengas tu fe, te fortalezcas en ella y seas edificado en cada una de Sus promesas. La Biblia dice en Marcos 9:23b, “Para el que cree, todo es posible” (NVI)