Odio

Martin Luther King Jr. dijo: “No permitas que ningún ser humano te haga caer tan bajo como para odiarle”. El odio es con frecuencia un sentimiento que lleva al desosiego y a la desolación. Es un sentimiento que mina, daña y hurta la paz en muchos corazones. Es enemigo de la felicidad, primo de la tristeza y hermano de la amargura. El odio enceguece, arruina y destruye. 

El odio no disminuye con más odio. Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros. Es decir, nos afecta nuestro ser más que el ser de los demás. El odio maltrata el corazón, lacera las emociones más sinceras y es propulsor del rencor más profundo. Entonces, el albergar odio en nosotros no es nada inteligente. Como alguien dijo: “El odio sólo puede existir en ausencia de la inteligencia”. Yo añadiría que el albergar odio muestra nuestra falta de sabiduría. Sin embargo, todos podemos albergarlo sin darnos cuenta.  
Entonces, cuando llegue el resentimiento y un sentimiento de odio debemos hacer tres cosas: primero, no alimentarlo, segundo, no albergarlo y tercero, entregárselo a Dios. Él desea sanar nuestro corazón y cuidarlo para que vivamos en plenitud. La Biblia dice en Proverbios 10:12,El odio provoca peleas, pero el amor cubre todas las ofensas” (NTV)  

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