El brote pequeño

En 1816, una erupción volcánica en Indonesia arrojó tanta ceniza a la atmósfera que ese año se conoce como “el año sin verano”. Las cosechas fallaron en Europa y América del Norte. Sin embargo, en los campos más protegidos, algunos cultivos sobrevivieron bajo la ceniza. La vida encontró la manera.

La fe tiene esa misma resistencia. En temporadas donde todo parece oscuro, donde el contexto no favorece y los pronósticos son adversos, algo puede crecer de todas formas. No por optimismo humano, sino por la obra de Dios. El brote más pequeño es muchas veces la señal más poderosa de que Dios sigue obrando.

No arranques antes de que crezca lo que Dios está haciendo crecer.

La Biblia dice en Isaías 43:19: “He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. (RV1960).

Leave a comment