La constancia discreta

En 1935, el biólogo y escritor Aldo Leopold comenzó a registrar los cambios de temporada en su parcela en el condado de Sauk, Wisconsin. Por ejemplo, qué flores aparecían primero, qué pájaros regresaban, cuándo helaba la última vez. Lo hizo año tras año, sin interrupciones, durante más de catorce años consecutivos. Esas observaciones simples y fieles, anotadas en cuadernos sin pretensión, se convirtieron en la base del almanaque, “A Sand County Almanac”, publicado en 1949. Esa obra fundó el movimiento conservacionista moderno. La constancia discreta de una sola persona, registrando lo ordinario con fidelidad, cambió el pensamiento de todo un siglo.

El Señor Jesús no eligió a Sus discípulos por su visibilidad; los eligió por su disponibilidad constante. La constancia discreta, sostenida en el tiempo, produce un fruto que ningún destello ocasional de brillantez puede igualar. Dios no honra los espectáculos; Él honra la fidelidad sostenida día tras día.

¿Qué hábito espiritual pequeño has abandonado? Retómalo hoy. No para mostrarlo; para que Dios lo use con el tiempo en formas que hoy no puedes anticipar.

La Biblia dice en 1 Corintios 15:58: “Sed firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre”. (RV1960).

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