Terminar el mes con entrega

El último día del mes no es un punto final; es un umbral. Lo que se cierra hoy abre espacio para lo que vendrá. Por eso, terminar bien un mes importa tanto como empezarlo con intención.

No se trata de evaluar logros con frialdad ni de hacer inventario de fracasos con culpa. Se trata de pararse delante de Dios con honestidad y decir: “aquí está lo que fue”. Lo que floreció, lo que no llegó a tiempo, lo que quedó a medias y lo que Dios sorprendentemente usó aunque no lo planeaste. Todo eso cabe en las manos de un Dios que no desperdicia ninguna experiencia y que trabaja con la arcilla real, no con la que uno querría haber sido.

El mes que termina fue sostenido, aunque no siempre lo notaste. Fue guardado, aunque en algunos momentos se sintió desprotegido. Fue acompañado por una gracia que no depende de tus resultados, sino del carácter fiel de Dios. Por lo tanto, entrega este mes. Avanza hacia agosto con las manos abiertas y con el corazón dispuesto. La Biblia dice en Salmos 31:5: “En tu mano encomiendo mi espíritu”. (RV1960).

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