El ancla que no cede

El faro de Eddystone, frente a las costas de Inglaterra, fue destruido por completo durante la Gran Tormenta de 1703, arrastrando consigo a su constructor. Sin embargo, la estructura fue reconstruida tres veces más en el mismo sitio, cada versión más firme que la anterior, hasta lograr un diseño capaz de resistir cualquier tempestad marina.

La esperanza cristiana funciona como un ancla firme cuando todo alrededor se mueve. El Señor Jesús entró como precursor detrás del velo, asegurando un punto fijo al cual el alma puede aferrarse aunque las circunstancias cambien constantemente. Un ancla no impide la tormenta, pero impide que el barco se pierda.

Tal vez has intentado sostenerte de certezas humanas que se destruyen con el tiempo, como el primer faro que no resistió la tormenta. Dios ofrece algo más permanente: una esperanza fija que no depende del clima exterior ni de la fuerza del viento del momento.

De modo que, un ancla firme sostiene incluso en la peor tormenta.

La Biblia dice en Hebreos 6:19: “La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo”. (RV1960).

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