Ida Lewis pasó casi cincuenta años como guardiana del faro de Lime Rock, en Estados Unidos, rescatando personalmente a más de una docena de náufragos durante tormentas severas. Nunca abandonó su puesto, incluso cuando las autoridades dudaban de que una mujer pudiera sostener esa responsabilidad durante décadas.
Dios sostiene Sus promesas con la misma constancia, incluso cuando las circunstancias parecen contradecirlas. El Señor Jesús cumplió cada palabra dada, aunque el camino incluyera sufrimiento. Una promesa divina no depende del oleaje exterior; depende del carácter inmutable de quien la hizo.
Quizá esperas el cumplimiento de algo que Dios prometió hace tiempo y el oleaje parece más fuerte cada día que transcurre sin respuesta visible. Su fidelidad no se mide por la intensidad de la tormenta, sino por la firmeza de Su palabra sostenida a través del tiempo.
La promesa de Dios permanece más allá del oleaje.
La Biblia dice en Isaías 54:10: “Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se mudará, dijo Jehová, que tiene misericordia de ti”. (RV1960).