Los pingüinos emperador sobreviven a las tormentas más severas de la Antártida agrupándose en grandes círculos compactos, turnándose constantemente para que cada individuo pase tiempo en el centro protegido y también en el borde expuesto directamente al viento. Ninguno soporta jamás la tormenta completa en soledad absoluta; la supervivencia del grupo entero depende de esa rotación colectiva y constante.
La comunidad de fe funciona con un principio semejante. El Señor Jesús nunca envió a Sus discípulos a enfrentar solos las dificultades del ministerio, siempre los agrupó de dos en dos. Turnarse para sostener y ser sostenido no es debilidad, es sabiduría diseñada por Dios para la vida en comunidad.
Tal vez hoy te toca estar en el centro, recibiendo apoyo de quienes te rodean, o quizá te toca protegerte en el borde, sosteniendo activamente a otros. Ambos lugares son necesarios dentro de la comunidad y ninguno de los dos es permanente. Recuerda: nadie resiste solo la tormenta completa.
La Biblia dice en 1 Tesalonicenses 5:11: “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis”. (RV1960).