Orar sin pedir

En 1836, George Müller abrió en su propia casa de Bristol un lugar para treinta niños huérfanos. No tenía fondos, ni un plan de financiamiento, ni una lista de donantes. Tenía una convicción que nunca pediría dinero a ninguna persona, solo se lo pediría a Dios en oración. Con los años, esa casa se convirtió en cinco grandes orfanatos que llegaron a cuidar a más de diez mil niños y jamás faltó una comida.

Hubo mañanas en que la despensa estaba vacía y los niños ya sentados a la mesa. Müller oraba, agradecía por adelantado y la provisión llegaba antes de que el hambre se convirtiera en necesidad real. No fue una sola vez. Fue, según sus propios diarios, la norma por décadas enteras.

Su historia incomoda porque contradice el instinto de resolverlo todo por cuenta propia, de asegurar cada detalle antes de confiar. Müller no despreciaba el trabajo ni la planificación; simplemente rehusaba poner su confianza última en ellos. La ponía en Aquel que alimenta a los pájaros del cielo. Por lo tanto, ¿hay algo que llevas meses tratando de resolver solo, a fuerza de gestión y control? Quizá hoy sea un buen día para orar antes de pedir.

La Biblia dice en Salmos 68:5: “Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada”. (RV1960).

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