Leer para vivir

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Alfabetización. Suena a un tema lejano, casi técnico, hasta que se recuerda lo que realmente significa: hay personas para quienes la Biblia sigue siendo un libro cerrado, no porque no la busquen, sino porque nunca aprendieron a leerla. Saber leer no es un detalle menor de la fe; es la puerta de entrada a ella.

El Señor Jesús constantemente remitía a las personas a lo que estaba escrito: “¿No habéis leído…?” era una de Sus preguntas más frecuentes. Daba por hecho que Sus oyentes podían acudir directamente al texto, no solo escuchar lo que otros les contaban sobre él. Ese acceso directo a la Palabra ha sido, a lo largo de la historia, una de las formas menos visibles en que Dios transforma una vida.

Quizá hoy no falte tanto quien te explique la Biblia, sino tiempo real invertido en leerla tú mismo, sin intermediarios, despacio. La fe que se sostiene mejor no es la que se recibe de segunda mano, sino la que se alimenta de un contacto propio y constante con la Escritura. Abre hoy la Biblia sin apuro. Ese simple acto sigue cambiando vidas enteras.

La Biblia dice en Salmos 119:105: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino”. (RV1960).

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