La carta que nunca enviaste

Una carta de una página produjo más felicidad que cualquier otro ejercicio. En 2005, el psicólogo Martin Seligman, de la Universidad de Pensilvania, probó varias prácticas con más de cuatrocientos voluntarios. La ganadora parecía anticuada. Escribir una carta de gratitud a alguien que nunca recibió las gracias como merecía, y leérsela en persona.

Fue el ejercicio con mayor aumento de felicidad. Después de un mes, el efecto comenzó a apagarse. La gratitud funciona, pero hay que repetirla.

Agradecer no es un gesto de una sola vez, es un hábito que se renueva. Hoy escoge a un maestro, a un vecino o a una amiga que te sostuvo. Escribe una página y léela frente a esa persona. Será un regalo para los dos. Las palabras tardías también sanan, y no importa cuántos años hayan pasado.

La Biblia dice en Romanos 1:8: “Primeramente doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo con respecto a todos vosotros”. (RV1960).

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