Costoso

Nada que tenga valor en la vida viene sin algún costo. En otras palabras, sin costo no hay valor y sin valor, no hubiera un costo. El costo de una cosa es la cantidad necesaria de vida para adquirir algo, bien sea a corto o a largo plazo. Por ejemplo, alguien escribió lo siguiente acerca del costo del éxito. Dijeron que para ser exitoso se debe: “Trabajar hasta tarde, levantarse temprano, tener pocos amigos, sentirse no entendido, sentirse muy agotado, ser cuestionado, animarse aún cuando nadie lo haga y saber que vale la pena intentarlo”. En otras palabras, lo que cuesta llega a ser muy significativo. La pregunta que surge es, ¿valdrá la pena?

La respuesta puede ser muy extensa. Sin embargo, he aquí unas pautas: evalúa si el costo es necesario, nunca sacrifiques a tus relaciones más cercanas comenzando por tu familia, considera los riesgos, examina los tiempos y el contexto, estudia las inversiones y los posibles dividendos, pide el consejo de personas sabias antes de cualquier decisión, sobre todo, pídele a Dios sabiduría para hacer siempre Su voluntad. 

Dios Padre sabe lo que es pagar un precio muy alto. Le costó la vida de Su Hijo Cristo en la cruz por amor a todos nosotros. Él no puso ningún requerimiento, ni esperó nada a cambió. Sin embargo, lo dio todo por amor a nosotros. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:20,“ 20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo” (NTV).

Lanzando La Piedra

Ten cuidado con la piedra que lanzas hoy porque puede ser la misma con la que tropieces mañana. El juzgar no es una buena práctica porque pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente. Si somos dados a juzgar a los demás es porque temblamos por nosotros mismos. En general juzgamos más por lo que vemos que por la inteligencia, pues todos podemos ver, pero pocos comprendemos todo lo que vemos. Como dicen: “Las apariencias engañan”. 

Hay una realidad en cuanto al juzgar: “Es mucho más difícil juzgarse uno mismo que juzgar a los demás”. Si logramos juzgarnos correctamente seremos verdaderamente sabios. Lo más fácil es lanzar la piedra al hablar, desmeritar o actuar en contra de otros solo por juzgar de manera repentina. Algunas veces juzgamos a otros por sus amigos y por sus enemigos, pero en realidad entre más se juzga, menos se ama. La verdad es que nunca podemos juzgar la vida de los demás, porque cada uno sabe de su propio dolor y de su propia renuncia. El mismo Señor Jesús dijo: “El que este libre de pecado que tire la primera piedra” (Juan 8:7b).

La Biblia dice en Mateo 7:1-2, “No juzguen a los demás, y no serán juzgados. 2 Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes” (NTV).

Encontrando El Contentamiento

Me gusta la siguiente frase que leí un día: “La felicidad no es mi destino, es la actitud con la que viajo por la vida”. Esto tiene que ver con el contentamiento. Mucha gente piensa que el contentamiento es difícil de alcanzar, porque la felicidad y la paz nunca duran. ¿Pero es esa la verdadera razón? Es común asociar un estado de satisfacción con una situación positiva. El contentamiento no es algo que venga de modo natural, se aprende. Usualmente, no es en medio de la comodidad que sentimos gratificación, sino en situaciones que nos causan problemas, temor y ansiedad.

El apóstol Pablo tuvo muchas oportunidades de aprender estas lecciones, porque su vida fue una serie de dificultades (2 Cor. 11:23-33). En sus cartas, él comparte lo que había aprendido sobre el contentamiento con la siguiente conclusión: “Enfocarse en Cristo en vez de las circunstancias”. Pablo tenía todas las razones para quejarse, porque fue encarcelado de manera injusta. Sin embargo, en su carta a los filipenses, no culpó a nadie ni se quejó. Al contrario, siguió regocijándose en Cristo porque allí es donde se encontraban su enfoque, afecto y devoción.

En resumen, debemos enfocarnos en lo que Dios está haciendo por medio de cada situación. En otras palabras, podríamos decir que Pablo evaluó sus circunstancias a través de un lente enfocado en Dios. El resultado fue el gozo y el contentamiento en toda su vida. La Biblia dice en Filipenses 4:11 , “No que haya pasado necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento con lo que tengo” (NTV).

Tómate Un Tiempo

“Quiero un tiempo”, esta es la frase que no quieren escuchar los novios. Usualmente significa que ya quieren dar por terminada la relación. Sin embargo, el tomarse un tiempo para pensar las cosas no es nada malo. Al contrario, es benéfico en todos los sentidos. Se ha concluido que las personas que toman un tiempo para pensar antes de tomar una decisión vital en sus vidas, tienen más probabilidades de tomar la decisión correcta.

¿Qué debemos hacer cuando nos tomamos un tiempo para sopesar las cosas? Consultar con las experiencias símiles en el pasado. Evaluar nuestro presente. Examinar las personas y situaciones que serán afectadas con la decisión. Poner sobre la balanza los factores que pesan más como mi relación con Dios, con la familia y con los más cercanos. Buscar mentores que hayan pasado por el mismo camino. Pedir dirección de Dios en oración y a través de Su Palabra. Por último, esperar si es necesario hasta tener seguridad en la decisión que se debe tomar.

La paz de Dios es un termómetro clave al tomar una decisión. Sin embargo, es fácil confundir la paz de Dios con el conformismo y falta de toma de riesgos. Dios conoce tu corazón. Ten fe y sigue hacia delante. La Biblia dice en Lucas 14:28, “Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo?”, (NTV).

Con Lágrimas

¿Cuántas lágrimas no has derramado en tu vida? Muchas de ellas son provocadas por el dolor, la angustia, el duelo, la desesperación, la amargura, las pérdidas, la frustración y la rabia. También, algunas veces lloramos de gozo, paz, tranquilidad, reposo y por suma felicidad. Como dice una frase: “Las lágrimas no se deben guardar porque sino oxidan la vida”. Las lágrimas muestran nuestros más profundos y sinceros sentimientos. Ellas pueden ser como el rocío en la mañana. También pueden ser como la lluvia en sequedad. Ellas pueden ser manantial de vida mostrando que estamos vivos. También muestran lo débiles y lo fuertes que podemos ser.

Muchas veces las lágrimas son prueba de nuestra lucha como soldados en la batalla de la fe, como atletas en la carrera de la vida cristiana y como labradores en los terrenos por los cuales tenemos que sembrar. Las lágrimas son las palabras del corazón. Aunque la vida a veces es dura, esta misma trae hermosos momentos. Las lágrimas suelen ensuciarnos el rostro, pero en repetidas ocasiones, terminan por limpiar nuestro corazón.

En conclusión, aprende de todas y cada una de las lágrimas que derrames en tu vida porque detrás de cada una de ellas, hay una grata lección. La Biblia dice en el Salmo 126:6, “Los que siembran con lágrimas cosecharán con gritos de alegría” (NTV).

Con Todo El Corazón

Usualmente cuando las personas escuchan la expresión, “con todo el corazón” se están refiriendo al centro de las emociones que llega a dominar la razón. También se refiere a las ganas, las fuerzas y el empeño con el cual trabaja el ser humano. Una persona que hace las cosas con el corazón se esfuerza, se alienta y se desafía para salir adelante ante las circunstancias más adversas que pueda llegar a atravesar. El corazón se convierte en el símbolo y en la fuerza propulsora que muestra mucho de lo que realmente somos. Cuando nos lanzamos de corazón, saltamos los obstáculos. Muchos desfallecen ante los obstáculos porque no se han lanzado con el corazón. Alguien dijo: “lo que hoy siente tu corazón, mañana lo entenderá tu cabeza”.

Por naturaleza, nuestra mente, voluntad y emociones no desean servir a Dios. Somos egoístas, centrados en nosotros mismos y nos cuesta perdonar. El corazón es como un niño: siempre espera lo que desea. Podemos hacer las cosas con el corazón pero nos cuesta perdonar de corazón porque jamás se penetra por la fuerza en él. Entonces, dejémosle nuestro corazón a Dios y cuidémoslo día a día para que este saludable.
La Biblia dice en Proverbios 4:23, “sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida”, (NTV).

Simplemente, No Temas

Simplemente no temas. “No temas al tiempo, porque nadie es eterno. No temas a las heridas, te hacen más fuerte. No temas al llanto, te limpia el alma. No le temas a los retos, te hacen más ágil. No temas a equivocarte, te hace más sabio y no le temas a la soledad, Dios siempre está contigo”. Simplemente, no temas. 

Dios le dijo a Moisés, “no temas”. Años después le dijo a su sucesor Josué, “no temas”. El mismo mensaje vino a través de los profetas, jueces y reyes hacia el pueblo de Israel. Parece ser que este discurso tenía el mismo título: “No temas”. Pero ¿por qué Dios es tan insistente con ese tema? Porque el temor es paralizante y domina la mente y el corazón obstruyendo las bendiciones de Dios hacia nosotros. 

Más adelante, en la historia bíblica, los discípulos reportaron lo mismo al ser enviados por Jesús. Le dijeron: “Tuvimos temor”. Nuestro reporte diario es muy similar. Hoy te invito a que dejes el temor a un lado. Mira a Jesús. Él ha prometido estar contigo en todo momento y así será. Simplemente rechaza el temor, acepta el perdón de Dios y vive bajo Su dirección. La Biblia dice en Isaías 41:10, “No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré; te sostendré con mi mano derecha victoriosa” (NTV).

Dios Escoge

“Dios escoge a quienes usa y usa a quienes escoge”. En otras palabras, Dios no escoge a los preparados, prepara a los escogidos. Cada uno de nosotros ha sido diseñado de manera única y exclusiva por Dios. Pueden haber personas parecidas a ti, pero no hay nadie igual a ti sobre la faz de la tierra. Es más, no ha existido nadie igual que tu, ni existirá. Eso nos habla de un Dios que no carece de creatividad, pero también de un Dios que nos ha dado un propósito único para cada tiempo y generación.

Se estima que hay cerca de ocho billones de habitantes en el mundo. Sin embargo, no hay ningún ser igual que el otro. Es más, los intentos de clonar a alguien pueden trazar las características físicas, pero nunca podrán clonar el alma. El sentido de unicidad es real en cada ser humano ¿por qué? Simplemente porque somos diseño exclusivo de Dios. Él ha escogido tu complexión física y las características exclusivas de tu ser. Con ese diseño vino también en ti un propósito para el cual has nacido. Nadie podrá cumplir el propósito por el que tú has sido diseñado.

Entonces, acepta y abraza el diseño de Dios para ti, identifica las habilidades con las que has sido dotado y deja que Él te prepare de la mejor manera posible. La Biblia dice en Jeremías 1:5a, “Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté…” (NTV).

Saber, Esperar Y Creer

“Las cosas buenas vienen a los que saben esperar. Las mejores a los que no se rinden y luchan y las grandes bendiciones son para los que creen”. Me encanta esta frase porque comprende tres verbos esenciales para vivir que son: saber, esperar y creer. Los tres son necesarios porque el conocimiento nos ayuda a creer para en su efecto poder esperar. Además, el saber esperar es clave en nuestra vida. Sin embargo, es difícil esperar porque va en contra de la cultura actual. 

Nos gusta tener todo lo más pronto posible. No queremos esperar en la fila, no queremos esperar en el carro, no queremos esperar para subirnos a un avión. En fin, no nos gusta esperar. Es más, entre más estatus tengas, menos tienes que esperar. ¿Y qué decir del saber? Dicen que el conocimiento es poder, pero no todo el que sabe algo puede compartirlo y experimentarlo con los demás. El saber más no garantiza el éxito. Porque entre más sabemos nos damos cuenta que no sabemos mucho y que hay mucho más por aprender.

Pero el creer trasciende aun más que el esperar y el saber. El creer nos motiva, nos desafía y se vuelve en la misma razón por la cual podemos esperar. No solo debemos “saber” sino “creer” para poder “esperar”. La Biblia dice en 2 Corintios 5:7, “Vivimos por fe, no por vista”, (NVI).

Los Años No Pasan En Vano

Solo basta mirar algunas de nuestras fotos de años atrás para llegar a la conclusión de que “los años no pasan en vano”. Algunos se miran y jocosamente se burlan de sí mismos diciendo cosas como: este era yo cuando tenía cabello, este soy yo con unos kilos menos o esta soy yo sin arrugas y con un cuerpo escultural. Sin embargo, queramos o no, como dice el dicho: el tiempo nos pasa la factura de cobro. En otras palabras, lo que no cuidamos o invertimos en nuestra vida hoy en día, nos será cobrado con intereses a nivel personal, familiar, profesional y espiritual. Entonces, ¿qué debemos hacer?

Primero, valorar al máximo cada día que Dios nos da. Segundo, administrar nuestro tiempo, talento y tesoro porque éstos son los que nos ayudarán para que nuestros años no pasen en vano. Por último, debemos entregar cada día a Dios. Él se encargará de que cada día cobre significado en Sus planes para nosotros.

Abraza tus canas, arrugas, libras de más y muchas cosas que vienen con los años. Son una muestra de la gracia, amor y misericordia de Dios para ti. Puedes decir, “hasta aquí me ha ayudado Dios”. Pero mira con fe hacia delante y confía en Dios en los días por venir. La Biblia dice, “Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará” (Salmo 37:5, NTV).