Vivir Sin Pensar En Mañana

“Vivir sin pensar en el mañana”, esa es la filosofía que rige el accionar de muchas personas hoy en día. Viven como si no hubiera un mañana. Malgastan su tiempo, recursos y dinero como si no hubiera un futuro. No planean, no invierten en sus relaciones interpersonales, no se preparan vocacionalmente y rechazan todo lo que tenga que ver con una vida espiritual. 

La verdad es que es importante vivir totalmente en el hoy pero con la perspectiva de que todo lo que hagamos hoy repercutirá en el mañana. Aunque el futuro en muchas instancias es incierto, la Palabra de Dios nos habla de que el futuro es seguro cuando tenemos a Cristo Jesús.

Entonces, no podemos vivir como si no hubiera mañana. Para evitarlo debemos pedirle dirección a Dios, estar totalmente presentes en el hoy, aprender del ayer, planear para el mañana y confiar en que Dios nos puede guiar, proteger y prosperar en el futuro. En Sus manos estaremos seguros. La Biblia dice, “33 Busquen el reino de Dios por encima de todo lo demás y lleven una vida justa, y él les dará todo lo que necesiten.34 »Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy.”, (Mateo 6:33-34, NTV).

Costoso

Nada que tenga valor en la vida viene sin algún costo. En otras palabras, sin costo no hay valor y sin valor, no hubiera un costo. El costo de una cosa es la cantidad necesaria de vida para adquirir algo, bien sea a corto o a largo plazo. Por ejemplo, alguien escribió lo siguiente acerca del costo del éxito. Dijeron que para ser exitoso se debe: “Trabajar hasta tarde, levantarse temprano, tener pocos amigos, sentirse no entendido, sentirse muy agotado, ser cuestionado, animarse aún cuando nadie lo haga y saber que vale la pena intentarlo”. En otras palabras, lo que cuesta llega a ser muy significativo. La pregunta que surge es, ¿valdrá la pena?

La respuesta puede ser muy extensa. Sin embargo, he aquí unas pautas: evalúa si el costo es necesario, nunca sacrifiques a tus relaciones más cercanas comenzando por tu familia, considera los riesgos, examina los tiempos y el contexto, estudia las inversiones y los posibles dividendos, pide el consejo de personas sabias antes de cualquier decisión, sobre todo, pídele a Dios sabiduría para hacer siempre Su voluntad. 

Dios Padre sabe lo que es pagar un precio muy alto. Le costó la vida de Su Hijo Cristo en la cruz por amor a todos nosotros. Él no puso ningún requerimiento, ni esperó nada a cambió. Sin embargo, lo dio todo por amor a nosotros. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:20,“ 20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo” (NTV).

Confusión

¿Cuántas veces te has sentido confundido? Desde el día donde nos confundimos con la ropa que nos íbamos a poner, la ruta que íbamos tomar, o el nombre de alguien que acabamos de saludar. Sin embargo, hay otros tipos más serios de confusión. Por ejemplo, la confusión en una relación duradera, las preguntas básicas de existencialismo, la confusión respecto a algunas creencias, la confusión de las emociones y sentimientos que parecen controlar muchas de nuestras acciones.

Toda confusión trae en sí una característica fundamental llamada: “la pérdida de la tranquilidad”. Dicha pérdida ocasiona ansiedad, fobias y nos hace hacer y decir cosas que no queremos. Parece convertirse en un juego mental, emocional y espiritual. Pero, Dios nos ofrece un una receta muy simple para la confusión llamada: “claridad de pensamiento”. Él nos invita a entregarle todos nuestros pensamientos en obediencia a Él y promete controlarlos. Simplemente debemos llevárselos voluntariamente a Él.

Así que la próxima vez que te sientas confundido, entrégale tus pensamientos a Él. Te aseguro que tu confusión se acabará. La Biblia dice, “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. (1 Corintios 14:33a , NTV).

Deseos Del Corazón

¿Qué desea tu corazón? ¿Cuáles son los anhelos y deseos más grandes por los que gime tu alma? Una sabia frase dice: Un corazón agradecido, ama lo que recibe. Un corazón sabio, ama lo que da. Nuestro corazón ama al dar y al recibir. Nuestro corazón ama al no esperar nada a cambio y al sacrificar mucho de nuestro ser. Nuestro corazón se llena de los momentos más pequeños como si fueran los más grandes y de los momentos más insignificantes como si fueran los más significativos. 

Pero, ¿qué albergas en tu corazón? Albergas gozo, paz, alegría, mansedumbre, confianza, fortaleza, sabiduría, o albergas temor, confusión, angustia, resentimiento, amargura, tristeza, etc. La Palabra de Dios dice que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34b). Entonces, ¿qué albergas ahí? Un excelente consejo es adorar, alabar y deleitarnos en lo que Dios nos ha dado y esperar con fe lo que Él nos dará. 

Ora a Dios y pídele que te ayude a cultivar un corazón con deseos que vayan de acuerdo a Su voluntad. Te aseguro que será de mucha bendición para tu vida.
La Biblia dice en el Salmo 37:4 , “Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón” (NTV).

El Gozo De Esperar

No conozco a muchas personas que les guste esperar. Nosotros decimos frases como: “Buenas cosas vienen para aquellos que esperan”, pero no disfrutamos el proceso de la espera. Entre más esperamos, tendemos a perder la esperanza de que algo realmente bueno pueda surgir después de una larga espera. 

Eso fue lo que le pasó a Zacarías en el evangelio de Lucas cuando se le dijo del nacimiento de su hijo Juan. Sin embargo, la espera fue larga, pero como Dios siempre cumple Sus promesas, en el tiempo indicado y preciso, su hijo Juan nació. El regalo prometido llegó. La espera anhelada se detuvo y Dios se mostró fiel una vez más.

El amor de Dios no está limitado a un evento histórico o una historia familiar como la de Zacarías. Es relevante para nosotros hoy en día. En la temporada de advenimiento y de espera, podemos esperar y confiar en el poder de Dios. Puede parecer como si Él no te hubiera escuchado o que nada parece estar pasando, pero Su presencia y Su amor son reales. Así que no te desesperes en la espera, Él siempre está ahí. La Biblia dice en Lucas 1:13, “13 pero el ángel le dijo:—¡No tengas miedo, Zacarías! Dios ha oído tu oración. Tu esposa, Elisabet, te dará un hijo, y lo llamarás Juan” (NTV).

Sin Consecuencias

“Lo voy a hacer ahora y me encargo de las consecuencias luego”. Esa es la frase que usan muchas personas que no miden las consecuencias antes de tomar una decisión. Aunque muchos no lo dicen, actúan y viven de esa manera. Es como construir una casa sin calcular los costos o hacer una inversión sin saber lo que pueden llegar a ser los resultados. La Palabra de Dios lo llama como necedad. 

El mundo está lleno de personas que han perdido su vida, su libertad, sus familiar o posesiones por no sopesar lo que les pueda llegar a pasar. El no pensar en las consecuencias es comparado a un carro que va sin frenos o a una persona que va rumbo al abismo sin ver que hay despeñadero al frente. La caída es fuerte, inminente y fatal. De la misma manera, el no pensar en las consecuencias es la receta fija para el fiasco físico, emocional y espiritual. 

Si deseas ser una persona sabia, déjame darte un consejo: “piensa en las consecuencias de tus decisiones aunque éstas sean mínimas”. Te garantizo que serás una persona más sabia y te evitarás muchos dolores de cabeza. Aprendamos de lo que Dios le dijo a Salomón, “hijo mío, aprende a conocer íntimamente al Dios de tus antepasados. Adóralo y sírvelo de todo corazón y con una mente dispuesta. Pues el Señor ve cada corazón y conoce todo plan y pensamiento. Si lo buscas, lo encontrarás; pero si te apartas de él, te rechazará para siempre”, (1 Crónicas 28:9, NTV).

Cuidado

¿Cuántas veces vemos el anuncio que dice: “cuidado”? Dicho anuncio funciona como una advertencia en muchas instancias en la vida. Por ejemplo, desde pequeños escuchamos frases como: “cuidado con lo que haces”, o “cuidado con las malas compañías porque estas corrompen”. Nuestros padres nos enseñan el tener cuidado con lo que decimos y hacemos. En otras ocasiones se nos ha dicho que debemos cuidar lo que tenemos y también a quienes tenemos alrededor nuestro.

Hay personas que no tienen cuidado de las cosas o de sus relaciones. ¿Por qué? Porque ni siquiera pueden cuidarse a sí mismas. Spencer Johnson dijo: “Cuanto más cuido de mí mismo, menos resentimiento e irritación tengo y más cariñoso me muestro hacia los demás”. Cuando no cuidamos de nosotros mismos, entonces exigimos a otros que hagan lo que solo nosotros podemos hacer.

De modo que ejercita el “cuidado” en todas las áreas de tu vida. Cuida tu relación con Dios y con los demás. Cuida tu tiempo, tus tesoros y tus talentos. Cuida las relaciones más preciadas, pero sobre todo, cuídate a ti mismo, porque si no lo haces, no podrás cuidar a nadie más. La Biblia dice en Efesios 5:15-16 “15 Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. 16 Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos”, (NTV).

Apégate A Dios

Piensa en tres cosas que sean siempre dependientes y que nunca cambien. Puede que tu lista incluya cosas como el amanecer y el atardecer, la ley de la gravedad, el universo o los puntos cardinales. Probablemente tu lista sea totalmente diferente. Sin embargo, al transcurrir nuestra vida entendemos que necesitamos algo sólido que nos sostenga, un compás que guíe nuestro camino y que nos mantenga en la brecha. El problema es que la mayor parte de las cosas que escogemos no nos pueden proveer la guía o la estabilidad que necesitamos o anhelamos. Déjame hacerte una pregunta, ¿tu lista incluye a Dios?

Moisés le declaró al pueblo de Israel la necesidad de apegarse a Dios, el único que nunca cambia. Después de la muerte de Moisés, Dios le prometió a Josué que siempre estaría con él, que no lo dejaría ni lo desampararía. Jesús compartió el mismo mensaje con Sus discípulos cuando les dijo: “No los abandonaré como a huérfanos; vendré a ustedes” (Juan 14:18–NTV).

Dios nunca te dejará. Nada te podrá separar del amor de Cristo. Estas dos verdades incambiables y veraces te ayudarán a mantenerte firme y en la brecha de tu vida. Así que, apégate a Dios, Él siempre se apega a ti. La Biblia dice en Deuteronomio 13:4, “Sirve únicamente al Señor tu Dios y teme solamente a él. Obedece sus mandatos, escucha su voz y aférrate a él” (NTV).

Cuando Te Cansas

Tengo momentos en que me canso de hacer lo que estoy haciendo. Todos tenemos esos momentos. No importa cuál sea tu posición en la vida, habrán días en los que el cansancio te agobiará. Incluso, puedes pasar por una temporada más larga en la que sientes apatía y desinterés. Pueden haber muchas razones por las que tendríamos que buscar diligentemente en oración. Pero a menudo solo necesitamos animarnos y volver a empezar. 

Tenemos que hacerlo a propósito en lugar de esperar a que aparezca un sentimiento que nos mueva de nuevo hacia la acción. La gratitud me ayuda a empezar de nuevo en esos días. Cuando cuento todas mis bendiciones, me sorprende ver la bondad de Dios hacia mí. Me hace ser agradecido conmoviéndome y haciendo que mi vida se cobre más fuerza y esperanza. Tener grandes expectativas también me energiza y me motiva. Eso se llama “fe”. No tenemos que esperar para ver, sino creer para ver. 

La tercera cosa que hago cuando me canso, es quitar de mí ese pensamiento de cansancio y servirle a alguien más. Cuando lo hago, funciona todo el tiempo. En poco tiempo, me siento entusiasmado con la vida y emocionado de reanudar mi servicio al Señor. La Biblia dice en el Salmo 27:13, “Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes” (NTV).

Sonreír

“Reír para vivir más y vivir mejor”, esa es la conclusión a la que han llegado los psicólogos y doctores. Se ha comprobado que las personas que se ríen más, tienden a soltar más toxinas que afectan su cuerpo y suelen vivir mejor. Es más, hay algo conocido como la “risoterapia”.
Es una técnica psicoterapéutica tendente a producir beneficios mentales y emocionales por medio de la risa. No se puede decir que es una terapia adoptada en sí porque no cura por sí misma las enfermedades pero en muchos casos logra sinergias positivas que ayudan a curar al paciente. En otras palabras, debemos reírnos más. Hay personas que no se ríen y hay otras que al parecer se ríen de más ya que toman todo como una broma. Los dos extremos son malos. La risa debe ir conectada con nuestras emociones y en muchos casos lo que necesitamos es una buena dosis de “risa”. En la Biblia encontramos muchos casos de risa. Uno de los más interesantes es cuando Dios le dice a Abraham y su esposa Sara que iban a tener el hijo de la promesa en su vejez. Sara se rió y cuando nació su hijo le pusieron por nombre, Isaac, hijo de la “risa”. 

A veces nos reímos de lo que Dios pueda llegar a hacer con nosotros pero la verdad es que Sus designios nos pueden dejar sorprendidos por Su buen sentido del humor. Dios desea que seamos felices, que mostremos nuestras emociones de manera sana y que sepamos reírnos. Te aseguro que muchas veces la risa te ayudará a enfrentar lo más difícil en tu vida. La Biblia dice, “El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado consume las fuerzas”, (Proverbios 17:22, NTV).