Siempre espera lo mejor

“Siempre espera lo mejor y recibe lo que venga de parte de Dios”. Estas son algunas de las palabras que mi padre me enseñó un poco después de la muerte de mi madre. El esperar lo mejor debe ser una de las bisagras por las cuales hacemos rodar la rueda de nuestra vida. El desear lo mejor nos prepara para recibir lo peor. Por otro lado, el recibir lo peor nos prepara abiertamente para recibir lo mejor.

Hay personas que siempre esperan lo peor. Se les olvida que cuando sus expectativas son más grandes que sus temores, pueden vivir una vida de esperanza sin importar las circunstancias actuales. El sentido de expectativa se vuelve en el motor que mueve su proceder. Es algo que tenemos que desarrollar. Entonces, ¿cómo esperar lo mejor y recibir lo que venga de parte de Dios?

José en la Biblia es un ejemplo de ello. Fue vendido por sus hermanos. Fue puesto en la prisión por ser fiel a Dios. Se mantuvo firme en sus convicciones aun cuando algunos se olvidaron de él. Pero Dios no se olvidó de José. Un día salió de la prisión a ser el segundo al mando en el imperio egipcio. ¿Por qué? Porque siempre esperó lo mejor y recibió lo que venía de parte de Dios. ¿Lo puedes hacer tú? La Biblia dice en Isaías 41:13, “Pues yo te sostengo de tu mano derecha; yo, el Señor tu Dios. Y te digo: no tengas miedo, aquí estoy para ayudarte”, (NTV).

Debilidad y fortaleza

Las fortalezas y debilidades de una persona son el conjunto de virtudes, potencias, capacidades y rasgos positivos, por un lado, así como de sus falencias, defectos, incapacidades y rasgos negativos, por el otro. Todos tenemos las dos. Es así como el antídoto de la debilidad es su misma fortaleza. La vida varía entre estos dos extremos: el acentuar nuestras fortalezas y el desarrollar nuestras debilidades.

Se dice que las fortalezas y debilidades más comunes del ser humano son: la honestidad y la deshonestidad, la paciencia y la premura, el compromiso y el egoísmo, la valentía y la cobardía, la responsabilidad y la irresponsabilidad, la puntualidad y la impuntualidad, la organización y el desorden, la creatividad y el pensamiento llano, la proactividad y la apatía, la confianza y la duda, el carisma y la antipatía, la concentración y la dispersión, la humildad y la soberbia, el respeto y el abuso, la empatía y la indiferencia. ¿Has experimentado algunas de estas? Creo que sí.

Las fortalezas y debilidades son esenciales para vivir. Entre más vivimos nos damos cuenta de lo débiles que somos. Entonces, “bendita la debilidad que nos hace depender de Dios y que nos quita toda esperanza en nosotros mismos”. La Biblia dice en 2 de Corintios 12:9, “Cada vez él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad». Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí”, (NTV).

Saber, esperar y creer

“Las cosas buenas vienen a los que saben esperar. Las mejores a los que no se rinden y luchan y las grandes bendiciones son para los que creen”. Me encanta esta frase porque comprende tres verbos esenciales para vivir que son: saber, esperar y creer. Los tres son necesarios porque el conocimiento nos ayuda a creer para en su efecto poder esperar. Además, el saber esperar es clave en nuestra vida. Sin embargo, es difícil esperar porque va en contra de la cultura actual.

Nos gusta tener todo lo más pronto posible. No queremos esperar en la fila, no queremos esperar en el carro, no queremos esperar para subirnos a un avión. En fin, no nos gusta esperar. Es más, entre más estatus tengas, menos tienes que esperar. ¿Y qué decir del saber? Dicen que el conocimiento es poder, pero no todo el que sabe algo puede compartirlo y experimentarlo con los demás. El saber más no garantiza el éxito. Porque entre más sabemos nos damos cuenta que no sabemos mucho y que hay mucho más por aprender.

Pero el creer trasciende aun más que el esperar y el saber. El creer nos motiva, nos desafía y se vuelve en la misma razón por la cual podemos esperar. No solo debemos “saber” sino “creer” para poder “esperar”. La Biblia dice en 2 Corintios 5:7, “Vivimos por fe, no por vista”, (NVI).

Tu verdadero disfraz

En los recuerdos de mi infancia se encuentra la foto mental de un disfraz de pirata que usé para una obra de teatro un 31 de Octubre. En esa obra cómica de niños, mi función era salvaguardar a los tripulantes del barco mientras buscaba el tesoro escondido y arrestaba al capitán de la embarcación. Recuerdo que tenía un parche en un ojo, una espada de mentiras y unas cadenas imponentes con las que estaba arrestando a los oficiales de la embarcación.

Después de reírnos como nunca, la obra se terminó y por algún tiempo mis compañeros me decían, “el pirata Aguirre”. Aunque pasó en segundo grado de primaria, recuerdo que ese fue uno de los pocos disfraces que tuve en mi infancia. Sin embargo, hay disfraces que me he puesto para disimular algo que no siento o que no quiero que otros sepan por algunos momentos. El disfraz de estar bien cuando no lo estás. El disfraz de estar feliz cuando estas aburrido. El disfraz de la salud cuando estás enfermo. El disfraz de la sonrisa cuando por dentro gime tu alma.

¿Te has puesto algunos de estos disfraces? Todos lo hemos hecho y es más, los usamos a diario. Pero con Dios no necesitas usar ningún disfraz. No tienes que cuidarte del qué dirán. Puedes venir a Él como estés, donde estés y en la condición en que te encuentres. Él te recibe como eres y conoce lo más profundo de tu corazón. Entonces, ¿te quitarás el disfraz delante de Él? La Biblia dice en Juan 6:37, “Todos los que el Padre me da, vendrán a mí; y al que a mí viene, no le rechazo”, (NIV).

Todo pasa por una razón

“Todo pasa por una razón”. Esta es una frase de cliché que he escuchado de muchas personas y en diferentes etapas de mi vida. Sin embargo, aunque parezca muy simple y hasta incómoda en el momento que la escuchamos, encapsula una gran verdad. Al final de cuentas, nos damos cuenta que lo trágico cobró un color más cálido y el tiempo nos provee perspectiva y una visión diferente de las cosas.

Aunque hay cosas que suelen pasar sin razón alguna, después cobran sentido. Lo entendamos o no, la voluntad de Dios siempre será buena aunque no lo parezca. Se tornará en agradable aunque parezca muchas veces desagradable, y en perfecta aunque vivamos en un mundo de imperfección. Usualmente las situaciones más desafiantes en nuestra vida se convierten en las experiencias más preciadas que le dan razón a nuestra existencia.

Definitivamente que todo pasa por una razón. Hay una “ley de causa y efecto” que son inevitables y que rige nuestra vida. Así que cuando te encuentres angustiado, desesperado y desilusionado, recuerda que todo hará sentido aunque en ese preciso instante no parezca tenerlo. La verdad siempre sale a la luz y Dios siempre obra a favor de Sus Hijos. La Biblia dice en Romanos 8:28, “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito”, (NIV).

Lo Que Te Falta

Una vez leí la siguiente frase, “si te falta dinero, no te preocupes. Si te falta la casa o vestimenta, no te afanes. Si te falta fe, no te desesperes. Pero si te falta Dios, te falta todo”. Esta frase tiene mucha verdad. Nos preocupamos tanto cuando nos falta el dinero. Trabajamos y trabajamos hasta poder tenerlo. Sin embargo, no lo es todo. Nos enfocamos en lo material porque es lo tangible y lo que nuestros ojos pueden ver. Nos damos cuenta que el ojo nunca se sacia.

Nos esforzamos por creer más y esperar más. Pero nos damos cuenta que somos débiles y que nuestra fe y esperanza suele menguar cuando más la necesitamos. Nos afanamos por lo que dejamos de hacer en el ayer y por lo que haremos en el mañana. Nos preocupamos desmedidamente por las cosas pasajeras como si fueran eternas, y nos desesperamos porque no alcanzamos todo lo que quisiéramos lograr al final de cada día.

Entonces, ¿qué es lo que nos falta? Como bien lo expresa esta frase, nos falta Dios. Queremos ser dioses pequeños llenos de esfuerzo humano y sin cabida a lo espiritual. Queremos hacer de lo pasajero algo trascendente y de lo eterno algo temporal. Deseamos vivir en el mañana sin valorar el hoy y nos frustramos por no saberlo todo cuando en verdad, no tenemos por qué saberlo. Nos falta entender que somos seres finitos y diseño de Dios. Sólo Él nos puede llenar. Así que, “sólo nos falta Dios”. ¿Lo tienes? Porque si no, no tienes nada. La Biblia dice en Mateo 6:33, “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas, (NIV).

De Dios Nadie Se Esconde

Jugar a las escondidas es uno de los juegos multiculturales que se practica casi en todos los continentes. He observado niños en cinco continentes que disfrutan jugar este juego con sus compañeros y más aun con sus padres y familiares. Pero, ¿por qué el jugar a las escondidas es tan común? Porque muy en lo profundo de nuestro corazón deseamos ser encontrados por otro ser humano. Es decir, tenemos la necesidad de conexión y de vivir en comunidad.

Podemos buscar los mejores escondites para escondernos de los demás, pero quien es bueno en el juego, nos busca hasta poder encontrarnos físicamente. Pero, ¿qué decir de que verdaderamente nos logren encontrar como somos? En otras palabras, el ser encontrados con nuestras habilidades, errores, destrezas y debilidades. Usualmente queremos que la gente nos encuentre en los momentos más hermosos donde no deseamos escondernos sino más bien ser vistos. Sin embargo, no queremos que nadie nos vea en los momentos más desafiantes, de más dolor y de confusión. Es allí en esos momentos donde realmente salen nuestros verdaderos colores y quienes somos se convierte en nuestra carta de presentación.

Así que cuidemos lo que hablamos, cuidemos lo que hacemos, recordemos que aunque pensemos que nadie nos ve, de Dios nadie se puede esconder. No podemos jugar a las escondidas con Dios. Él siempre sabrá dónde encontrarnos y conoce realmente lo que somos. La Biblia dice en Jeremías 16:17, “Ciertamente mis ojos ven todas tus acciones; ninguna de ellas me es oculta. Su iniquidad no puede esconderse de mi vista”, (NIV).

La Llorona

La leyenda de la llorona fue bastamente conocida en el México colonial y en América Latina. La llorona es una supuesta mujer que se aparece en la noche, a veces en las encrucijadas de los caminos, con el cabello largo y vestida de blanco, llamando con fuertes llantos y aterradores lamentos a sus hijos. Es sin duda una de las leyendas más comunes. Algunos padres la usan con sus hijos para amenazarlos en la noche si no se acuestan a dormir. Les dicen que la llorona anta suelta y puede venir a jalarles los pies a los niños que no se duermen temprano. Parece cómico, ¿verdad?

Pero, ¿por qué es la llorona tan común e impactante en nuestra cultura latinoamericana? Lo es porque ejemplifica el corazón de muchos. Los adultos desearían llorar con fuertes llantos y lamentos que surgen del interior de sus corazones. Muy adentro del corazón existen gemidos que muchas veces están reprimidos y quieren salir pero se encuentran en la encrucijada de la complejidad de la vida. El dolor interno no se puede ver ni medir. Simplemente se acumula poco a poco. La llorona es en sí una representación del dolor humano que se grita por las calles pero en el canto individual de cada corazón.

¿Cómo esta tu corazón? ¿Tienes algún dolor por el que lloras y gimes internamente? Dios desea llevar tus cargas, limpiar tus lágrimas y darte fuerzas para seguir caminando. La Biblia dice en Apocalipsis 21:4, “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”, (NTV).

Yo Te Puedo Enseñar

Recuerdo el primer verano que pasé como estudiante en los Estados Unidos. Tuve la oportunidad de poder trabajar para ahorrar para mis gastos y cobros estudiantiles. Sin dominar bien el idioma inglés, me fue dada la oportunidad de trabajar en construcción en la ciudad de Indianápolis, Indiana. Yo me sentía muy alegre por la oportunidad. La mayor parte de compañeros eran anglosajones, así que, nuestra comunicación fue mínima durante los primeros días. Recuerdo en especial, un amigo y jefe quien me ayudó mucho llamado Timothy. Como yo no había trabajado en construcción, no tenía ni idea de cómo usar la mayor de la maquinaria. Es más, hasta usar bien el martillo, algo tan simple, no lo sabía.

La frase célebre de Tim en esos días fue, “yo te puedo enseñar”. Aunque ya era un estudiante universitario, tenía que aprender a desarrollar trabajos arduos a los cuales no estaba acostumbrado. Me volví en un gran observador, estudiante y seguidor de mis compañeros. Después de algunos días, ya había aprendido algunas tareas rutinarias que se me habían asignado. Un día llegó Tim y me preguntó, ¿ya no necesitas que te enseñe tanto, verdad? Yo con una sonrisa en la boca le dije, gracias porque me enseñaste bien.

Esto me puso a pensar en cuantas veces nosotros no tenemos un espíritu enseñable. Dios nos quiere enseñar pero nosotros somos tercos y queremos hacerlo por nuestra cuenta. Recuerda que Él nos dice, “yo te puedo enseñar”. La Biblia dice en Proverbios 3:1-2, “Hijo mío, nunca olvides las cosas que te he enseñado; guarda mis mandatos en tu corazón. Si así lo haces, vivirás muchos años, y tu vida te dará satisfacción”, (NTV).

Tómate Un Tiempo

“Quiero un tiempo”, esta es la frase que no quieren escuchar los novios. Usualmente significa que ya quieren dar por terminada la relación. Sin embargo, el tomarse un tiempo para pensar las cosas no es nada malo. Al contrario, es benéfico en todos los sentidos. Se ha concluido que las personas que toman un tiempo para pensar antes de tomar una decisión vital en sus vidas, tienen más probabilidades de tomar la decisión correcta.

¿Qué debemos hacer cuando nos tomamos un tiempo para sopesar las cosas? Consultar con las experiencias símiles en el pasado. Evaluar nuestro presente. Examinar las personas y situaciones que serán afectadas con la decisión. Poner sobre la balanza los factores que pesan más como mi relación con Dios, con la familia y con los más cercanos. Buscar mentores que hayan pasado por el mismo camino. Pedir dirección de Dios en oración y a través de Su Palabra. Por último, esperar si es necesario hasta tener seguridad en la decisión que se debe tomar.

La paz de Dios es un termómetro clave al tomar una decisión. Sin embargo, es fácil confundir la paz de Dios con el conformismo y falta de toma de riesgos. Dios conoce tu corazón. Ten fe y sigue hacia delante. La Biblia dice en Lucas 14:28, “Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo?”, (NTV).