Fe Sin Acción

Tengo una frase que comparto constantemente que dice, “fe sin acción es pura ilusión”. ¿Qué quiere decir esto? Hay personas que dicen tener fe en Dios pero la verdad es que solo se apropian de un mero conocimiento intelectual o temporal. Usan la palabra “fe” como un amuleto para muchas situaciones donde se requiere actuar, es decir, de ejecutar una acción. La fe se convierte en la excusa perfecta para no hacer nada al respecto bajo la premisa de “esperar en Dios”.

Tú puedes confesar, repetir, envisionar y proclamar lo que quieres que pase en tu vida. Eso es solo el comienzo de un reavivamiento espiritual y un excelente ejercicio mental. Sin embargo, debes hacer algo que requiera de movimiento porque es usualmente en el camino donde Dios te sorprende de maneras inesperadas. La fe no es una muletilla que se debe usar para mantenernos estáticos, complacientes y en nuestra zona de comodidad.

La fe es proactiva, activa y muchas veces hasta reactiva. Por la fe fue constituido el universo, por la fe lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por la fe hombres y mujeres hicieron cosas impredecibles y sobrenaturales. Por la fe se puede lograr lo impensable, incontrolable e inconcebible. La fe nos mueve hacia la acción porque “la fe sin acción es pura ilusión”. La Biblia lo dice en Hebreos 11:1, “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, (RV1960).

Muy Fuerte

Puede sonar cómico pero la hormiga es uno de los animales más fuertes que existen. ¿Cómo puede ser esto cierto si nosotros podemos cargar mucho más que una hormiga? Sin embargo, para su tamaño, la hormiga es mucho más fuerte que nosotros. La hormiga es lo suficientemente fuerte para cargar otras veinte hormigas. ¿Puedes cargar a veinte personas como tú al mismo tiempo? No lo creo. ¿Puede un elefante cargar otros veinte elefantes en su espalda? No lo creo. Quedaría totalmente aplastado. Así que bajo esta perspectiva, la hormiga es un animal muy fuerte. No lo parece, ¿verdad?

Podemos aprender mucho de la hormiga. Esta no es solamente fuerte sino también muy trabajadora, prevenida y planeadora. Planea traer su comida en el verano para estar preparada durante el invierno. Sabe trabajar en equipo y a nivel individual. Sigue las indicaciones y se mueve con esfuerzo hasta cuando sea necesario. ¿Cómo puede la hormiga ser así? Simplemente porque Dios así la creo. Aunque pareciera ser un animal pequeño e insignificante, es muy fuerte y valiente.

La fortaleza no proviene de la apariencia externa. La fortaleza viene de la determinación y sentido de propósito que Dios nos da. Él desea multiplicarnos las fuerzas, hacernos levantar cuando estamos débiles y esforzarnos cuando estamos por desistir del llamado que nos ha encomendado. Solo a través de Él podemos ser más fuertes de lo que pensamos o imaginamos. La Biblia dice en Joel 3:10b, “diga el débil: fuerte soy”, (RV1960).

A pesar de todo, mantén tu fe

Cuenta la historia que en el siglo II de nuestra era llevaron a un cristiano ante un rey. El monarca quería que este hombre renunciara a su fe en Cristo Jesús y abandonara el cristianismo. El rey lo amenazó diciendo: “si no abandonas tu fe, te voy a desterrar”. El hombre le contestó con una sonrisa: su majestad no puede desterrarme pues el reino de Dios no es de este mundo. Entonces haré que le confisquen todos sus bienes, dijo el rey un poco enojado. El hombre respondió: mis tesoros están en el cielo y usted no podrá tocarlos. El rey se enojó aún más y dijo: lo único que me queda es ordenar que te maten. El hombre respondió: hace cuarenta años que estoy muerto. Morí con Cristo y mi vida está escondida en Él y usted no podrá tocarla, terminó diciéndole. El rey ya no quiso seguir lidiando con este hombre y su obstinada fe dejándolo ir. Qué historia tan interesante, ¿verdad?

En los anales de la historia, podemos encontrar testimonios de personas que han mantenido su fe firme en Jesús y no han renunciado a ella aún a costa de su propia vida. Y tú, ¿estás dispuesto a mantener tu fe? Ser cristiano significa que eres seguidor de Cristo. No es una religión sino una relación. Es seguir Sus enseñanzas y caminos no solo con tus palabras sino con tu forma de ser, tu estilo de vida y el trato a los demás. La Biblia dice en el Salmo 119:2, “Felices son los que obedecen sus leyes y lo buscan con todo el corazón”, (NTV).

El Vaso

He escuchado algunas ilustraciones que tienen que ver con vasos pero en particular recuerdo una cuando una psicóloga en una conferencia levantó un vaso de agua. Los presentes esperábamos la típica pregunta, ¿está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, preguntó: ¿cuánto pesa este vaso? Las respuestas oscilaron entre 200 y 250 gramos. La psicóloga respondió: el peso absoluto no es tan importante, depende de cuánto tiempo lo sostenga. Si lo sostengo un minuto, no presenta ningún problema. Si lo sostengo una hora, me dolerá la mano y el brazo. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero entre más tiempo lo sostengo, más pesado y más difícil se vuelve para soportar.

Esto me puso a pensar que las preocupaciones son como el vaso de agua. Si pensamos en ellas por un rato, no pasa nada. Si pensamos en ellas un poco más de tiempo, comienzan a doler. Pero si pensamos en ellas todo el día, acabamos sintiéndonos paralizados e incapaces de hacer nada.

Entonces, ¿cuánto pesa tu vaso? Dependen de cuánto tiempo lo quieras cargar. Dios ha prometido llevar tus cargas pero tú necesitas dejarle “tu vaso con agua” en Sus manos, ¿podrías hacerlo? La Biblia dice en Filipenses 4:6, “No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo, Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que Él ha hecho”, (NTV).

Tiempo que se va no vuelve

En repetidas ocasiones hemos escuchado el dicho, “tiempo que se va no vuelve”. Hay personas que quisieran tener un poco más de vida para gozar de sus recursos, relaciones y posesiones. Otras desprecian el tiempo al malgastarlo y al quejarse de lo lento que pasa para ellos. Sin embargo, a todos se nos dan las mismas 24 horas al día, los mismos 1,440 minutos y los mismos 86,400 segundos. Pero lo que hacemos con ellos es lo que realmente marca la diferencia.

¿Invertimos el tiempo o lo desperdiciamos? Alguien dijo que si tuviéramos que comprar el tiempo no lo desperdiciaríamos tanto. Otros comentan que si el tiempo se pudiera comprar, sería un gran negocio. No obstante, el tiempo no se puede comprar ni negociar. Solo Dios sabe el número exacto de nuestro días. Pero lo que sí podemos hacer es invertirlo bien. ¿Cómo? Reconociendo que el tiempo es un regalo preciado. Administrando cada segundo de nuestra vida como si lo invirtiéramos en una cuenta que nos dará dividendos para nuestro beneficio. Compartiéndolo con las personas a las cuales más amamos. Aprendiendo de todas las lecciones que este nos enseña.

El tiempo también nos da perspectiva y sana nuestras heridas. Pero sobre todo debemos comprender que Dios es el dueño de nuestros tiempos y que debemos rendirle cuentas a Él. Así que, ¿cómo inviertes tu tiempo? La Biblia dice en Colosenses 4:5, “vivan sabiamente entre los que no creen en Cristo y aprovechen al máximo cada oportunidad”, (NTV).

Miedo

¿Me puede explicar de nuevo lo que va a hacer?, le pregunté al doctor. Él levantó la pequeña aguja de la jeringa que iba a usar y me dijo, “un poco de sangre saldrá por esta jeringa y llenará este pequeño tubo. No te preocupes. No te dolerá”. Esa era la primera vez en mi vida que me sacaban sangre para un examen. Recuerdo que el doctor me dijo, “tenemos que saber qué tipo de bacteria o virus tienes para poderte tratar”. Yo le pregunté, “¿habrá alguna otra manera de saberlo? Él sonriéndose me dijo, “No. Esta es la única manera de saberlo. Más vale que te acostumbres porque te sacarán sangre muchas veces en tu vida”. La verdad sentía un poco de temor pero como preguntaba tantas cosas de pequeño, ni me di cuenta cuándo terminaron de llenar los tres tubos de sangre para el examen.

Todos enfrentamos miedo a lo desconocido. Una vez y supe la información, el miedo desapareció y me llené de valor. Al final de cuentas, la aguja ni se sintió mucho y el dolor fue mínimo. Aún recuerdo que el doctor al final me dijo, “eres un niño valiente”, “sí ves, ni sentiste dolor”. Como todo niño de preescolar, me repuse rápidamente. Sin embargo, aprendí que la valentía es el antónimo del miedo y que el valor provino de la confianza que le tenía a mi doctor. ¿Le tienes confianza al doctor de doctores? ¿Le tienes confianza a Dios? Él puede expulsar todos tus miedos y hacerte valiente.
La Biblia dice en Josué 1:9, “Mi mandato es: ¡Sé fuerte y valiente! No tengas miedo ni te desanimes, porque el Señor tu Dios está contigo dondequiera que vayas”, (NTV).

Detrás Mío

Un joven pasó de largo por la puerta al entrar a una tienda llevando en su mano la pelota de softball que había comprado mientras sus amigos le esperaban en el parque para su juego. Estaba tan de prisa que no se dio cuenta de la señora que venía detrás de él. Ella traía a un bebé en una mano y muchas bolsas en la otra. El joven no detuvo la puerta al salir y le pegó directamente a la mujer haciéndole caer todas las bolsas que cargaba. Cosas como los biberones del bebé, diminutos juegos, pañales y diferentes artículos salieron volando hasta la calle. El bebé comenzó a llorar asustado y el joven volteó rápidamente diciéndole a la mujer: “perdón, no sabía que venía detrás mío. La señora le dijo: está bien, algunas veces yo tampoco presto atención”.

El joven ayudó a la mujer a recoger todas sus cosas. Al recogerlas, el joven pensó en la frase, “algunas veces yo tampoco presto atención”. Él se puso a pensar en las innumerables ocasiones que no prestaba atención en su vida diaria. Pensó en que pudiera haber dejado que la mujer pasara y nada de esto hubiese pasado. ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida cotidiana? ¿Cuántas veces nos pasa lo mismo en nuestra vida espiritual al no prestar atención a Dios?

Debemos prestar más atención a nuestros alrededores para ayudar a otros. Pero también debemos estar alerta a la voz de Dios. Probablemente Él nos abre la puerta muchas veces y nosotros no queremos entrar. La Biblia dice en 1 de Tesalonicenses 5:6, “Así que manténganse en guardia, no dormidos como los demás. Estén alerta y lúcidos”, (NTV).

Serenidad

La famosa oración de la serenidad dice lo siguiente: “Dios concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo, y la sabiduría para reconocer la diferencia”. Esta simple pero a su vez profunda oración comprende mucho de lo que debe ser nuestra petición diaria hacia Dios. Según el diccionario, una persona serena es “apacible, sosegada, sin perturbación física o moral” (Dic. RAE). Pero, ¿cómo poder llegar a ser personas apacibles y sin perturbación física o moral en un mundo que se encarga de hacer totalmente lo contrario?

Los dilemas constantes que nos presenta el mundo se encargan de robarnos la serenidad. Debemos entender que hay cosas, personas y situaciones que no podremos cambiar. Los cambios no siempre dependen de nosotros y esto tiende a frustrarnos constantemente. Sin embargo, hay cosas que sí podemos cambiar y como la oración lo implora, debemos pedirle valor y tenacidad a Dios para poder hacerlo. Él desea que pongamos de nuestra parte todo lo que podamos para cambiar nuestra manera de pensar, nuestra manera de sentir y nuestra manera de actuar.

Por último, debemos pedir discernimiento y sabiduría. La sabiduría es el conocimiento aplicado de la manera correcta, en el momento indicado y en las condiciones oportunas. El aprender a discernir bien, nos ayudará a escoger bien evitando lo malo y recibiendo las bendiciones de parte de Dios. La Biblia dice en el Salmo 86:11, “Enséñame, Señor, tu camino, para que camine yo en tu verdad. Dale firmeza a mi corazón, para que siempre tema tu nombre”, (RVC).

La actitud lo dice todo

Un día leí una ilustración que aún recuerdo. Un hombre hizo una cita para ver a su doctor. Doctor, se quejó, en todo lugar que me toco parece dolerme últimamente. ¿Me estoy volviendo viejo o solo senil? Si aprieto mis rodillas, me duelen. ¡Si presiono mi estómago, me duele! Aprieto aquí en mi cabeza justo al lado de la sien y eso también me duele ¿Qué me está pasando? El doctor pidió rayos X de todo el cuerpo. Una hora pasó y luego de evaluar cuidadosamente las radiografías, el doctor volvió. Tocándose el mentón, el doctor lentamente empezó a decir: Me parece haber encontrado la razón por la que todo lo que toca le duele. ¡Bien, dígame, contestó ansiosamente el hombre! El doctor señaló las radiografías. “Su cuerpo está bien, pero su dedo está quebrado y por eso todo le duele”.

Si lo analizamos, ese dedo se parece mucho a nuestra actitud. Cuando nuestra actitud está mal “quebrada”, todo nos duele en esta vida. Por consiguiente, no podemos lidiar con las dificultades. Hasta los problemas más insignificantes nos resultan insoportables. Situaciones difíciles todos tenemos, pero la actitud marca la diferencia a la hora de avanzar confiando en la fe.

Todos los seres humanos tenemos un común denominador: fuimos creados por Dios con el potencial de ser personas de éxito. La diferencia la hacemos cada uno de nosotros cuando escogemos cómo responder a cada circunstancia. En resumidas cuentas, “la actitud lo dice todo”. La Biblia dice en Filipenses 2:5, “La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús”, (NVI).

Decide ser feliz

La definición de felicidad es el “estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno”. Si la felicidad es un estado de ánimo, entonces todo ser humano tiene la capacidad y oportunidad de ser feliz porque “ser feliz es una decisión”. Así que todos podemos ser felices cuando decidimos serlo.

Me he dado cuenta que las personas más felices no son las que tienen todo lo que desean tener ni las que gozan de todas las oportunidades en la vida. La felicidad la he visto a través de niños huérfanos en el África, a través de los grupos étnicos en la Amazonía o en las montañas de Chiapas, México. He visto familias felices con un caldo de papa o con unas simples tortillas de maíz recién cocido. He visto la felicidad en enfermos terminales quienes con su sonrisa impregnan de vida cada segundo de su poca y llena existencia. He visto la felicidad de mano de los discapacitados quienes se esfuerzan por servir a otros aun con sus limitaciones. Todos ellos “han decidido ser felices”.

Cuando decides ser feliz no esperas tener nada más de lo que ya tienes. Simplemente decides serlo. Así que, “decide ser feliz”. No esperes un nuevo día, una nueva oportunidad o una nueva condición en la que puedas llegar a estar. Dios quiere que seas feliz hoy. La Biblia dice en Proverbios 15:15-16, “Para el abatido, cada día acarrea dificultades; para el de corazón feliz, la vida es un banquete continuo. Más vale tener poco, con el temor del Señor, que tener grandes tesoros y vivir llenos de angustia”, (NTV).