La Vida

La vida es un viaje y no nuestro destino. Un viaje lleno de notas disonantes que cuando se tocan solas no parecen ser armoniosas. Sin embargo, cuando se tocan en conjunto, producen una hermosa canción dirigida por nuestro Señor quien es el director de la orquesta de la vida.

La vida es colorida. La vida es significativa. La vida es eterna. La vida es agradable. La vida es desafiante pero también muy emocionante y supremamente gratificante. El dolor, los problemas, las dificultades, las pruebas y la enfermedad física son maneras de mostrar verdaderamente quiénes somos y vías para llevar a otros con nosotros en un viaje de glorificar a nuestro Dios.

Disfruta cada momento. Debes estar totalmente presente donde estés. Sé quien eres incluso cuando necesites ser fuerte y audaz. Sé asertivo y muy preventivo. Planea para que no reacciones. No malgastes el tiempo porque este nunca regresará. Sé intencional porque la vida está llena de personas con intenciones pero solo algunas son realmente intencionales.

Morir en esta vida es la única manera de vivir y morir a esta vida es la única manera de vivir por la eternidad.

La Biblia dice en el 2 de Corintios 4:11, “Es cierto, vivimos en constante peligro de muerte porque servimos a Jesús, para que la vida de Jesús sea evidente en nuestro cuerpo que muere” (NTV).

Reproducción

He meditado recientemente en la siguiente frase: “Enseñamos lo que conocemos pero reproducimos lo que somos”. Este es un principio que define cada relación de pacto que Dios ha hecho con el ser humano ya que Él diseñó la reproducción en todo ser viviente. La reproducción fue la primera bendición y el primer mandato de Dios. Es más, Dios escogió establecer Su reino o autoridad por medio de la reproducción de la semilla divina. En otras palabras, hemos sido diseñados para reproducirnos.

Pero, ¿qué reproducimos? No solamente nos reproducimos biológicamente. Somos seres reproductivos y creativos. Reproducimos ideas, procesos, paradigmas, costumbres, filosofías, tradiciones, percepciones, conceptos, modelos, preceptos, ideales, valores, principios y mucho más. Sin embargo, esta ley de la reproducción tiene un limitante. Reproducimos lo que somos y no lo que queremos ser. En otras palabras, el ser precede el hacer. No podemos dar lo que no tenemos y llevar a otros donde nosotros aún no hemos llegado. Así funciona esta ley.

De modo que, ¿cómo te estás reproduciendo? ¿qué estás reproduciendo y en quién te estás reproduciendo? Los sepas o no, ya lo estás haciendo. Es una ley natural. La Biblia dice en Génesis 1:27-28, “Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen. A imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. 28 Luego Dios los bendijo con las siguientes palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense. Llenen la tierra y gobiernen sobre ella. Reinen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que corren por el suelo»” (NTV).

Dependencia Divina

Una día me levanté con esta frase en mente y la escribí en pedazo de papel antes de olvidarla, “La perfección más grande a la que un alma aspira la alcanza cuando más depende de la gracia divina”. Nuestra alma es donde albergamos nuestros sentimientos, emociones y voluntad. Dios mismo nos ha hecho sensibles para poder sentir Su amparo y fortaleza en los momentos de desesperación. Nos ha dotado de emociones para animar, ayudar y ser de bendición a otros. Nos ha dado una voluntad para discernir Su voz y seguirle.

Cuando hablo de perfección, al igual que en las epístolas del apóstol Pablo, me refiero a la madurez. Entonces, creo que la madurez en su máxima expresión la experimentamos al depender completamente de la gracia de Dios. Pero, ¿cómo podemos hacerlo? En primer lugar, reconociendo que no podemos depender de nuestra propia opinión ni de nuestra propia prudencia. De ser así, cometeríamos muchos errores. En segundo lugar, no podemos depender totalmente de otros porque usualmente llegarán a decepcionarnos. Tampoco podemos depender de los recursos porque estos pueden llegar a agotarse. En tercer lugar, debemos reconocer que somos seres finitos y no tenemos control de muchas cosas aunque quisiéramos tenerlo.

Finalmente, debemos depender de la gracia divina, del favor inmerecido y de la provisión diaria de parte de Dios. Solo así seremos plenos, seguros y por su puesto alcanzaremos la “madurez” espiritual. La Biblia dice en el Salmo 54:4, “Pero Dios es mi socorro; el Señor es quien me sostiene”, (NVI).

La Brevedad de la Vida

Hace algunos días, mientras estaba en el gimnasio recibí el texto de la esposa de mi amigo, el Pastor Joe Gerault, informándonos que el había muerto. Aunque en cierta manera todos estábamos esperando su partida debido a que estaba en estado terminal, fue algo que produjo una gran tristeza en mi corazón. De inmediato, me bajé de la máquina y partí hacia el hogar del Pastor Joe. Allí yacía su cuerpo inerte pero triunfante después de sufrir por 12 años de una enfermedad degenerativa llamada ataxia.

Joe fue un héroe de la fe. En todo momento tenía una palabra de aliento. Se vestía con camisas hawaianas para comunicar que la vida es hermosa y llena de colores aunque él ya estaba muriendo gradualmente. En el transcurso del tiempo, pasó de caminar firmemente, a caminar con un bastón, después a estar en una silla de ruedas y últimamente estaba confinado a una cama sin poder hablar lidiando con un descontrol en muchos de sus órganos vitales. Lo que nunca cambió fue su actitud. Él siempre estuvo confiado en Cristo y decía: “God is good”, Dios es bueno.

De sus labios no escuché quejas sino ánimo. Me visitaba en mi oficina hasta cuando pudo para preguntarme como estaba, para orar por mí y siempre interesado por mi familia. Él me enseñó que aunque la vida es breve y frágil, también la vida nos enseña a ser fuertes y vigorosos en la fe. Él vivió hasta su último momento por fe. ¡Yo espero hacerlo también! ¿y tú? La Biblia dice en Hebreos 11:6, “En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan”, (NVI).

Introspección

Ralph Waldo Emerson dijo, “Lo que está detrás de nosotros y lo que tenemos ante nosotros son asuntos pequeños en comparación con lo que hay dentro de nosotros”. Lo que tenemos dentro de nosotros nos afecta diariamente. Lo que vemos en los demás es un reflejo de lo que encontraremos en nosotros mismos. Nuestros juicios y quejas externas realmente nos apuntan hacia adentro. Es decir, en un viaje de introspección consciente o inconsciente. Cuando te das cuenta de lo que brota de ti mismo, puedes comenzar a caminar por el camino de la paz.

La introspección es lo opuesto al auto-rechazo. Es la mirada amorosa que nos liberará y levantará. Sin embargo, a veces puede ser un proceso doloroso al buscar soluciones creativas para nuestros problemas. No es fácil hacer brillar la luz sobre las partes negadas de nuestras sombras y tampoco hay atajos hacia ningún lugar que valga la pena ir. La introspección es esclarecedora, te ayuda a reconocer tus desencadenantes, te permite tener una visión clara de tu personalidad, de tus fortalezas, debilidades, emociones y motivaciones.

El cambio correcto y duradero se produce solo a través de una voluntad introspectiva amorosa hacia el perdón, el amor y la aceptación que Dios nos ofrece. La Biblia dice en el Salmo 139:23-24, “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce los pensamientos que me inquietan. 24 Señálame cualquier cosa en mí que te ofenda y guíame por el camino de la vida eterna” (NTV).

No Me Molestes

“No me molestes”. Esta es la frase que se usa comúnmente. Comenzando por el niño que se frustra a los dos años de edad y grita, “no me molestes”, como el adolescente quien abiertamente tira la puerta de su cuarto enojado diciendo: no me molestes. De la misma manera, el adulto quien con sus acciones ignora a otros incluyendo a sus seres más queridos y sin palabras está gritando: no me molestes, como el anciano quien ya no tiene a nadie quien lo moleste. Al parecer la vida es irónica. Iniciamos gritando no querer la molestia de otros y terminamos añorando la molestia por lo menos de una persona al lado nuestro.

Pero, ¿por qué no queremos que nos molesten o irrumpan nuestra vida? No queremos que nos molesten porque somos seres egoístas. Nos frustramos con otras personas porque en lo más profundo de nuestro ser, nos frustramos con nosotros mismos. Nos molestamos con nuestros pensamientos, con nuestras emociones, con nuestras acciones y con nuestras decisiones. Por ende, nos molestamos con los demás. Las diferencias innatas nos causan molestias y las incongruencias de la vida también logran hacerlo.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Reconocer que somos seres egoístas y que nos frustraremos con nosotros mismos. No permitir que las cosas mínimas ni las personas nos logren molestar fácilmente. Identificar la causa de la molestia y no tomar las cosas de manera personal y tan a pecho. Finalmente, pedir a Dios que calme nuestras molestias y nos colme con Su sabiduría. La Biblia dice en el Salmo 34:19, “Muchas son las angustias del justo, pero el Señor lo librará de todas ellas” (NVI).

Bullying (Matoneo)

El matoneo o bullying en inglés es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada o a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula como a través de las redes sociales. El acoso de otros se convierte en un acoso individual creando ambientes hostiles, desafiantes y contraproducentes. Este dilema ha llegado a afectar a muchos niños y jóvenes causando problemas de comportamiento muy complejos que muchas veces es difícil de tratar.

Pero, aunque no seas niño o joven en ocasiones también contribuyes al acoso de otros. ¿Qué decir de las palabras despectivas que ocasionalmente usamos para referirnos de otras personas? También hemos sido partícipes de conversaciones donde se goza el usar los sobrenombres y las críticas hacia otras personas como algo normal cuando es totalmente erróneo.

Entonces, ¿qué puedes hacer para frenar la corriente del “bullying” actual? He aquí unos pasos: no participes de ello, recuerda la regla de oro, “trata a otros como quieres que te traten a ti”, corrige a aquellos que maltratan a otros, defiende a los que no pueden hacerlo por sí mismos, busca siempre la justicia, la paz y la reconciliación. Pero sobre todo, recuerda que Dios honra a los que aman a su prójimo. La Biblia dice en Mateo 22:37-39, “37 Jesús contestó: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. 38 Este es el primer mandamiento y el más importante. 39 Hay un segundo mandamiento que es igualmente importante: Ama a tu prójimo como a ti mismo” (NTV).

Primer Día De Trabajo

¿Recuerdas la agitación que sentiste en el estómago por la tensión del primer día de trabajo? Surgen preguntas como: ¿Saldrá bien? ¿Y si hago algo mal hecho? ¿Le caeré bien al jefe y a los demás? ¿Podré con todo lo que me asignen?

Un día Jesús envió a sus discípulos a un nuevo trabajo. Les dio unas indicaciones un poco inusuales como, “no lleven con ustedes nada de dinero, ni bolso de viaje, ni un par de sandalias de repuesto; y no se detengan a saludar a nadie en el camino” (Lucas 10:4- NTV). Cuando llegó casi al fin de su discurso, su timbre de voz se hizo más alto y exigió atención diciendo: El que acepta el mensaje de ustedes me acepta también a mí. El que los rechaza a ustedes a mí me rechaza (Lucas 10:16- NTV). ¡Esto fue un mensaje de esperanza! El grupo comenzó a dispersarse, tragándose las incertidumbres y saliendo con el compañero asignado para la misión.

Unos días más tarde cuando vieron a Jesús parece que sus caras habían cambiado. La incertidumbre ya no les gobernaba y sonreían al darle el reporte de su misión. ¿Por qué? Porque el primer día de trabajo siempre conlleva incertidumbre. Recuerda que Dios es quien te llama, quien te sustenta y quien te ayuda. La Biblia dice en Sofonías 3:17, “Pues el Señor tu Dios vive en medio de ti. Él es un poderoso salvador. Se deleitará en ti con alegría. Con su amor calmará todos tus temores. Se gozará por ti con cantos de alegría” (NTV).

Cuando te cansas

Tengo momentos en que me canso de hacer lo que estoy haciendo. Todos tenemos esos momentos. No importa cuál sea tu posición en la vida, habrán días en los que el cansancio te agobiará. Incluso, puedes pasar por una temporada más larga en la que sientes apatía y desinterés. Pueden haber muchas razones por las que tendríamos que buscar diligentemente en oración. Pero a menudo solo necesitamos animarnos y volver a empezar.

Tenemos que hacerlo a propósito en lugar de esperar a que aparezca un sentimiento que nos mueva de nuevo hacia la acción. La gratitud me ayuda a empezar de nuevo en esos días. Cuando cuento todas mis bendiciones, me sorprende ver la bondad de Dios hacia mí. Me hace ser agradecido conmoviéndome y haciendo que mi vida se cobre más fuerza y esperanza. Tener grandes expectativas también me energiza y me motiva. Eso se llama “fe”. No tenemos que esperar para ver, sino creer para ver.

La tercera cosa que hago cuando me canso, es quitar de mí ese pensamiento de cansancio y servirle a alguien más. Cuando lo hago, funciona todo el tiempo. En poco tiempo, me siento entusiasmado con la vida y emocionado de reanudar mi servicio al Señor. La Biblia dice en el Salmo 27:13, “Sin embargo, yo confío en que veré la bondad del Señor mientras estoy aquí, en la tierra de los vivientes” (NTV).

Yo Quiero Eso

Un día prendí el Televisor exactamente en uno de esos canales que transmiten programas de remodelación, mejoras e ideas para el hogar llamado HGTV. Me llamó la atención el título del programa en inglés que estaban transmitiendo llamado, “I want that” o “quiero eso” en español. El programa presenta los más recientes inventos para el hogar al igual que los últimos artículos y promociones para que la audiencia piense en “yo quiero eso”. Tuve que reírme cuando escuché el nombre del programa porque reconocí que los productores se habían aferrado a un rasgo muy humano porque tendemos a querer lo último y lo mejor de todo, ya sea que lo necesitemos o no.

Esto me recordó a una frase que escribió Richard Foster en su libro, “La libertad de la simplicidad”, donde dice: Los medios de comunicación construyen una cosmovisión que va en contra de la filosofía religiosa de la bienaventuranza. La televisión nos sugiere que las cosas más frívolas y pasajeras nos harán increíblemente felices. El propósito de todo este bombardeo intencional es aumentar el deseo. El plan es cambiar el pensamiento de “no lo necesito” por “sería bueno tenerlo”. Luego por “realmente lo necesito” y finalmente por “tengo que tenerlo”.

Así como Eva vio el hermoso fruto prohibido en el huerto y dijo, “yo quiero eso”, seguimos ejerciendo la misma práctica. Sin embargo, cuando sabemos que tenemos a Dios, tenemos la posesión más grande del mundo, ¿lo quieres? La Biblia dice en Hebreos 13:5, “No amen el dinero; estén contentos con lo que tienen, pues Dios ha dicho: nunca te fallaré. Jamás te abandonaré”, (NTV).