Desesperación

“La desesperación puede hacer que una persona haga cosas sorprendentes”. Esta es una gran verdad ya que hay muchas cosas se hacen a causa de la desesperación. Por ejemplo, malas decisiones, malas inversiones y malas relaciones. La definición de desesperación es: “la pérdida total de la esperanza, de la paciencia o de la tranquilidad de ánimo, causada generalmente por la consideración de un mal irreparable o por la impotencia de lograr el éxito” (RAE).

Dios desea que le entreguemos nuestra desesperación , intranquilidad y condiciones que parecen ser irreparables. Él desea enmendar nuestro corazón, colmar nuestras ansiedades y tranquilizar todo nuestro ser. Él es la fuente de paz y de tranquilidad. Él es quien produce el querer como el hacer. Él es quien nos perdona, levanta, sustenta y alienta. Es más, Él puede reparar lo irreparable. Entonces ¿qué debemos hacer?

He aquí unas opciones: debemos entregar nuestras ansiedades delante de Él, debemos depositar nuestra intranquilidad en Sus manos, debemos dejar ante Sus pies nuestros dolores, pesares, desaciertos y circunstancias que son causantes de desesperación. Pero sobre todo, debemos aprender a esperar en Él. La Biblia dice en Santiago 1:4, “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (RV1960).

Expectativas

La vida está llena de expectativas. Desde pequeños, entramos en un mundo exigente de expectativas académicas, relacionales, profesionales y hasta espirituales. Hablando acerca de las expectativas, Denis Waitley dijo: “Espera lo mejor, planea lo peor y prepárate para sorprenderte”. Muchas de las cosas que esperamos no se dan y las que se dan, muchas veces no se han esperado. La vida es sorprendente.

Pero ¿qué tipo de expectativas debemos cumplir? He aquí el meollo del asunto. Algunos siempre tratan de cumplir las expectativas de otros menos las de ellos. Otros solo piensan en sí mismos y se olvidan de los demás. Entonces, ¿cuál es la solución? La respuesta es simple, pero a su vez muy profunda. Es tratar de cumplir las expectativas de parte de Dios. Para ello, debemos conocer Su Palabra y Sus principios para cada uno de nosotros. Si nos centramos en las expectativas humanas, nunca estaremos satisfechos. Como dice Alejandro Santafé: “Esperamos tanto que los demás sean como nosotros deseamos, que nos volvemos incapaces de aceptarlos como realmente son. Por lo tanto, no son las personas las que nos decepcionan, son las expectativas que tenemos de ellas, las verdaderas causantes de todas nuestras desilusiones”.

Dios solo espera que le entregues tu corazón y que le sigas con todo tu ser ¿lo harás? La Biblia dice en Miqueas 6:8, “Oh pueblo, el Señor te ha dicho lo que es bueno, y lo que él exige de ti: que hagas lo que es correcto, que ames la compasión y que camines humildemente con tu Dios” (NTV).

Inquietud O Tranquilidad

¿Sabías que a las ovejas no les gusta acostarse? Nosotros somos como ellas con nuestra intranquilidad. Sin embargo, si no descansamos, Dios nos hará descansar. El descansar no es el único camino, pero sí es muy saludable. La inquietud conduce al agotamiento produciendo fatiga física, emocional y espiritual. Necesitas más que dormir para curar esos dos últimos.

Uno de los nombres hebreos de Dios es Jehová “Shalom”. Shalom significa paz. Jehová Shalom significa “Yo soy el Dios de la paz“. Jesús dice en Juan 14:27: “Les dejo un regalo: paz en la mente y en el corazón. Y la paz que yo doy es un regalo que el mundo no puede dar. Así que no se angustien ni tengan miedo“ (NTV).

Si Dios dice: “Te estoy ofreciendo un regalo de paz”, lo dice en serio. No es algo por lo que tienes que trabajar. No es algo que te mereces. No es algo por lo que tienes que suplicar. La paz no tiene nada que ver con una vida libre de problemas. Es simplemente un regalo que debes elegir y está disponible para ti hoy.

La Biblia dice en el Salmo 127:2, “De nada sirve que ustedes se levanten muy temprano, ni que se acuesten muy tarde, ni que trabajen muy duro para ganarse el pan; cuando Dios quiere a alguien, le da un sueño tranquilo”, (TLA)

La Culpa

Leí la siguiente frase en la sala de espera al esperar en una cita: “El sentimiento de culpa nos impide ver las cosas con claridad”. Cada uno de nosotros ha experimentado el sentimiento de culpabilidad. ¡Nadie hace todas las cosas bien! Por ejemplo, herimos a otras personas y actuamos de manera egoísta. Muy frecuentemente decimos las cosas menos amables a las personas que más amamos. Justamente como no podemos esconder nuestros pecados ante Dios, tampoco podemos esconder de Él nuestra culpabilidad.

No obstante, solamente una cosa funciona para deshacerte de la culpa: “Confesar tus pecados y confiar en el perdón de Dios”. La palabra confesión en el griego es homologeo. Homo significa el mismo. Logeo significa hablar. Así que confesión significa “estar de acuerdo con Dios”. Es decirle a Dios: “Tú estás bien, Dios. Yo estoy equivocado.” Jesús toma todas tus culpas, las perdona y las carga sobre Él mismo.

Si tú no te sientes perdonado, significa que no comprendes por completo la bondad de Dios. Cuando Jesús murió, Él cubrió todos tus pecados, los lanzó a la profundidad del océano y puso un letrero que dice: “No pescar”. Si tú has confesado tus pecados ante Dios ¿por qué los sigues arrastrando cuando Dios ya se olvidó de ellos? La Biblia dice en Isaías 53: 5-6, “Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades . . . Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros” (NTV).

Liberando El Alma

Jimi Hendriz dijo: “Con el poder del alma cualquier cosa es posible”. El alma es la habitación de nuestros sentimientos, emociones y voluntad. Sin embargo, el alma es también prisionera de resentimientos, amarguras y raíces muy profundas que afectan nuestro accionar y nuestro vivir. La pregunta que surge es ¿qué hacer para que Dios restaure nuestra alma?

Primero, confía en el buen pastor para perdonar tus pecados. Aunque somos destituidos de la gloria de Dios por nuestros pecados, también somos justificados por medio de Cristo Jesús. En segundo lugar, libera a tus ofensores y enfócate en el futuro. Es decir, tu alma no puede ser restaurada hasta que dejes ir el resentimiento. La Palabra de Dios nos anima a “abandonar toda amargura, ira, enojo, gritos y calumnias y toda forma de malicia” (Efesios 4:31). Por último, únete a Jesús para que Él lleve tus cargas. Cuando estás unido a Jesús, no tienes que soportar tu carga solo. La Escritura lo dice claramente: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso” (Mateo 11:28, NVI).

Recuerda que Dios está atento para restaurar al quebrantado de corazón. Acércate a Él. La Biblia dice en Isaías 41:13, “Porque yo soy el Señor tu Dios, que sostiene tu diestra, que te dice: No temas, yo te ayudaré” (NTV).

Pasando Por Quebranto

El gran filósofo Plantón dijo lo siguiente: “Hay ocasiones en que es más ventajoso experimentar un quebranto que un lucro”. El quebranto es parte esencial de la vida. Cada cambio que experimentamos en la vida incluye una pérdida, porque renunciamos a algo antiguo para obtener algo nuevo. De hecho, no hay pérdida sin dolor y no hay dolor sin quebranto. El quebranto no es malo. Es la forma en que logramos las transiciones en la vida. Lo que es malo es el dolor de él sin procesarlo. Si no te afliges, te quedarás estancado emocionalmente y pasarás el resto de tu vida reaccionando a algo que sucedió hace mucho tiempo. ¡Eso no es saludable!

No todo lo que es útil y saludable te hará sentir bien. Muchas veces la única respuesta apropiada y lógica a la vida es el dolor por las pérdidas, las decepciones y el sufrimiento. Dios no espera que seas feliz todo el tiempo. Es más, Dios quiere que seas intencional con tu dolor ya que este es una elección. Los grandes momentos en la vida son usualmente precedidos por el quebrantamiento.

En conclusión, no hay dolor que puedas experimentar que Jesús no lo entienda. Él ha experimentado toda la soledad, toda la traición y todo el rechazo que posiblemente podamos vivir. La buena noticia es que Él vino a sanar nuestros corazones. Así que cuando estás pasando por un quebrantamiento, acércate a Dios. Él puede restaurarte. La Biblia dice en el Salmo 34:18, “El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; Él rescata a los de espíritu destrozado” (NTV).

Dios Te Protege

Un día leí la siguiente frase: “Nadie derrumba a quien Dios levanta. Nadie derrota a quien Dios protege. Nadie maldice a quien Dios bendice”. Dios es nuestra protección. Por ejemplo, las ovejas por naturaleza son animales indefensos, por eso es que el pastor utiliza algunas herramientas para cuidarlas y protegerlas. El pastor usa una vara para proteger y un cayado con un pequeño gancho para rescatarlas. Nosotros somos como ovejas perdidas, así que Jesús vino a la tierra para ser nuestro buen Pastor. Así como un pastor usa las herramientas físicas de la vara y el cayado para proporcionar dirección y protección, Dios quiere protegernos y dirigirnos.

Hay algunas maneras como Dios nos protege. Primero, si le traes tus heridas, Él es compasivo. Él tiene compasión de nosotros porque sabe que somos indefensos sin Él (Mateo 9:36). Segundo, si lo sigues, Él te lleva en la dirección correcta. Él va primero como Pastor y te conduce para que vayas por el buen camino (Juan 10:4). Tercero, si te confundes o te alejas, Jesús te traerá de vuelta. Él deja atrás a las ovejas que están bien y se va en búsqueda de la perdida hasta que la encuentra, ¡qué bendición! (Mateo 18:12). Cuarto, si fracasas o caes, Jesús te rescata y te pone en el camino de la recuperación (Mateo 12:11-12). Por último, si confías en Él para salvación, Su promesa se cumplirá.

La Biblia dice en Juan 10:11, “»Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida en sacrificio por las ovejas” (NTV).

Actitud

Alguna vez escuché la siguiente frase que me puso a pensar: “Nuestra vida depende un diez por ciento de las cosas que nos pasan, pero un noventa por ciento de la actitud con que respondemos a cada una de ellas”. En otras palabras, nuestra vida no depende solo de las circunstancias, sino de cómo respondemos a ellas. Como dicen por ahí: “La actitud lo dice todo”.

Si cambiamos nuestra actitud, podemos cambiar muchas de nuestras emociones, pensamientos y acciones. Winston Churchill dijo: “La actitud es una pequeña cosa que marca una gran diferencia”. Por ejemplo, puede que una actitud positiva no resuelva tus problemas, pero molestará a suficientes personas para que el esfuerzo merezca la pena. De modo que, esfuérzate por tener la mejor actitud posible aunque sea muy desafiante.

Se ha dicho que la felicidad de una persona no depende de un determinado conjunto de circunstancias, de una receta mágica, de preparación o de unas condiciones óptimas. La felicidad está relacionada con el conjunto de actitudes que diariamente se aplican en cada etapa y situación que la vida nos presente. Las actitudes son contagiosas. Entonces ¿vale la pena contagiarse de la tuya? La Biblia dice en Filipenses 2:5 “Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús” (NTV).

Él Es Tu Defensa

¿Qué haces con las personas que te atacan? Se requiere de mucha fe y humildad para descansar y confiar en Dios cuando estás bajo ataque, cuando te mal entienden y cuando esparcen rumores acerca de ti. Cuando esto sucede, todo tu interior se quiere levantar y hacer algo al respecto. No obstante, confía en Dios como tu defensor y deja que Él trate con ellos.

El rey David sabía lo que significaba ser atacado. Él fue ungido cuando joven por el profeta Samuel para ser el rey de Israel, aún cuando Saúl seguía siendo rey. A pesar de que David le servía lealmente, Saúl estaba celoso y decidió matarlo. David se tuvo que esconder en cuevas mientras era difamado por todo el reino. Sin embargo, David nunca tramó venganza ni replicó quejándose ante Dios. Al contrario, él le dijo al Señor: “Me preparas un banquete en presencia de mis enemigos” (Salmos 23:5). ¿Suena como que David estaba estresado? ¡No! Él no tuvo que invertir sus energías defendiéndose porque confiaba en Dios como su defensor.

Dios no solo quiere defenderte, sino tener un compañerismo contigo. Mientras estamos en la batalla, Él prepara un banquete para nosotros. Es una fiesta en la zona de combate. Es un banquete en el campo de batalla. Él es tu Padre, tu amigo y tu defensor. La Biblia dice en Cantares 2:4, “Él me escolta hasta la sala de banquetes; es evidente lo mucho que me ama” (NTV).

¿Es Tu Conciencia Tu Guía?

¿Has escuchado personas decir: “simplemente deja que tu conciencia te guíe? Es verdad que Dios nos ha dado una conciencia para ayudarnos y guiarnos, pero no es infalible. Tu conciencia puede estar equivocada. Cada emoción es temporal bien sea buena o mala. Por ejemplo, puedes estar fascinado con Disneyland, pero no va a durar. Puedes estar muy contento después de haber ganado un juego, pero no va a durar. Puedes estar muy contento recién casado, pero eventualmente te darás cuenta de que cada matrimonio tiene sus altos y bajos. Lo mismo sucede con los sentimientos cuando estás desanimado, enojado, eufórico, feliz o triste. Las emociones no son permanentes.

Tienes dos opciones: puedes dejar que las emociones te guíen o que te confundan o puedes ser guiado por la Palabra de Dios. La primera te defraudará, la segunda siempre terminará en vida. Para ayudarte, hazte las siguientes preguntas: ¿has experimentado un tiempo en que tus emociones te guiaron mal? ¿cuando te diste cuenta de que tu conciencia te apartó del camino verdadero? ¿sabes cuál es la diferencia entre tu conciencia y la voz de Dios? ¿cómo puedes alimentar tu conciencia con la Palabra de Dios?

Las respuestas a estas preguntas te ayudarán para ser guiado por la voz de Dios, ejercitando tu conciencia y siendo guiados por los principios bíblicos que nunca fallarán. La Biblia dice en Proverbios 14:12, “Delante de cada persona hay un camino que parece correcto,
pero termina en muerte” (NTV).