Celos Santos

John Blanchard dijo: “Dios siente celos por el bienestar de Sus redimidos, pero nosotros no podemos tener celos por nada ni por nadie”. ¿Por qué los celos santos son un atributo de Dios, pero un pecado para nosotros? Simplemente por la motivación de nuestro corazón. Dios no siente celos de nosotros porque envidie algo que tenemos que Él no tenga. Los celos de Dios no tienen nada de egoísmo como los nuestros. Como dice el dicho, nuestro celos son: “Celos, benditos celos”.

Dios nos ama tanto que está celoso de que le alabemos solo a Él y de que vivamos una relación íntima con Él. Por otro lado, cuando somos celosos es debido a razones egocéntricas. Queremos algo para nuestro propio placer. Los celos de Dios son centrados en otros y los celos humanos son centrados en nosotros mismos.

Si te encuentras experimentado celos hoy, hazte la siguientes preguntas: ¿Quién o qué es el objeto o la causa de estos celos en mi corazón? ¿Quiero lo mejor para otras personas o para mi mismo? Esto nos ayudará a evaluarnos sinceramente delante de Dios. La Biblia dice en Proverbios 14:30, “La paz en el corazón da salud al cuerpo; los celos son como cáncer en los huesos” (NTV).

El Decir “No” Te Ayuda

Una de las palabras de más importancia para recordar en tu caminar de fe es la palabra “no”. Tu jornada de fe es larga y muchas personas la emprenden, pero se salen antes del final. ¿Por qué? Simplemente porque no aprendieron a decir “no”. Dios quiere que vayas renunciando a los pesares del ayer y que le entregues los problemas del hoy. No podrás correr en la maratón de la vida cristiana si te encuentras cargando con pesos innecesarios.

No tenemos que intentar hacer demasiado. Simplemente debemos aprender a decir no a lo que ya no es edificante y sí a lo que nos ayuda en nuestro caminar de fe. A veces queremos hacer demasiado, pero Dios desea que aprendamos a desprendernos de nuestro ego, de los pecados, de los pensamientos negativos, del pasado que nos suele atormentar, de la culpa que parece llegar y de las ataduras que ya no debemos tener.

Dile “no” al pecado, a las tradiciones y vicios que te roban la paz y que no te dejan correr en la maratón de la fe. Dile no a las malas compañías que no te dejan crecer. Dile no a todo lo que impida tu crecimiento espiritual. Te aseguro que al decir “no” a lo malo, experimentarás las bendiciones de las promesas de ser obedientes a la Palabra de Dios. Estas siempre son buenas y se cumplen. La Biblia dice en 2 de Corintios 1:20, “20 porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios” (RV1960).

Cuando Los Débiles Son Fuertes

¿Estas cansado y te sientes que corres sin fuerzas? Al final del día, te sientes agotado y quedas sin energía muchas veces sin quererte parar. Tu fuerza es limitada, pero la de Dios es ilimitada. Tu fuerza es finita, pero la fuerza de Dios es infinita. Tu fuerza es agotable, por eso te agotas, pero la fuerza de Dios es inagotable. Dios nunca se queda sin energías y nunca se cansa.

Uno de los cristianos más famosos del siglo XIX fue un hombre llamado Hudson Taylor. Él fue misionero en la China. Fue conocido como un hombre brillante y como un gigante en la fe. En su vejez, perdió su salud y se debilitó gradualmente. Escribió una carta a un amigo que decía: “Estoy tan débil que ya no puedo trabajar. Estoy tan débil que ya no puedo estudiar, tan débil que ya no puedo leer mi Biblia, ni siquiera puedo orar. Solo puedo recostarme en los brazos de Dios como un niño pequeño quien confía en Él.

¿Qué haces en esos momentos donde te sientes tan débil? Debes descansar en la fuerza de Dios y reposar en Sus brazos como un niño confiando en su papá. La debilidad puede ser algo bueno si nos hace depender de Dios. Esto parece ser paradójico, porque entre más débil te sientes, más dependes de Él. La Biblia dice en 2 de Corintios 12:10, “10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (NTV).

¿Crees No Tener Tiempo?

El principio de “úsalo o piérdelo” es universal. Si no haces ejercicio, tus músculos se atrofian. Si no inviertes tu dinero, lo perderás gradualmente. Si no aprendes a usar tu mente, te volverás cada vez más torpe a medida que envejeces. Si tienes un talento y no lo practicas, lo perderás. En cambio, si haces lo contrario, te sorprenderás con los resultados. De modo que, si usas tus músculos, te harás más fuerte. Si inviertes un poco tu dinero, se multiplicará poco a poco y si practicas tu talento, serás conocido como todo un talentoso.

¿Qué necesitas más en tu vida? ¿Energía, tiempo, dinero, o talento? He aquí el secreto: “Lo que sea que necesites, toma lo poco que tienes y comienza a usarlo para servir desinteresadamente a otras personas, entonces verás cómo Dios lo multiplica” Probablemente digas: “No tengo tiempo para servir a otras personas o ya no tengo tiempo para hacer todo lo que necesito hacer, ¿cómo podría agregar algo más?” Entonces, ¿por qué te excusas que no tener tiempo?

¿Por qué Dios te habría de dar más tiempo si solo vas a gastarlo en ti? La intención de Dios no es que invirtieras tu tiempo solo en ti mismo. Él multiplicará tu siembra. Esto se podrá ver con tu tiempo, recursos, talentos y hasta en áreas que no imaginabas. Pero si no lo usas, lo pierdes. De modo que, “inviértelo bien”. La Biblia dice en Hebreos 13:20a-21b, “20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos…os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad…” (NTV).

Dando Lo Mejor

Ben Carson dijo: “Da lo mejor de ti. No te conformes con nada menos que hacer lo mejor para ti y para los demás”. Todos los días debemos vivir bajo dicha premisa de dar lo mejor de nosotros. En otras palabras, necesitamos tener una dedicación total, estrechar nuestros límites para dar lo mejor de nosotros. En este caminar debemos amar la jornada y aprender de la misma, porque la señal de que verdaderamente estamos amando, proviene de dar lo mejor que hay en nosotros.

Entonces, ¿estas dando lo mejor de ti? Déjame darte unos puntos cruciales que nos ayudan a dar lo mejor de nosotros. Primero, donde quiere que estemos, debemos estar allí completamente. Bien sea una tarea rutinaria de trabajo o un tiempo familiar, debemos estar totalmente presentes. Segundo, usa las habilidades que posees para añadir valor a otros y para bendecir a los demás. Tercero, desarrolla un espíritu de aprendizaje. Haz que cada situación, por más desafiante que sea, se convierta en un continuo aprendizaje. Cuarto, da lo mejor de ti aunque los resultados no sean los esperados. Por último, siempre pide dirección a Dios. Él está dispuesto a guiarte, enseñarte y protegerte en cada momento de tu vida.

De modo que, “da lo mejor de ti”. La Biblia dice en 2 de Corintios 9:7,“Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría” (NVI).

Una Vez Más

“Una vez más”, es la expresión que usamos cuando estamos tratando algo y necesitamos intentarlo una y otra vez. Estas palabras las he escuchado muchas veces en mi vida. Desde pequeño he escuchado como mis padres, profesores, amigos y familiares me han dicho o ellos mismos han pronunciado esta simple, pero poderosa expresión.

“Una vez más” es característico de un espíritu de empeño y emprendimiento. Una vez más es el inicio de algo hermoso a lo cual se quería renunciar. Una vez más es un paso de obediencia aunque no se desee tomar. Por ejemplo, debemos hablar una vez más, perdonar una vez más, pensar una vez más, intentarlo una vez más, confiar una vez más, escribir una vez más, compartir una vez más, disfrutar una vez más, entre muchas otras cosas que debemos hacer “una vez más”.

¿Te imaginas que Dios no aplicara este principio? Él nos ha perdonado una vez más las veces que ha sido necesario. Él nos ha amado una vez más aunque pareciera que fuese imposible amarnos. Él ha sido fiel una vez más aunque nosotros seamos infieles. Él te ha provisto una vez más en los momentos más difíciles. Y tú, ¿qué necesitas hacer, decir o decidir una vez más?
La Biblia dice en Romanos 6:10, “10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive” (RV1960).

Héroes No Nombrados

La vida está llena de héroes no reconocidos. Me refiero a aquellos que son fieles, siervos, abnegados, sacrificados, determinados y que dan el todo de sí por otros sin esperar ningún tipo de recompensa. En nuestros días, dichos héroes son aquellos que responden primero a los desastres naturales o accidentes, los militares que arriesgan sus vidas, los vecinos que intervienen en tiempos críticos, los maestros quienes con sus palabras cambian el rumbo de una vida en particular, los doctores, psicólogos, misioneros, ministros y muchos más quienes no esperan el ser nombrados, pero que dan el todo de sí.

La Biblia está llena de héroes no reconocidos. Uno de los más prominentes es José, el esposo de María y padre terrenal de Jesús. Se nombra en los primeros capítulos de los evangelios de Mateo y Lucas durante el nacimiento de Jesús, pero desaparece de la escena cuando Jesús inicia su ministerio. Sin embargo, podemos inferir que él tuvo una tarea muy difícil al pastorear a María y a Jesús en los momentos tan críticos después de su nacimiento. José fue un hombre entregado a la Palabra de Dios (Mateo 1:20-25). Debido a la formación tan especial que vemos en Jesús a la edad de doce años (Lucas 2:41-52), José tuvo que haber invertido emocional y espiritualmente en Él de una manera excepcional.

Así que, “arriba a los héroes no reconocidos”, aunque otros no los ven, Dios sí los ve. La Biblia dice en 2 Timoteo 2:13, “Si somos infieles, él permanece fiel, pues él no puede negar quién es” (NTV).

El Hubiera Sí Existe

Todos hemos escuchado la frase que dice: “El hubiera no existe”, sin embargo, yo digo que “el hubiera sí existe”. Es verdad que no podemos cambiar las decisiones, actos o palabras del pasado, pero sí podemos aprender las grandes lecciones que el pasado posee. El hubiera sí existe cuando reconocemos nuestros errores, cuando enfrentamos las consecuencias de nuestras malas decisiones y cuando tratamos de resarcir lo que parece ser irreparable.

Aunque no podemos cambiar el pasado, sí podemos ser estudiantes del mismo. Es más, en repetidas ocasiones lo que lamentamos no haber dicho o hecho se nos presenta de nuevo. En esa instancia, el hubiera puede ayudarnos. De modo que ya no esperes más para decir, hacer o emprender lo que “el hubiera” te ha dejado. Si el hubiera te ha marcado, deja que te marque de la mejor manera posible y cambia tu “hubiera” en un “pudiera”.

Desde hoy puedes comenzar a decir: “Yo pudiera hacer esto o aquello en lugar de decir lo hubiera hecho”. Te aseguro que esta práctica tan simple, puede cambiar mucho de tu vivir. La Biblia dice en Isaías 43:18, “Pero olvida todo eso; no es nada comparado con lo que voy a hacer” (NTV).

De Todos Modos, Dios Te Ama

Dios no dejará de amarnos cuando nos equivocamos. El mensaje central de la Biblia es este: “Dios no te ama a causa de quién eres o lo que hayas hecho, sino a causa de quién es Él y lo que Él ha hecho”. Dios te hizo y Él te ama, ¡fin de la discusión! No puedes hacer que Dios te ame más o que te ame menos. Él te ama tanto en tus malos días como en los buenos. Su amor no se basa en tu desempeño. Tus fracasos no sorprenden a Dios. Él los espera. Él sabe de lo que estás hecho porque Él te creo.

La Biblia tiene una palabra para esto, se llama “amor” y es absolutamente sorprendente. Dios nos mira y nos dice: “Elegí amarte y no puedes hacer que deje de hacerlo”. Incluso cuando estamos ridículamente equivocados, Dios no deja de amarnos. Es verdaderamente un amor sorprendente. Cuando entiendas Su amor, podrás descansar de tus fracasos y tener la confianza de tomar más riesgos. Tal vez no estás seguro de que merezcas Su amor y Su gracia y piensas que se ha cansando de tus constantes esfuerzos de cambio.

Sin embargo, puedes descansar. Dios nunca se cansa de tener una conversación contigo. Nunca está demasiado ocupado. No importa cuántas veces vengas a Él para pedir perdón, Él estará esperándote con los brazos abiertos. La Biblia dice en el Salmo 103:14, “Pues él sabe lo débiles que somos; se acuerda de que somos tan solo polvo” (NVI).

Después del Fracaso

¿Qué pasa después del fracaso? Tú y yo nos equivocamos en repetidas ocasiones. Aunque no estamos llamados a vivir con la culpa, sí tenemos que lidiar con las consecuencias de nuestros errores. La Palabra de Dios no esconde los episodios cuando sus héroes dolorosamente fracasaron. Por ejemplo, Dios salvó al mundo del diluvio a través de un hombre llamado Noé quien se emborrachó, desnudó y arruinó todo. Moisés guío al pueblo de Israel hacia la libertad del cautiverio en Egipto, pero su enojo evitó que entrara a la tierra prometida. El rey David fue un hombre conforme al corazón de Dios, pero también falló teniendo una aventura y asesinó al esposo de la mujer para no ser descubierto.

De modo que Dios conoce nuestras debilidades. Si Él solo usara a personas perfectas, la Biblia sería un libro muy corto. Sin embargo, Él tiene una solución para nuestros fracasos y se llama “gracia”. Si buscamos los fracasos en la Biblia, nos llevamos una clara imagen de que tú y yo somos trofeos de la gracia de Dios. Solo podemos tener ese regalo inmerecido. Así que no se trata de los errores, sino de cómo los enfrentamos. ¿Los confiesas? ¿Te lamentas o te deleitas en la gracia de Dios?

Dios cambia nuestros fracasos en triunfos. La gracia de Dios nos perdona y nos da la fuerza para poder comenzar. La Biblia dice en Colosenses 2:14, “Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz” (NVI)