No hay días malos

¡No he tenido un día bueno en mucho tiempo! Fue el comentario que recibí de un señor en el aeropuerto recientemente. Es más, esta persona añadió diciendo: “Parece ser que hay muchos días malos y solo unos pocos buenos”. Al escuchar esas palabras, me puse a pensar en lo que le respondería. Lo primero que se me pasó por la mente fue decirle: “No hay días malos, solo días en los que tenemos que aprender a confiar más en Dios”. El señor me volteó a mirar firmemente, pensé que me había metido en problemas por mi comentario, pero después me dijo: “Cuéntame de ese Dios que dices, porque yo no lo conozco y quizá sea lo que necesite”. Tuvimos una conversación muy amena acerca de Dios y de su fe. Al final, antes de abordar el avión, me dijo: “Ya lo entendí, no hay días malos, solo días donde debemos aprender de Dios”. ¿No es así?

La Palabra de Dios menciona que cada día ha sido hecho para confiar, pedir y depender en Él. Sus misericordias se renuevan cada mañana y grande es Su fidelidad. Su amor no se agota. Además, cada día está lleno de nuevas oportunidades.

Entonces, ¿recibirás cada día como un regalo de parte de Él? Recuerda que no hay días malos, sino que cada uno de ellos trae una lección de parte de Dios. La Biblia dice en el Salmo 23:6, “Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre” (NTV).

Cuando sientes ahogarte

Recuerdo cuando estaba chico y fui por primera vez al mar. Fue una experiencia muy linda. En mi ímpetu de ir a nadar me fui corriendo para lanzarme al agua y nadar como si fuera una piscina. Tal fue mi sorpresa que las olas me acobijaron hundiéndome de tal manera que pensé y me iba a ahogar. Salí rápidamente, pero literalmente con unas buenas onzas de agua salada en mi estómago. ¿Has sentido que te ahogas? Quizá no en tu vida física, pero sí en tu vida emocional, familiar, laboral o hasta en tu vida espiritual.

Una vez escuché una frase que me llamó la atención que dice: ¨Si sientes que te ahogas y ya no puedes más, recuerda que Jesús caminó sobre las aguas¨. Cuando sientas ahogarte, debes recordar que no estás solo, que Jesús está contigo. Él es quien te levanta, quien te sustenta y quien te alienta. Él es quien pueda sacarte de las profundidades de tus problemas, de todos tus dolores, de tus malas relaciones y de tus pobres decisiones. Él es quien te sostiene con Su mano y quien camina contigo mano a mano.

De modo que si sientes ahogarte, solo clama a Jesús. Él puede llegar a tu rescate. La Biblia dice en el Salmo 25:5, “Guíame con tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios que me salva. Todo el día pongo en ti mi esperanza” (NTV).

Sé agradecido

Hay un canto cristiano antiguo muy conocido que en el coro dice: “Agradecimiento hay en mi corazón, canto de alegría elevo con mi voz, muchas son las cosas que mi Dios me ha dado y en agradecimiento le sirvo a mi Señor”. Aún en medio de los fuertes procesos, sé agradecido, porque el agradecimiento abrirá la puerta que traerá todas las demás bendiciones. Como dice una frase: “Si una persona no es agradecida con lo que tiene ahorita, difícilmente lo será cuando lo obtenga” (Frank A. Clark).

Una actitud de agradecimiento debe tener siempre cabida en nuestra vida. Estudios demuestran que la gente agradecida es más feliz, porque en vez de preocuparse por las cosas que le faltan, agradecen por lo que tienen y logran experimentar plenitud alcanzando la madurez emocional. El desarrollar una actitud de agradecimiento nos ayuda a crecer y a trascender, porque la raíz de todo bien reposa en el principio de la gratitud.

Entonces, ¿por qué estás agradecido hoy? Enumera la lista de las cosas por las que estás agradecido, fomenta una cultura de agradecimiento y agradécele a Dios. Saldrás totalmente reconfortado, animado y desafiado.
La Biblia dice en el Salmo 75:1, “¡Te damos gracias, oh Dios! Te damos gracias porque estás cerca; por todas partes, la gente habla de tus hechos maravillosos” (NTV).

A pesar de…

Últimamente he pensado mucho en la expresión, “A pesar de”. He visto como a pesar de nuestras debilidades, incongruencias, afanes, ansiedades, errores y malas decisiones, aún Dios sigue obrando. A pesar de nuestra terquedad, de nuestra indecisión, de nuestra incredulidad, de nuestro temor, de nuestra inseguridad y de nuestra complejidad, aún seguimos caminando hacia delante. Es más, “a pesar de todo lo que Dios sabe de nuestro pasado, presente y futuro, Él nos ama y nos llama a seguirle pase lo que pase”.

A pesar de todo, Dios me ama. ¡Qué principio tan real! No importa lo que haya hecho, lo que haga y lo que llegue a hacer, Dios me seguirá amando. Su amor por mi no depende de lo que yo haga o deje de hacer, depende de lo que Él ya hizo por mi. A pesar de mis múltiples fallas, de mi desobediencia y de mi pecado, Dios me ama. ¿No te alegra saber de esta verdad tan liberadora? Y, ¿cómo respondes a ese tipo de amor?

Este tipo de amor nos debe acercar más a Él, nos debe hacer más dependientes a Él y nos debe hacer más obedientes a Su Palabra para poder experimentar Sus riquezas. Recuerda que “a pesar de todo”, Él te ama. La Biblia dice en Deuteronomio 7:9, “9 Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos” (NTV).

Nada Oculto

“Con el tiempo todo se descubre; las mentiras más ocultas, las razones más ciertas y las personas más falsas”. Por más de que te esfuerces en esconder algo, como dice el antiguo proverbio: “La verdad siempre sale a la luz”. Este es un principio incambiable. En ocasiones, lo mejor es quedarnos callados ya que el tiempo hablará y gritará las verdades en el momento menos esperado, pero oportuno. Es muy importante vivir bajo la verdad, porque el omitir una verdad nos hace esclavos de una mentira.

La mentira dura mientras la verdad llega. La verdad es como la luna, puede permanecer oculta un tiempo, pero siempre acaba estando a la vista de todos. Entonces, vive y practica siempre la verdad, porque tarde o temprano las personas que mienten son descubiertas y se quedan sin el respeto y sin el honor de otros. Pero, ¿qué debes hacer si has ocultado algo? Confesarlo por más difícil que sea. Hablar siempre con la verdad aunque esta no sea bien recibida. Esperar antes de actuar. Ser genuinos y auténticos al practicar la integridad recordando que la vida lo cobra y lo paga todo.

Deja de pretender vivir bajo la sombra de la mentira, porque te hundirá cada vez más en la ilusión, mientras que la luz de la verdad, te conducirá siempre hacia una vida en plenitud. La Biblia dice en Juan 8:32, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (RV1960).

No Todo Hace Sentido

Hay cosas que no hacen sentido, por ejemplo noticias inesperadas, situaciones abruptas, relaciones rotas, oportunidades, pérdidas, etc. Nuestra mente trata de racionalizar, procesar y hacer que todo haga sentido. Sin embargo, hay cosas que solo ocurren por designio divino. Hasta el científico Albert Einstein dijo: “Cada día sabemos más y entendemos menos”. En otras palabras, no todas las cosas tienen una explicación lógica y coherente.

Qué decir de los milagros, de los sucesos inesperados, de las pruebas, de las luchas, de las victorias, de las derrotas, de los premios inmerecidos, de las cosas sorprendentes, de los sueños completados, de las situaciones incoherentes, pero a su vez coherentes. En fin, no todo tiene una explicación, pero sí un propósito. Lo que para nosotros parezca no tener sentido para Dios sí lo tiene. Él conoce los tiempos, las personas, los sucesos y cada proceso.

De modo que lo que para nosotros no suele tener sentido, para Él sí lo tiene. Por lo tanto, dependamos de Él, escuchemos Su voz, aprendamos la lección de cada aspecto que pasa en nuestras vidas y preguntémosle lo siguiente: Señor, ¿qué quieres que yo haga? La Biblia dice en Job 42:2, “2 Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (RV1960).

No Somos Esclavos Del Temor

Al pasar recientemente por una prueba de fe como familia, hay un canto que nos ha edificado mucho y tiene como título, “Ya no soy un esclavo del temor” (No Longer Slaves). Pasamos por pruebas físicas, emocionales, espirituales, relacionales y de muchas otras formas. Recibimos noticias inesperadas, perdemos relaciones significativas, las oportunidades parecen cerrarse, las opciones parasen menguar y el tiempo parece actuar en contra nuestra. Sin embargo, debemos saber que Dios está obrando.

Lo primero que viene a nuestra vida es el temor. El temor a lo incierto, el temor a perder lo que más queremos, el temor de no poder hacer algo más que lo que ya hemos hecho, el temor de no seguir viviendo, en fin, son muchos temores. Sin embargo, como hijos de Dios no podemos ser esclavos del temor. Somos hijos del gran Rey y Él está obrando en Su mejor interés para nuestras vidas. Él obra a nuestro favor aunque nos duela pasar por las pruebas. Él está puliendo nuestras vidas y haciendo algo grande en nosotros.

Aunque no lo entendamos, debemos reposar en el amor de Dios. Él es nuestro Padre y tiene los mejores planes preparados para nosotros. Entonces, ya no seas esclavo del temor, ¡vive acobijado y abrazado en las promesas de Dios! La Biblia dice en 1 Juan 4:18, “18 sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor” (NTV).

Lo eterno

C. S Lewis, famoso escritor cristiano, dijo: “Apunta al cielo y tendrás la tierra por añadidura. Apunta a la tierra y no tendrás ninguna de las dos”. ¿A dónde estás apuntando? Me imagino que usualmente le apuntas a las cosas terrenales. Es decir, a los afanes de la vida, a las grandes ocupaciones, a las muchas responsabilidades, a los múltiples compromisos y a las tantas relaciones de los que están a nuestro lado.

Hemos perdido nuestro enfoque y allí radica la raíz de nuestros problemas. Es necesario apuntar nuestros esfuerzos a las cosas que Dios desea para nosotros. Debemos amar a Dios para poder amar a los demás. Debemos conocer a Dios para poder conocer nuestro propósito y no divagar. Debemos servir para disfrutar de la grandeza que proviene del servicio. Debemos recordar que el pasar por esta vida es decidir nuestra eternidad, porque lo que hacemos en esta vida tendrá su eco por la eternidad.

En conclusión, es necesario recordar que la tierra no tiene ninguna tristeza que el cielo no pueda curar, es decir, nuestra eternidad. La Biblia dice en 2 Corintios 4:18, “18 Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre” (NTV).

Algo duradero

Un discípulo mío quien recientemente se casó escribió en su invitación de bodas su emblema de vida para su matrimonio que dice: “Que nuestra vida sea como un viaje misionero que dure para toda la vida”. ¡Qué lindas y más sinceras palabras! Hablan de una larga duración. Pero, ¿pensamos en algo duradero o solo en algo pasajero? ¿Pensamos en lo permanente o en lo inestable? Debemos pensar en las cosas que son de larga duración. Es decir, en lo trascendente y eterno.

El enfocarnos en las cosas pasajeras nos impedirá ver con claridad lo que Dios ha preparado. Él desea que invirtamos nuestras vidas en lo no perecedero, en lo infinito que afecta lo finito. Se nos recuerda una y otra vez en las Sagradas Escrituras el poner nuestra mirada en las cosas de arriba, en lo celestial y no solo en lo terrenal. Se nos anima a ver más allá de nuestras posibilidades, predicciones o preferencias.

¿Te has puesto a pensar si estás solo sobreviviendo en tu vida o si verdaderamente estas concentrando tus esfuerzos en lo que vale la pena? ¿Estas enfocándote en lo duradero o en lo perecedero? Si te enfocas en lo perecedero, perecerás, pero si te enfocas en lo permanente y en lo eterno, vivirás en plenitud no solo en esta vida, sino por la eternidad. La Biblia dice en 1 Juan 2:17, “17 y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre” (NTV).

Visión sin acción

Una frase que comparto a menudo dice: “Visión sin acción es pura ilusión”. Frecuentemente me encuentro personas muy entusiastas y eufóricas quienes me comparten su visión. Usualmente los escucho con detenimiento para animarles, pero les hago la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los pasos que estás tomando para llevar a cabo dicha visión? En repetidas ocasiones, la euforia se pierde y la respuesta es demasiado débil o vaga careciendo de claridad.

Puedes tener la visión más grande, pero si no das un paso intencional de fe para llevarla a cabo, se podrá convertir en una simple y llana ilusión. El mundo está lleno de personas ilusas, quienes se alimentan de visiones, pero les falta el elemento de la “acción”. He aquí algunos consejos para ponerle acción a tu visión. Primero, consulta si tu visión va de acuerdo a la visión de Dios. Esto se alcanza al leer Su Palabra, al fomentar la oración y al buscar el consejo de personas sabias quienes conocen de Dios. Segundo, elabora un plan de acción con pasos concretos y simples. Enumera cada etapa, los recursos, entrenamiento que necesitas y calcula los costos relacionales, físicos y espirituales. Tercero, invita a otros para que se unan a esta visión. Recuerda que solo podrás ir rápido, pero acompañado llegarás lejos. Por último, pero de suma importancia, busca la guía y la dirección de Dios. Él sabe qué es lo mejor para tu vida y conoce tu futuro. La Biblia dice en Santiago 2:17 , “Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil” (NTV).