Tras el devastador tsunami de 2011, Japón invirtió en extensos muros marinos a lo largo de su costa, diseñados con base en el estudio detallado de eventos anteriores. Aunque ningún muro elimina por completo el riesgo, estas estructuras han demostrado reducir significativamente el impacto de futuras olas sobre comunidades costeras enteras.
Dios mismo funciona como muro protector para quien se refugia en Él, no eliminando toda dificultad, pero conteniendo su fuerza destructiva. El Señor Jesús se describió como refugio para quien viene a Él cargado, ofreciendo protección real aunque invisible ante los ojos humanos.
Quizá sientes que necesitas una protección más firme frente a lo que se avecina en los próximos días. Buscar a Dios como refugio no es debilidad ni evasión de la realidad; es reconocer con claridad dónde realmente se encuentra la fortaleza verdadera.
Dios contiene lo que amenaza con arrasarlo todo.
La Biblia dice en Salmos 18:2: “Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fuerte mío, en él confiaré; escudo mío, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio”. (RV1960).