La cosecha compartida

Muy pocas veces un agricultor cosecha algo que sembró completamente solo. Antes de que la semilla llegara a su mano, alguien desarrolló esa variedad, alguien más construyó el sistema de riego, otro predijo la lluvia con semanas de anticipación. Lo que se recoge en una cosecha rara vez es obra de una sola persona, aunque solo una reciba el crédito al final.

Israel entendía esto mejor que muchas culturas modernas. La ley mosaica ordenaba dejar los bordes del campo sin cosechar, para que los pobres y los extranjeros pudieran recoger algo también. No era caridad opcional; era parte del diseño de la cosecha misma. Nadie tenía derecho a quedarse con el cien por ciento de lo que la tierra producía, porque la tierra, en primer lugar, no le pertenecía del todo.

Esa misma lógica aplica a lo que cosechas hoy en tu vida: una carrera, una familia, una fe madura. Ninguna de esas cosechas creció aislada de las manos de otros que sembraron antes de que tú llegaras.

Da gracias hoy no solo por lo que tienes, sino por todos los que ayudaron, sin que lo supieras, a que llegara hasta ti.

La Biblia dice en Deuteronomio 8:10: “Y comerás y te saciarás, y bendecirás a Jehová tu Dios por la buena tierra que te habrá dado”. (RV1960).

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