Volver al lugar de origen

Poco después de la Segunda Guerra Mundial, el biólogo Arthur Hasler volvió a los montes Wasatch, en Utah, donde había crecido. Mientras subía por un sendero, antes de divisar una cascada que frecuentaba de niño, una brisa con aroma a musgo y flores silvestres le devolvió de golpe los recuerdos de su infancia. Entonces se preguntó si el salmón encontraría su hogar de la misma manera. Sus investigaciones en la Universidad de Wisconsin confirmaron la intuición. El salmón graba en su memoria el olor del arroyo donde nació, y tras años en el océano, ese olor lo guía de regreso al mismo lugar.

El alma humana también guarda memoria de su hogar. Por eso el profeta Oseas llamó al pueblo a volver a Jehová, porque solo en Él estaba su sanidad. Siglos después, el Señor Jesús contó la historia de un hijo que, lejos de casa, recordó la abundancia de la casa de su padre y decidió regresar.

Quizá te has alejado de la oración, de la iglesia o de tu primer amor. Hoy es un buen día para emprender el regreso, porque el Padre no te espera con reproche, sino con los brazos abiertos.

Nunca es tarde para volver a casa.

La Biblia dice en Oseas 6:1: “Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará”. (RV1960).

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