En 2015, investigadores de la Universidad de Oxford publicaron un estudio sobre catorce ibis eremitas jóvenes que migraban de Austria a Italia guiados por un parapente con motor. Cada ave llevaba un pequeño registrador de datos. Volar al frente es la tarea más agotadora, y los resultados revelaron que las aves se turnaban para hacerlo. Cada una pasaba cerca de un tercio del vuelo detrás de otra, aprovechando su estela de aire, y un tiempo semejante al frente, abriendo camino. Ninguna cargaba siempre con la parte más dura.
Esa escena recuerda una batalla en Refidim. Mientras Israel peleaba, Moisés sostenía en alto sus manos, y cuando se cansaron, Aarón y Hur se las sostuvieron, uno de cada lado. En el pueblo de Dios, el liderazgo nunca fue un esfuerzo solitario. No es casualidad que el Señor Jesús enviara a Sus discípulos de dos en dos.
¿Llevas mucho tiempo al frente? Permite que otros te releven. ¿Has ido siempre detrás? Quizá sea tu turno de abrir camino. En la familia de la fe, la carga se reparte.
Turnarse al frente también es una forma de amar.
La Biblia dice en Éxodo 17:12: “Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol”. (RV1960).