En pleno invierno antártico, con temperaturas que pueden bajar de los cuarenta grados bajo cero, los pingüinos emperador se juntan en grupos tan apretados que caben unos veinte en cada metro cuadrado. En 2011, un estudio que fotografió esos grupos durante horas descubrió algo que a simple vista no se notaba. Cada treinta a sesenta segundos, los pingüinos dan casi al mismo tiempo un pasito de cinco a diez centímetros. Con el tiempo, esos pequeños movimientos coordinados reorganizan el grupo entero y lo mantienen compacto y abrigado.
Así funciona también el amor entre hermanos. Nadie sobrevive al invierno del alma aislado en la orilla. El apóstol Pablo exhortó a los creyentes a amarse con amor fraternal y a preferirse unos a otros en honra. El Señor Jesús, por Su parte, dijo que el mundo reconocería a Sus discípulos por el amor que se tuvieran.
Mira a tu alrededor. Quizá alguien de tu iglesia atraviesa un invierno largo y se ha quedado en la orilla. Acércate, llámalo, hazle espacio. Un pequeño paso de amor puede devolverle el calor.
En la familia de Dios, el calor se comparte.
La Biblia dice en Romanos 12:10: “Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. (RV1960).