El charrán ártico es un ave marina pequeña, y aun así hace la migración más larga que se conoce. En 2010, un equipo de investigadores de Groenlandia colocó localizadores de apenas un gramo y medio a varios de ellos. Descubrieron que viajan cada año entre Groenlandia y la Antártida, recorriendo unos setenta y un mil kilómetros. Como pueden vivir treinta años o más, a lo largo de su vida recorren unos dos millones cuatrocientos mil kilómetros, el equivalente a tres viajes de ida y vuelta a la Luna.
Ningún vuelo aislado explica esa distancia; la explica la constancia de cada año. La vida de fe funciona igual. El apóstol Pablo animó a los creyentes de Tesalónica a no cansarse de hacer el bien, y el Señor Jesús enseñó que quien persevere hasta el fin será salvo.
No menosprecies la fidelidad de cada día. Una oración diaria, una obediencia sencilla y un servicio constante, sumados durante años, recorren distancias que hoy no alcanzas a ver.
La constancia de cada día llega más lejos de lo que imaginas.
La Biblia dice en 2 Tesalonicenses 3:13: “Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien”. (RV1960).