Cuando el camino se hace largo

Cada otoño, las ballenas grises dejan sus zonas de alimentación en los mares del norte, cerca de Alaska, y nadan hacia el sur a lo largo de la costa del Pacífico hasta las lagunas de Baja California, en México. Allí nacen muchas de sus crías. Según el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, es una de las migraciones más largas de cualquier mamífero al recorrer unos dieciséis mil kilómetros de ida y vuelta. Solo el viaje hacia el sur les toma de dos a tres meses.

Hay temporadas en las que el camino parece no terminar. Israel peregrinó cuarenta años por el desierto, y al final Moisés le recordó algo asombroso. En todo ese tiempo, su ropa no se gastó, ni sus pies se hincharon. Dios los sostuvo cada día del trayecto. El Señor Jesús prometió a Sus discípulos que estaría con ellos todos los días, hasta el fin del mundo. Por lo tanto, si tu camino se ha hecho largo, mira hacia atrás y reconoce cómo Dios te ha sostenido. El mismo que te cuidó hasta aquí te llevará hasta el final.

Recuerda que durante el camino largo, Dios te sostiene en cada paso. La Biblia dice en Deuteronomio 8:4: “Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años”. (RV1960).

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