Una conversación en el depósito de una zapatería cambió a un joven, y por medio de él, a multitudes. En 1855, Edward Kimball, maestro de escuela dominical en Boston, visitó la zapatería donde trabajaba uno de sus alumnos, Dwight Moody. Hablaron entre las cajas de zapatos y allí Moody entregó su vida a Cristo.
Moody llegó a ser uno de los grandes evangelistas de su siglo y predicó en Estados Unidos y en Gran Bretaña. Aquel maestro solo fue fiel a un alumno.
Nadie llega a la fe solo. Hoy, domingo, piensa en la persona que Dios usó para formarte, un maestro, una abuela, un pastor. Agradece por su vida y por sus palabras y escríbele o llámale si aún puedes. La gratitud mantiene vivo lo mejor de quienes nos antecedieron.
La Biblia dice en Hebreos 13:7: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe”. (RV1960).