Corrie ten Boom dio gracias por las pulgas. Escondió a judíos en su casa durante la Segunda Guerra Mundial. La descubrieron, y terminó con su hermana Betsie en el campo de Ravensbrück. Su barraca estaba tan abarrotada que los camastros eran un hervidero de pulgas.
Según cuenta en su libro El refugio secreto, esa mañana habían leído que debían dar gracias en todo. Betsie propuso agradecer incluso por las pulgas. Corrie se negó, y al final cedió. Después descubrieron que los guardias evitaban entrar a esa barraca. Allí pudieron leer la Biblia con libertad.
No siempre entenderemos por qué algo forma parte de nuestra historia. Agradecer no es fingir que duele menos. Es confiar en que Dios obra donde no alcanzamos a ver. Hoy piensa en eso que te estorba, ese detalle pequeño o grande y entrégaselo a Dios con gratitud.
La Biblia dice en Efesios 5:20 que debemos estar “dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. (RV1960).