Los Ladrones Del Gozo

¿Conoces cuáles son los ladrones del gozo diariamente en nuestra vida? Yo identifico cuatro claramente. El primer ladrón son “las circunstancias”. El poeta Byron escribió: “Los hombres son el hazmerreír de las circunstancias”. Nos sentimos muy gozosos cuando las cosas van viento en popa, pero sentimos aflicción cuando las circunstancias no son las que esperábamos. Incluso, nos cambia el ánimo con muchas de las circunstancias. 

El segundo ladrón del gozo es “las personas”. Hay personas que nos roban el gozo por lo que son, por lo que dicen y por lo que hacen, lo cual nos llega a afectar a nosotros. Recordemos que la gente puede ser supremamente cambiante. Lo tercero son “las cosas”. Entre más tenemos, se supone que más estaríamos contentos. Pero hasta los que más tienen, sus mismas posesiones les quitan o roban la paz. Así que no sólo el tener nos producirá gozo en nuestras vidas. 
Finalmente, “la preocupación” nos tiende a robar la paz. Nos preocupamos por cosas que aún no pasan y por las que ya han pasado. Este es el peor ladrón de todos que crea ansiedad, desosiego e inseguridad. ¿Qué hacer? Debemos dejar que el gozo de Dios sea nuestra fortaleza diaria. De esta manera, ningún ladrón lo robará fácilmente. La Biblia dice en Nehemías 8:10b,Este es un día sagrado delante de nuestro Señor. ¡No se desalienten ni entristezcan, porque el gozo del Señor es su fuerza!” (NTV)   

El Entrenador

¿Cuántos hemos tenido algún entrenador en nuestras vidas? Quizá un entrenador de educación física en el colegio y algunos que han estado envueltos en deportes lo han experimentado en sus equipos. Por otro lado, aficionados del deporte usualmente andan hablando de los entrenadores bien sea para bien o para mal.

La verdad es que del entrenador dependen muchas cosas como la estrategia, las decisiones, el ánimo, la cultura del equipo, la estabilidad, la intervención en medio de las crisis, etc. El entrenador es vital para cualquier deportista a nivel individual y también a nivel colectivo. En nuestro caminar de la fe tenemos algunos entrenadores. Es decir, voces a las que les prestamos importancia y hacemos caso en nuestro diario vivir. Unas de estas voces pueden ser nuestro pasado, nuestras experiencias, nuestras relaciones, nuestro entorno, una persona en particular, entre otros. De modo que muchos pueden tomar el rol de la voz del entrenador. Sin embargo, para el creyente, la única voz de entrenador debe ser la de Dios.  

Él es nuestro entrenador en los olímpicos de la fe. Entonces, ¿escuchas Su voz, obedeces a Su Palabra, crees en Sus promesas? Si no conoces a este entrenador, hoy es día para que lo hagas. Él quiere adiestrar y dirigir tu vida. La Biblia dice en Deuteronomio 5:33, 33 Manténganse en el camino que el Señor su Dios les ordenó que siguieran. Entonces tendrán una vida larga y les irá bien en la tierra donde están a punto de entrar y que van a poseer” (NTV)  

¿Cómo ver a Dios?

Desde hace ya algún tiempo he tratado de desarrollar un hábito que me ha ayudado a ver la obra de Dios en mi vida. Antes de dormir, trato de recordar lo que viví en ese día para encontrar evidencias de la obra de Dios en mi. Me hago algunas preguntas: ¿Cómo me dirigió Dios a la hora de tomar alguna decisión? ¿Respondió alguna de mis preguntas? ¿Me protegió de alguna situación? ¿Cómo me ayudó? ¿De qué me libró? ¿Qué milagro obró?

El hacer un recuento de la obra o actividad de Dios en mi vida y en la de mi familia, me ha hecho considerar Su profundo cuidado y Su amor para mi. La evidencia del poder de Dios está en todas partes, si tan sólo la buscamos. Ver el mundo con los ojos de la fe bien abiertos cambia la perspectiva del “no puedo a puedo porque Dios esta conmigo”. 
Entonces, ¿cómo ves a Dios? Lo podrás ver en lo más mínimo o en lo más grande alrededor tuyo. Sólo abre tus ojos espirituales y ve todo lo que Dios hace por ti, en ti y a través de ti. La Biblia dice en Jeremías 29:13, Si me buscan de todo corazón, podrán encontrarme” (NTV)   

La obediencia lo cambia todo

“La obediencia marca la diferencia”. El que no aprende a someterse y a seguir las reglas, no puede lograr mucho en su vida. Como dicen por ahí: “La obediencia y la paciencia son la mejor ciencia”. La obediencia lo cambia todo. El apóstol Pedro es un ejemplo de esto. Jesús lo llamó a seguirle y él dejando las redes de pescador decidió seguirle convirtiéndose en uno de sus discípulos. 

Pedro aprendió que la obediencia a Dios nunca nos decepciona. Cristo llenó las redes vacías de Pedro y lo convirtió en un pescador de hombres. Dios puede hacer lo mismo con nuestra economía, nuestras relaciones o cualquier otro aspecto de nuestra vida. Pero Él lo hace a Su manera y de acuerdo con Sus propósitos. Pedro también aprendió que obedecer a Dios hace evidente Su poder en nuestra vida. El sí de Pedro le permitió ser testigo de un milagro. De modo que el sí nuestro, puede llegar a presenciar lo mismo. Finalmente, Pedro aprendió que la obediencia nos ayuda a entender a Dios y a nosotros mismos. Pedro llegó a tener una mejor visión al reconocer Su pecado y a seguir a Cristo como su Señor. Entonces, ¿deseas ser obediente? La Biblia dice en Juan 14:23, Jesús contestó:—Todos los que me aman harán lo que yo diga. Mi Padre los amará, y vendremos para vivir con cada uno de ellos” (NTV)

Que Tu Sí Sea Sí

Desde pequeño mis padres me enseñaron el popular dicho que dice: “más vale que no prometas y que cumplas a que prometas y no cumplas”. Recuerda que tu sí sea sí y que tu no sea no. Aunque son frases comunes y que escuchamos constantemente, nos enseñan un valor y un principio fundamental: “el valor de la palabra”. 

Nuestra palabra tiene poder, pero también tiene mucho valor. El valor de la palabra lo pone cada persona al ser constante y cumplir entre lo que dice y lo que hace. ¿Cuántas veces hemos escuchado personas que dicen sí a algo y quedan mal? En otras palabras, carecen de compromiso y de responsabilidad. Al transcurrir el tiempo, estas personas pierden credibilidad con los que le conocen de cerca porque saben que sus palabras literalmente se las lleva el viento. 
Entonces, debemos ponerle valor a nuestras palabras. Que nuestro sí sea sí y nuestro no sea no. Que nuestras palabras sean avaladas por nuestras acciones y que otras personas corroboren nuestros hechos al conocernos como personas que valoran y practican la verdad. La Biblia dice en Mateo 5:37, Simplemente di: “Sí, lo haré” o “No, no lo haré”. Cualquier otra cosa proviene del maligno” (NTV)   

¿Ganas algo preocupándote?

¿Has ganado algo preocupándote? ¿Has cambiado algo en tu estado actual con sólo preocuparte? Creo que todos responderíamos con un rotundo no. La preocupación excesiva es nociva para la salud. Se ha demostrado que hay más enfermedades psicopáticas en nuestros días que en días antiguos. Entonces, si la preocupación no es nada nuevo, ¿cómo podemos reemplazar la preocupación por la paz?

La ansiedad surge cuando las cosas van mal y pensamos que la única solución depende de nosotros. Elaborar un plan de acción puede parecer el camino hacia la paz, pero nunca nos liberará de nuestros miedos. Puesto que la mentalidad del mundo es poderosa, resulta fácil perder el rumbo mientras buscamos la vida abundante que el Padre celestial nos promete.
Entonces, el Señor Jesucristo es el único que nos libera de las preocupaciones, pero debemos someternos continuamente a Su cuidado para que podamos estar tranquilos. De modo que, sean cuales sean nuestras circunstancias, Dios siempre nos ayudará, tal vez no de la manera que esperamos, pero sí de la forma que nos ayude a acercarnos más a Él quien es la única fuente de paz verdadera. La Biblia dice en Juan 16:33, 33 Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo” (NTV)  

No es como parece

“No todo es como parece”. Las apariencias engañan y no todo lo que brilla es oro. Estas son frases que nos muestran la realidad de la vida en la cual lidiamos con múltiples apariencias las cuales nos confunden, desaniman y hasta nos tienden a cambiar de dirección. 

Usamos la frase para hablar aparentemente de una dicha suposición. Sin embargo, vivimos en un mundo lleno de suposiciones. Somos prontos para juzgar a otros en base a lo que nuestros ojos pueden ver. Tratamos de adelantarnos a formular conceptos erróneos en base a suposiciones que nos empañan la visión para poder ver mejor.  
Debemos recordar que no todo es como parece y como se ve. Las apariencias de verdad engañan y más engañará a quien sólo se fije en ellas. Recordemos que las cosas buenas salen del corazón y que la esencia de una persona se percibe por sus acciones y se sienten con el alma. La Biblia dice en Juan 7:24, No juzguen por las apariencias; juzguen con justicia” (NVI)  

Abrirse con los demás

Parece que vivimos en un mundo muy abierto donde la gente tiene acceso a nuestra identidad fácilmente. La popularidad de las redes sociales revela nuestro deseo de conectarnos con otros, sin embargo, muchas personas siguen sintiéndose solas. De hecho, incluso en el hogar, el trabajo o en la iglesia, las personas a veces se sienten rodeadas por extraños. El dejar que realmente nos conozcan, en parte, es nuestra responsabilidad. En vez de construir un muro de protección, debemos tratar de abrirnos y dejar que otros entren a nuestra vida.

La caída de Adán y Eva suele traer a la mente la desconexión que creó el pecado entre Dios y la humanidad, pero esto también afectó todas las relaciones humanas desde entonces. Como resultado, el temor y el orgullo amenazan con esclavizarnos debido al aislamiento y a la autoprotección.Los muros en una relación pueden ser difíciles de reconocer, pero a veces, el tratar de protegernos se demuestra con resentimiento, desconfianza y murmuraciones. Pídele a Dios que te muestre las maneras en las que puedes estar dejando fuera a alguien. Él te ayudará a derribar los obstáculos en tu relación con Él y con los demás. La Biblia dice en Proverbios 18:24, Hay quienes parecen amigos, pero se destruyen unos a otros; el amigo verdadero se mantiene más leal que un hermano” (NTV)   

Esperanza

“La esperanza es lo último que se pierde” dicen por ahí. La verdad es que sentir esperanza es esencial para vivir. Si no creemos que nos espera algo mejor, podemos hundirnos en la más profunda depresión. Por otro lado, el ser optimistas también puede desilusionarnos, cuando lo que esperamos no se materializa. Entonces, ¿cómo saber dónde poner nuestra esperanza y cómo reaccionar si no se cumple lo que esperamos?

La esperanza es segura cuando está en armonía con los deseos de Dios. Sin embargo, muchas de nuestras expectativas se basan en deseos o sentimientos. Anhelamos ascensos en el trabajo, una buena salud, relaciones sólidas o soluciones a nuestros problemas, no obstante, no tenemos ninguna promesa absoluta de Dios de que todo esto será parte de Su voluntad para nosotros. El desilusionarnos de Dios es algo que puede ocurrir si nuestras expectativas no coinciden con Su plan. Incluso cuando la esperanza se basa en una promesa bíblica, es posible que Dios no la cumpla de la manera o en el plazo que la esperamos.
Entonces, la esperanza es segura cuando no es subjetiva y depende o se origina de nosotros. Dios es bueno y soberano y aún cuando una expectativa terrenal no se cumpla como deseamos, podemos tener gozo al recordar que nuestra esperanza segura y eterna esta en Dios. La Biblia dice en el Salmo 42:11,¿Por qué estoy desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón?
¡Pondré mi esperanza en Dios! Nuevamente lo alabaré, ¡mi Salvador y mi Dios!” (NTV) 

Sin Razón Alguna

Hay palabras y acciones que se expresan o se dicen sin razón alguna. Algunas personas suelen excusarse diciendo que han hecho las cosas sin razón alguna. En otras palabras, sin un argumento que los avale fácilmente, porque en cierta instancia, la razón se compone de verdades que hay que decir y verdades que hay que callar, pero también de acciones que hay que hacer y acciones que nunca debemos llegar a hacer. 

La razón es necesaria, pero algunos son esclavos de ella. La razón siempre ha existido, pero no siempre de una forma razonable especialmente cuando no se razona bien. El ser humano no puede vivir de pura razón, porque los sentimientos alimentan y complementan a la razón. Como dicen por ahí: “Si la razón hace al hombre, el sentimiento lo conduce”. 


Dios nos ha hecho como seres racionales sin ser llevados sólo por nuestros instintos. Él nos ha dado la razón para poder pensar antes de actuar y para adquirir de Su sabiduría para vivir mejor. Busquemos un balance entre la razón y nuestros sentimientos para poder vivir en plenitud y no excusarnos de hacer las cosas “sin razón alguna”. La Biblia dice en Proverbios 21:2, “La gente puede considerarse en lo correcto según su propia opinión, pero el Señor examina el corazón” (NTV)