Una Persona Influyente

¿Has pensado en lo que significa una persona influyente? El mundo usualmente comunica la idea que una persona influyente es aquella que es exitosa, talentosa y reconocida por los demás. Sin embargo, la Palabra de Dios nos da ejemplos de personas comunes quienes Dios usó extraordinariamente. Por ejemplo, un padre. Uno de ellos es Zebedeo quien se menciona solo dos veces en los evangelios como padre de dos de los discípulos. 

Todo lo que sabemos es que era un pescador de Galilea, el padre de Jacobo y Juan y el esposo de Salomé. Aunque no se menciona que haya seguido a Cristo, tal vez su influencia se vea en el hecho de que sus hijos y su esposa amaron al Mesías y le fueron fieles (Mateo 20:20). Él logró lo que todo padre cristiano aspiraba alcanzar, el criar a sus hijos para seguir a Cristo. La clave de este tipo de influencia es el ejemplo que demos a nuestros hijos y a los demás. 
No importa tanto lo que decimos, nuestras acciones son las que realmente revelan quiénes somos en realidad y lo que en verdad creemos. Al estar comprometidos por completo con Cristo, nuestros hijos y todos al nuestro alrededor lo verán. La influencia proviene de Él. La Biblia dice en Mateo 4:19-20,19 Jesús los llamó: «Vengan, síganme, ¡y yo les enseñaré cómo pescar personas!». 20 Y enseguida dejaron las redes y lo siguieron” (NTV)

Insuficiente

Recuerdo que en la escuela primaria en mi país una de las calificaciones que daban era insuficiente. Es decir, no apto para pasar dicha materia. La mayor parte de la clase trabajaba para no obtener dicha calificación y cuando se obtenía era demasiado frustrante. Como humanos, todos experimentamos sentimientos de insuficiencia de vez en cuando. Pero el problema real no es si somos capaces de realizar una tarea, sino cómo reaccionaremos ante los desafíos. 

El pueblo de Israel se sintió insuficiente al pararse al frente de la tierra prometida. El tamaño y la fuerza del enemigo contrastaban con lo débiles e incapaces que se sentían. Su sentimiento los hizo vagar por el desierto por cuarenta años. Es más, una generación entera no pudo ver la tierra que Dios les había prometido. Qué tragedia, ¿verdad?

Al igual que ellos, nosotros tenemos muchos temores y tenemos miedo al fracaso. Sin embargo, el alejarnos de una tarea dada por Dios no nos llevará a la seguridad sino a la esclavitud. La fe, por otro lado, nos pondrá en el camino indicado.  
Cuando Dios nos llame a una tarea más allá de nuestras capacidades, confiemos en lo que sabemos de Él y de Sus promesas. La Biblia dice en Joel 3:10b, “diga el débil: Fuerte soy” (RV1960)

Unos Por Los Otros

Me fascina la frase que dice: “Peleamos los unos por los otros y no los unos con los otros”. Lastimosamente se práctica más el pelear los unos con los otros. Nuestro egoísmo nos hace ver más fácilmente las cosas negativas que las positivas de las personas alrededor nuestro. 

La Palabra de Dios nos habla constantemente de orar unos por otros, de velar por las necesidades los unos de los otros, de ayudarnos unos con otros, etc. Sin embargo, parece que nos enfocamos más y más en lo personal que en las necesidades de los que están alrededor nuestro. ¿Qué tal si hoy nos enfocamos en ayudar a los demás, en ofrecer una palabra de ánimo, una sonrisa, una mano amiga, una oración, un buen consejo y una oportunidad a quien quizá ya no la merezca?
Vivamos unos por otros. De hecho, el servir a los demás ha mostrado ser terapéutico, restaurador y alentador, porque el servir a los demás es parte del propósito de nuestra existencia.  La Biblia dice en Santiago 5:16,16 Confiésense los pecados unos a otros y oren los unos por los otros, para que sean sanados. La oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos” (NTV)

Sé Prudente

“No prometas cuando estés feliz, no respondas cuando estés enojado y tampoco decidas cuando estés triste”. Esta fue la frase que escuché hace algún tiempo y se me vino a la mente al pensar en la prudencia. ¿Qué tan prudente eres? A veces nos ganan las emociones, las ganas, nuestra necedad o nuestra propia personalidad y rayamos en la imprudencia. 

La prudencia es la facultad de poder pensar y distinguir ante ciertos acontecimientos o actividades y adecuar el comportamiento con la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios. La verdad es que todos, sin excepción alguna, hemos sido imprudentes. En repetidas ocasiones prometemos lo que no podemos cumplir, respondemos cuando estamos emocionalmente fuera de control y decidimos sin pensar las cosas bien. 
Hoy es un día para pedirle entendimiento y sabiduría a Dios. Sea Él quien nos ayude a desarrollar esta capacidad de la prudencia a cada instante, nos corrija cuando sea necesario y nos enseñe el mejor camino por donde podamos andar. La Biblia dice en Proverbios 10:19,Hablar demasiado conduce al pecado. Sé prudente y mantén la boca cerrada”. (NTV)

Crisis

Todos enfrentamos o enfrentaremos crisis en nuestras vidas. Una frase que escuché el otro día dice: “El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo”. Es allí, en medio de las crisis donde nuestro corazón se rompe o se curte. Las crisis pueden ser también la antesala de grandes oportunidades, porque muchas veces en medio de ellas, la imaginación suele ser más importante que el mismo conocimiento. 

No sé si te ha pasado, pero a veces recuerdas y dices: “No recuerdo cómo salí de esa situación”. Precisamente porque Dios nos ha diseñado con la capacidad innata para resolver problemas y para superar las situaciones inesperadas que se nos presentan en la vida. Desafortunadamente, muchas personas invierten más tiempo y energía hablando de sus problemas que enfrentándolos. 
Las pruebas son necesarias y temporales. No hay ningún problema que sea eterno aunque este parezca serlo. Las crisis revelan lo que realmente somos, construyen nuestro carácter y nos enseñan en nuestro diario vivir.   La Biblia dice en 1 Corintios 10:13,Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla” (DHH)

Sabiduría

Un filósofo y poeta escribió lo siguiente: “Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir” (Johann Kaspar). La sabiduría no es solo saber y conocer, sino que radica en el buen ejercicio de nuestros sentidos y la buena toma de nuestras decisiones. En un sentido, no debemos confundir el saber con la sabiduría. El saber nos sirve para ganarnos la vida y la sabiduría nos ayuda a vivirla. 

Hay personas que son supremamente inteligentes, pero no son nada sabios, lo cual usualmente se nota en la toma de sus decisiones. La sabiduría es el conocimiento aplicado. El sabio busca el saber, pero más que eso el poder aplicarlo en su diario vivir. Entonces, ¿buscas ser inteligente o buscas diligentemente la sabiduría? Los dos son necesarios.
A veces quedamos cortos en sabiduría, por eso Dios nos invita a pedírsela a Él. ¿Deseas más sabiduría? Pídesela a Dios. La Biblia dice en Santiago 1:5, “Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la dará; no los reprenderá por pedirla” (NTV)

Tragedia

Las tragedias ocurren tan frecuentemente y de manera tan consistente que casi nos volvemos inmunes a ellas. En las noticias todos los días hay algún tipo de evento que tiene el potencial de romper nuestros corazones y hacernos llorar por los afectados. Algunos eventos son tan horribles como los tsunamis, los ataques terroristas, los atentados de sicópatas a gente inocente y demás que hacen que nuestros corazones se mezclen en un dolor corporativo.

Cuando lloras por ti o por los demás, ¿en qué estás pensando? ¿Las tragedias te amargan o te hacen sentir mejor? La amargura es ciertamente comprensible, pero después de los momentos amargos, te puedes sentir mejor. La Biblia dice que con la ayuda de Dios la tristeza se puede convertir en alegría y las tragedias pueden cobrar un significado diferente.

Dios es un experto en convertir las tragedias en historias de triunfo. Solamente debemos dejarle que tome todas nuestras tragedias para que orqueste lo inesperado y lo transforme a nuestro favor. Así que cuando tengas tragedias, pídele Su consuelo y gracia. Él te sustentará. La Biblia dice, “Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas” (Salmo 128:1-2, NTV).

Reedificar

Hace poco visitamos con la familia el monumento que se hizo para conmemorar las muchas vidas que murieron en la tragedia del 9/11 en Nueva York en el año 2001. Al visitar dicho monumento y ver las fotos de este momento tan doloroso para la historia estadounidense, solo podía pensar en que años después, aunque se haya construido un monumento y el otro este en construcción, el sitio de la tragedia, ya es comúnmente transitado y visitado. Esto nos habla del principio de “reedificar”.

La historia es testigo una y otra vez de cómo naciones, civilizaciones y distintas regiones se han sobrepuesto a las guerras, a las tragedias naturales y a los accidentes criminales. Dios le ha dado al ser humano la capacidad de crear, reorganizar, diversificar, asignar y reconstruir. Después de las tragedias, hay una nueva oportunidad para construir de nuevo.

¿Qué necesitas reedificar en tu vida? Los patriarcas en el Antiguo Testamento reedificaron altares para adorar a Dios. Un hombre como Nehemías pudo liderar la reedificación del muro de Jerusalén. Otros como Josué, pudieron caminar sobre ruinas en la conquista y reedificar. Y tú ¿qué necesitas reedificar hoy?

La Biblia dice en Isaías 61:4 , “Entonces reedificarán las ruinas antiguas, levantarán los lugares devastados de antaño, y restaurarán las ciudades arruinadas, los lugares devastados de muchas generaciones” (LBLA).

¿Dónde Está Tu Apoyo?

¿De qué proviene tu apoyo? ¿Depende de las circunstancias, de las personas, de los ingresos, etc.? ¿En qué estás arraigado? Déjame decirte algunas cosas: Si te apoyas en tu propia opinión, fallarás, si te apoyas en otras personas, estas podrán defraudarte, si te apoyas en tu preparación no será suficiente, si te apoyas en tu experiencia quedarás corto, si te apoyas en las circunstancias estas son cambiantes, pero si te apoyas en Dios, nunca saldrás defraudado. 

¨La vida es una sucesión de lecciones que deben ser vividas para ser entendidas¨ (Helen Keller). Pero ¡qué mejor si dichas lecciones están basadas en Dios! Solo allí tendrán un fundamento sólido donde se podrá construir con seguridad. Evalúa en qué te estas apoyando y verás que marcará una gran diferencia. La Palabra de Dios compara un buen apoyo con un hombre quien se asemeja a un árbol plantado junto a corrientes de aguas, el cual da su fruto a su tiempo, su hoja no cae y todo lo que hace prosperará (Salmo 1:3). También lo compara con un hombre que edificó su casa sobre la roca, donde las tormentas vendrán, pero su casa no se caerá fácilmente (Mateo 7:24). 

Entonces, ¿en dónde está tu apoyo? La Biblia dice en el Salmo 121:1-2, “1 Levanto la vista hacia las montañas, ¿viene de allí mi ayuda? 2 ¡Mi ayuda viene del Señor,
quien hizo el cielo y la tierra!”, (NTV).

Fraude

¡Es todo un fraude! Fueron las palabras de un hombre frustrado quien salió de una oficina al lado de un consultorio donde yo estaba esperando para una cita. Su rostro reflejaba una gran decepción y engaño. Un fraude es algo que suena demasiado bueno para ser verdad, pero no lo es. Los fraudes son deshonestos y no llegan a convertirse en una realidad.

El primero y peor de los fraudes es engañarnos a nosotros mismos. Sin embargo, muchas veces hacemos esto consciente o inconscientemente. Pero, ¿por qué tendemos a engañarnos y a ser fraudulentos con nosotros mismos? Usualmente se debe a un inadecuado concepto de nosotros, a una mala evaluación de nuestra realidad y a un mal manejo de nuestros recursos. Debemos trabajar diligentemente para no ser un fraude ni para nosotros mismos, ni para los demás. Pero, ¿cómo evitamos el fraude? Siendo honestos, trabajando, esforzándonos, desarrollando un sentido de lealtad, creando un cultura de servicio y no viviendo bajo la mentira, sino siempre bajo la verdad.

Dios no desea ni que seas un fraude, ni que hagas fraude. Él premia la honestidad, la diligencia y la perseverancia. ¿Trabajarás en ello? La Biblia dice en Levítico 19:11 , “No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis uno al otro” (RV1960).