Dios No Tiene Prisa

Vivimos en un mundo que anda a prisa. Parece ser que las personas corren de un lado para otro de actividad en actividad, de suceso en suceso y de evento en evento. La ocupación se ha relacionado con el estatus, con la posición y con el poder. Sin embargo, como dicen por ahí: “De la prisa solo queda el cansancio”.

La prisa es buena cuando hay que actuar con un sentido de urgencia y responsabilidad. La prisa es buena cuando es una respuesta rápida a una responsabilidad apremiante, cuando tiene las mejores intenciones y puros motivos. No obstante, la prisa es contraproducente cuando nos agobia y nos frustra. Aún más, cuando nos hace cometer errores por no tomar el tiempo de pensar, evaluar y actuar concienzudamente. San Francisco de Sales dijo: “Lo que se hace con precipitación nunca se hace bien; hay que obrar siempre con tranquilidad y calma”. Muchas veces echamos a perder las cosas por tener prisa de concluirlas. Todo lo que es loable y digno toma su tiempo para llevarse a cabo. Entonces, ¿por qué queremos que todo salga bien de prisa?

Piensa en las cosas que Dios está haciendo en tu vida. Él no tiene prisa y Su tiempo es diferente al tuyo. Todo lo que Él comienza lo termina de la mejor manera posible. Deja que Él obre en ti y tómate el tiempo de orar, esperar y depender en Él. La Biblia dice en Proverbios 19:2,“El entusiasmo sin conocimiento no vale nada; la prisa produce errores” (NTV).

Autenticidad

Muchos hemos escuchado la frase que dice: “No todo lo que brilla es oro”. En otras palabras, no todo lo que pensamos que es realmente lo es. Esta es una gran verdad que nos habla de la autenticidad. Aunque nuestros ojos puedan ver algo lindo y reluciente por fuera, no significa que este lindo y reluciente por dentro. La autenticidad es la cualidad de auténtico, original y único. La autenticidad es lo contrario a las apariencias de las cuales se puede desconfiar.

¿Qué ven otros en ti? ¿Cuál es la apariencia que das a aquellos que están alrededor tuyo? ¿Proyectas lo que está adentro de tu corazón? Quizá la respuesta a alguna de estas preguntas es no. Probablemente tu corazón se encuentra cargado, lastimado y amargado. Quizá tu corazón quiera desfallecer y no palpitar más. Quizá das una cara amable al mundo cuando por dentro tu corazón está hecho añicos. Quizá estás sangrando emocionalmente y pones una cara como si todo estuviera bien.

Las mejores noticias es saber que Dios desea sanar tu corazón. Él desea enmendar todas tus heridas, llevar todas tus cargas, aliviar tus dolores y menguar tus frustraciones. Solo ven a Él con un corazón auténtico. Te aseguro que no serás echado fuera. La Biblia dice en el Salmo 51:17, “17 El sacrificio que sí deseas es un espíritu quebrantado; tú no rechazarás un corazón arrepentido y quebrantado, oh Dios” (NTV).

Sin Soltar La Carga

En una ocasión vi una caricatura que me hizo reír. En ella se encontraba un hombre quien pedía que lo llevaran de un lado a otro para aliviar la carga que llevaba en sus hombros. De repente, una camioneta se detiene y lo invita a subirse en la parte trasera del vehículo. Una persona de las que estaba allí le pregunta: ¿Por qué no suelta el moral con su pesada carga? A lo cual el hombre contesta: “Por que a mi siempre me gusta cargar todas mis cargas”. Aparte de lo cómico de la caricatura, me puso a pensar en que nosotros actuamos de la misma manera en nuestra vida espiritual. Tenemos muchas cargas que son pesadas y difíciles de llevar.

Como creyentes presentamos todas nuestras cargas a Dios, porque Él tiene cuidado de nosotros. Sin embargo, aunque las compartamos con Él, actuamos como el señor de esta historia; se las dejamos a Dios en oración, pero seguimos cargándolas todos los días. Nos apegamos tanto a nuestras aflicciones, penas, incertidumbres y temores que preferimos cargarlos todo el tiempo sin dejárselos a Dios completamente. Jesús ya llevó todo el peso de nuestro pecado, de nuestras aflicciones y todos nuestros temores sobre Sus hombros. ¿Dejarás que Él cargue todo lo que te carga?

La Biblia dice en Mateo 11:29-30, “29 Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. 30 Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana»” (NTV).

Sin Fuerzas

¿Te has sentido alguna vez sin fuerzas? ¿Te has sentido como si no pudieras seguir adelante? ¿Te has sentido sin ganas de levantarte de la cama y de emprender el día? Creo que todos sin excepción nos hemos sentido alguna vez sin fuerzas. Algunos literalmente sin fuerzas físicas, pero otros ya no tienen nada de fuerza emocional o espiritual para proseguir. Si te has sentido de esta manera déjame decirte que hay buenas noticias. ¡No eres el único que se ha sentido así! En una estadística reciente, se arroja que más del 60 por ciento de la población menciona el haber perdido sus fuerzas emocionales. Parece ser que las enfermedades del siglo XXI son más de carácter emocional que de carácter físico.

Pero, ¿qué hacer ante esta situación? Reconocer que el quedar sin fuerzas no es ajeno al ser humano, y por lo tanto, se debe identificar cuando te sientas de esta manera. En segundo lugar, debes levantarte por obediencia y compromiso buscando ayuda. Muchas veces una simple conversación con alguien maduro, unas palabras de aliento o una oración, pueden cambiar la manera como te sientes. Además, pídele a Dios que multiplique tus fuerzas. Él se place en fortalecernos, alentarnos y suplir nuestras carencias físicas, emocionales y espirituales. La Biblia dice en Isaías 40:29, “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas” (RV1960).

Cuando Se Acaban Las Palabras

En repetidas ocasiones se nos acaban las palabras. Parece ser que nos quedamos sin palabras frente a algunos hechos, eventos y noticias inesperadas. La vida tiene una manera peculiar de sorprendernos sin esperarlo. Pero, ¿qué hacer cuando ya no hay palabras? Una respuesta simple es ¨esperar¨. La espera puede soler ser difícil, desesperante y angustiante. Sin embargo, la espera se convierte en el instrumento donde Dios nos enseña, nos anima y nos fortalece.

Cuando se acaban las palabras siempre queda el silencio. Es allí en el salón de la espera y en el silencio donde Dios se hace real colmándonos con Su paz y haciendo palpable Su presencia. Es en el silencio, en el silbido apacible donde escuchamos Su dulce voz y donde las promesas se tornan reales. Es allí en la espera donde nuestras dudas se disipan y donde nuestros esfuerzos no pueden nunca ser suficientes. Cuando se acaban nuestras palabras es donde comienzan las palabras de nuestro Dios. El silencio se irrumpe cuando permitimos que la voz de Dios se escuche de manera audible, clara y veraz.

Si se te han acabado tus palabras, no te preocupes. Dios nunca carece de palabras. Él siempre tendrá un mensaje para ti. Quizá Él te deje sin palabras para que escuches realmente Su voz. Entonces, ¿le estás escuchando? La Biblia dice en Salmo 29:4, “La voz del Señor es potente; la voz del Señor es majestuosa” (NTV).

Jesucristo Basta

Me fascina el canto que tiene como título, “Jesucristo basta”. Muchas veces solo tenemos que recordar que el nombre de Jesús es poderoso. Cuando Él está, es suficiente. Él nos libra de todas nuestras aflicciones. Él nos escucha en lo más profundo de nuestro corazón. Él es el único que nos comprende a cabalidad. Él es quien puede suplir todas nuestras necesidades. Él es quien nos levanta en los momentos de más necesidad. Él es quien quita todos nuestros temores. Él es quien nos protege y nos guía. Él es el que nos sana de todas nuestras dolencias. Él es suficiente. Además, Él llevó nuestros pecados en la cruz y el pago de todas nuestras enfermedades recayó sobre Él.

¿Crees que Jesucristo basta? Si no lo crees, déjame decirte que Él sanó a muchos enfermos dando vista a ciegos, levantando paralíticos, limpiando leprosos, sanando enfermedades extremas, liberando endemoniados y hasta resucitando a muertos. Es más, la misma creación como las aguas del mar le obedecieron. Su nombre ha sido, es y será suficiente. Su sacrificio nos compró un lugar en el cielo que nos ofrece gratuitamente y nos está preparando un lugar allí para que estemos junto a Él por la eternidad. Entonces, ¿crees que Jesús basta? La Biblia dice en Filipenses 2:10-11, “10 para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, 11 y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre” (NTV).

No Estoy Conforme

¿Cuántas veces no estamos conformes con lo que somos ni con lo que tenemos? La inconformidad es un sentimiento y una práctica constante en el ser humano. Parece que el sentido de insatisfacción se incrementa al crecer. Muchas personas dicen “No estoy conforme”. No estoy conforme ni con mi matrimonio, familia, trabajo, profesión, amistades, en fin, no estoy conforme con mi vida. En cierta instancia, está bien “no conformarnos” con lo mínimo para poder esforzarnos y progresar. Sin embargo, me refiero al sentimiento de inconformidad constante, quejumbroso y frustrante. Me refiero a ese sentimiento que no deja disfrutar el presente y que roba el gozo, quita la paz e incita a la intranquilidad.

La Palabra de Dios nos insta a “no conformarnos” al molde de pensamiento de este mundo, ni a nuestros pecados. Nos invita a no seguir las corrientes y filosofías que afectan nuestra vida de manera errónea. En cambio, nos invita a vivir una vida conforme a la voluntad de Dios, a depender de Dios, de Su Palabra y del poder que Él nos puede dar. Nos invita a ejercer el “contentamiento” y el “agradecimiento”. Nos insta a esperar en Dios y a disfrutar de cada una de Sus bendiciones.

Entonces, no te conformes a las cosas que no son trascendentes. Confórmate con seguir la voluntad de Dios. Este es el mejor tipo de conformidad que podremos experimentar. La Biblia dice en Romanos 12:2, “2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (RV1960).

Quitándonos El Ropaje Antiguo

No sé si tú eres como yo, pero a mi me gusta usar la ropa vieja y sobre todos los zapatos que ya he usado por algún tiempo. Se me hacen más cómodos. Muchas veces aunque he tenido cosas nuevas, opto por ponerme las cosas viejas. No deseo aprender a cómo usar lo nuevo aunque sea mucho mejor. Sin embargo, después de usarlo por primera vez, me doy cuenta de todos los beneficios de usar lo nuevo y dejar de usar lo que ya no funciona bien.

De la misma manera nos pasa en nuestro caminar de la fe. Aunque tenemos una nueva vida en Jesús batallamos con vivirla en plenitud. Preferimos refugiarnos en el ayer, en los errores y experiencias del pasado o en nuestra propia carne. Se nos olvida que ahora tenemos un ropaje nuevo y que Dios nos ha dado una nueva identidad, una nueva autoridad y una nueva posición. Se nos olvida que nuestro pasado ya no nos define, ni tampoco nuestra naturaleza pecaminosa. Ahora tenemos acceso a nuevos recursos espirituales y a un ropaje nuevo que podemos usar a diario. Debemos renunciar a las cosas antiguas y vivir en novedad de vida.

Deja de ponerte el ropaje viejo y ponte el ropaje nuevo que Dios ofrece. Al hacerlo, caminarás en novedad y plenitud de vida. La Biblia dice en Colosenses 3:10, “10 Vístanse con la nueva naturaleza y se renovarán a medida que aprendan a conocer a su Creador y se parezcan más a él” (NTV).

Versiones

No todos tienen la misma versión. Pueden haber tres personas en un mismo lugar, experimentar el mismo evento, participar del mismo programa, comer la misma comida y a la hora de preguntarles sobre cada uno de ellos, lo pueden describir de manera diferente. Las versiones varían de acuerdo a las personas, a sus percepciones, su entrenamiento, sus emociones, su personalidad, entre muchas otras variables.

No obstante, aunque muchos posean versiones diferentes, Dios no. Él siempre tiene la misma versión de nosotros porque nos ama incondicionalmente. Él nos mira a través de Su hijo Cristo quien ha pagado en la cruz por todos y cada uno de nuestros pecados. Él tiene el mismo veredicto que dice: ¨Perdonados¨ por medio de la sangre de Jesús. Él ha extendido Su cetro de misericordia y Su brazo de amor para ministrarnos a todos nosotros. Él nos ha buscado y rescatado. Es más, Él nos ha amado aún sin merecerlo.

Aunque nosotros y los demás tengamos diferentes versiones, es bueno saber que Dios es el mismo ayer, hoy y por siempre. Lo que Él ha dicho, se hará sin faltar a ninguna de Sus palabras. Él es fiel a Sus promesas, ¿creerás en Él? La Biblia dice en Isaías 25:1, “Oh Señor, honraré y alabaré tu nombre, porque tú eres mi Dios. ¡Tú haces cosas maravillosas! Las planeaste hace mucho tiempo, y ahora las has realizado” (NTV).

Sucesor

Un día escuché una frase que dice: “El éxito de tu liderazgo es medido por el éxito de tu sucesor”. Me llamó la atención esta frase, porque muchas veces se piensa que el éxito de un líder radica en él o ella. Sin embargo, el principio de la sucesión es fundamental. ¿Te has puesto a pensar en quiénes serán tus sucesores? No solo a nivel familiar, sino a nivel laboral y ministerial. ¿Quiénes son aquellos que tomarán la batuta cuando ya no estés o cuando Dios decida llevarte a Su presencia? ¿En quién estás invirtiendo actualmente para que sea tu sucesor?

El Señor Jesús fue un experto en la materia. Él escogió a doce para andar con ellos y para enviarlos a predicar. Les mostró cómo debían ministrar a otros, les enseñó con ejemplos claros y contundentes, les guío durante momentos muy difíciles, les demostró con Su vida lo que era someterse a Su Padre y el ser fiel hasta la muerte. Pero sobre todo, les preparó para el tiempo de Su partida. Aunque los discípulos no lo habían entendido todo, una vez y Jesús ascendió al cielo, todas Sus lecciones hicieron más sentido. Jesús nunca los dejó solos, pero siempre les mostró el camino por el cual debían andar.

Y tú, ¿en quién estás invirtiendo? ¿ Cuál o cuáles serán tus sucesores? ¿ A quiénes enviarás después de ti? La Biblia dice en Marcos 3:14, “14 Luego nombró a doce de ellos y los llamó sus apóstoles. Ellos lo acompañarían, y él los enviaría a predicar” (NTV).