Habla Con Dios

Recuerdo en los años de mi infancia las palabras de una hermana después de la muerte de mi amada madre, quien me dijo suavemente en el oído: “Cuando no entiendas lo que esté pasando, solo habla con Dios y deja todo en Sus manos”. Este es un consejo tan simple y práctico, pero a su vez muy profundo. De repente, en momentos de prueba, frustración y espera, recuerdo este simple consejo de hablar con Dios.

Hablar con Dios es algo impresionante. Él es el Creador de todo lo que existe. Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Él tiene el dominio sobre todas las cosas y Su Palabra tiene supremo poder. ¿Sabías que tenemos libre acceso ante Él? Pero, ¿cómo es esto? Nadie puede presentarse ante un rey humano sin ser previamente agendado y revisado. Sin embargo, nuestro Padre celestial nos recibe en cualquier momento cuando clamamos a Él en el nombre de Su hijo Jesús. Jesucristo vino a este mundo para salvar lo que se había perdido, murió por nuestros pecados, pero resucitó. Además, la división que había entre el cielo y la tierra se deshizo. Ahora a través de Jesús, tenemos libre acceso ante el trono de la gracia de Dios.

Tu Padre celestial desea hablar contigo. Él desea escuchar tu voz. Puedes venir a Él en cualquier instante a través de Jesús. ¿Deseas conversar con Él? La Biblia dice en Jeremías 33:3, “3 pídeme y te daré a conocer secretos sorprendentes que no conoces acerca de lo que está por venir” (NTV).

Cambio De Corazón

“Si Dios no cambia tu situación es porque aún debe cambiar tu corazón”. Muchas veces esperamos que cambien nuestras situaciones cuando lo que Dios desea es cambiarnos a nosotros. La mejor herramienta que usa para forjar nuestro corazón es trabajando alrededor nuestro, porque usualmente el corazón tiene razones que la razón tiende a ignorar.

Algunos dicen: “Trata de ver con el corazón”, pero el corazón no ve. Cuando nos referimos al corazón usualmente estamos hablando de nuestros sentimientos y emociones. Sin embargo, en la cultura bíblica, el corazón también está conectado con nuestros pensamientos. Es por eso que la Palabra de Dios dice que Dios discierne hasta los pensamientos e intenciones del corazón.

Entonces, ¿cómo está tu corazón? Deja que Dios trabaje primero en ti. Te darás cuenta que al dejar que Dios cambie tu corazón, tu situación cambiará. Examina tu corazón y pídele a Dios que cambie todo lo que necesite de lo profundo de tu ser. Te aseguro que te sorprenderás de los resultados. La Biblia dice en Jeremías 17:10 , “Pero yo, el Señor, investigo todos los corazones y examino las intenciones secretas. A todos les doy la debida recompensa, según lo merecen sus acciones” (NTV).

Nacidos con propósito

Alguien dijo: “El propósito en la vida es una vida de propósito”. Lo más triste es que hay personas que no saben la razón ni el sentido de su existencia. No saben de dónde vienen ni saben hacia donde van. Todos nacimos con un propósito más grande que el crecer, reproducirse, trabajar, pagar cuentas y morir. Hemos sido creados con un diseño especial y con un propósito particular. Un sentido de propósito le añade valor a nuestra vida, porque si sabes quién eres, sabrás lo que vales.

El propósito en la vida es crecer, compartir, servir y amar a los demás. Todas las cosas, aún la adversidad, tienen un propósito en la vida. Si trabajamos con un propósito, no tendremos tiempo para malgastar nuestros esfuerzos y para divagar en asuntos triviales. A cualquier edad es preciso descubrir el propósito de vida, ya que se convierte en la cura para muchos males.

Dios desea que descubras tu propósito. Es tan importante el día cuando naces como el día que sabes para qué has nacido. La respuesta a esta búsqueda radica en nuestro diseño. Nuestros dones y talentos nos revelan en parte lo que tenemos en nuestro ser para servir a Dios y a los demás. De modo que si nos has encontrado tu propósito, encuéntralo. Si lo has encontrado, afirmarlo; y si lo estas realizando, permanece firme. La Biblia dice en Isaías 43:7, “7 Traigan a todo el que me reconoce como su Dios, porque yo los he creado para mi gloria. Fui yo quien los formé” (NTV).

No hay días malos

¡No he tenido un día bueno en mucho tiempo! Fue el comentario que recibí de un señor en el aeropuerto recientemente. Es más, esta persona añadió diciendo: “Parece ser que hay muchos días malos y solo unos pocos buenos”. Al escuchar esas palabras, me puse a pensar en lo que le respondería. Lo primero que se me pasó por la mente fue decirle: “No hay días malos, solo días en los que tenemos que aprender a confiar más en Dios”. El señor me volteó a mirar firmemente, pensé que me había metido en problemas por mi comentario, pero después me dijo: “Cuéntame de ese Dios que dices, porque yo no lo conozco y quizá sea lo que necesite”. Tuvimos una conversación muy amena acerca de Dios y de su fe. Al final, antes de abordar el avión, me dijo: “Ya lo entendí, no hay días malos, solo días donde debemos aprender de Dios”. ¿No es así?

La Palabra de Dios menciona que cada día ha sido hecho para confiar, pedir y depender en Él. Sus misericordias se renuevan cada mañana y grande es Su fidelidad. Su amor no se agota. Además, cada día está lleno de nuevas oportunidades.

Entonces, ¿recibirás cada día como un regalo de parte de Él? Recuerda que no hay días malos, sino que cada uno de ellos trae una lección de parte de Dios. La Biblia dice en el Salmo 23:6, “Ciertamente tu bondad y tu amor inagotable me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del Señor viviré por siempre” (NTV).

Cuando sientes ahogarte

Recuerdo cuando estaba chico y fui por primera vez al mar. Fue una experiencia muy linda. En mi ímpetu de ir a nadar me fui corriendo para lanzarme al agua y nadar como si fuera una piscina. Tal fue mi sorpresa que las olas me acobijaron hundiéndome de tal manera que pensé y me iba a ahogar. Salí rápidamente, pero literalmente con unas buenas onzas de agua salada en mi estómago. ¿Has sentido que te ahogas? Quizá no en tu vida física, pero sí en tu vida emocional, familiar, laboral o hasta en tu vida espiritual.

Una vez escuché una frase que me llamó la atención que dice: ¨Si sientes que te ahogas y ya no puedes más, recuerda que Jesús caminó sobre las aguas¨. Cuando sientas ahogarte, debes recordar que no estás solo, que Jesús está contigo. Él es quien te levanta, quien te sustenta y quien te alienta. Él es quien pueda sacarte de las profundidades de tus problemas, de todos tus dolores, de tus malas relaciones y de tus pobres decisiones. Él es quien te sostiene con Su mano y quien camina contigo mano a mano.

De modo que si sientes ahogarte, solo clama a Jesús. Él puede llegar a tu rescate. La Biblia dice en el Salmo 25:5, “Guíame con tu verdad y enséñame, porque tú eres el Dios que me salva. Todo el día pongo en ti mi esperanza” (NTV).

Sé agradecido

Hay un canto cristiano antiguo muy conocido que en el coro dice: “Agradecimiento hay en mi corazón, canto de alegría elevo con mi voz, muchas son las cosas que mi Dios me ha dado y en agradecimiento le sirvo a mi Señor”. Aún en medio de los fuertes procesos, sé agradecido, porque el agradecimiento abrirá la puerta que traerá todas las demás bendiciones. Como dice una frase: “Si una persona no es agradecida con lo que tiene ahorita, difícilmente lo será cuando lo obtenga” (Frank A. Clark).

Una actitud de agradecimiento debe tener siempre cabida en nuestra vida. Estudios demuestran que la gente agradecida es más feliz, porque en vez de preocuparse por las cosas que le faltan, agradecen por lo que tienen y logran experimentar plenitud alcanzando la madurez emocional. El desarrollar una actitud de agradecimiento nos ayuda a crecer y a trascender, porque la raíz de todo bien reposa en el principio de la gratitud.

Entonces, ¿por qué estás agradecido hoy? Enumera la lista de las cosas por las que estás agradecido, fomenta una cultura de agradecimiento y agradécele a Dios. Saldrás totalmente reconfortado, animado y desafiado.
La Biblia dice en el Salmo 75:1, “¡Te damos gracias, oh Dios! Te damos gracias porque estás cerca; por todas partes, la gente habla de tus hechos maravillosos” (NTV).

A pesar de…

Últimamente he pensado mucho en la expresión, “A pesar de”. He visto como a pesar de nuestras debilidades, incongruencias, afanes, ansiedades, errores y malas decisiones, aún Dios sigue obrando. A pesar de nuestra terquedad, de nuestra indecisión, de nuestra incredulidad, de nuestro temor, de nuestra inseguridad y de nuestra complejidad, aún seguimos caminando hacia delante. Es más, “a pesar de todo lo que Dios sabe de nuestro pasado, presente y futuro, Él nos ama y nos llama a seguirle pase lo que pase”.

A pesar de todo, Dios me ama. ¡Qué principio tan real! No importa lo que haya hecho, lo que haga y lo que llegue a hacer, Dios me seguirá amando. Su amor por mi no depende de lo que yo haga o deje de hacer, depende de lo que Él ya hizo por mi. A pesar de mis múltiples fallas, de mi desobediencia y de mi pecado, Dios me ama. ¿No te alegra saber de esta verdad tan liberadora? Y, ¿cómo respondes a ese tipo de amor?

Este tipo de amor nos debe acercar más a Él, nos debe hacer más dependientes a Él y nos debe hacer más obedientes a Su Palabra para poder experimentar Sus riquezas. Recuerda que “a pesar de todo”, Él te ama. La Biblia dice en Deuteronomio 7:9, “9 Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos” (NTV).

Nada Oculto

“Con el tiempo todo se descubre; las mentiras más ocultas, las razones más ciertas y las personas más falsas”. Por más de que te esfuerces en esconder algo, como dice el antiguo proverbio: “La verdad siempre sale a la luz”. Este es un principio incambiable. En ocasiones, lo mejor es quedarnos callados ya que el tiempo hablará y gritará las verdades en el momento menos esperado, pero oportuno. Es muy importante vivir bajo la verdad, porque el omitir una verdad nos hace esclavos de una mentira.

La mentira dura mientras la verdad llega. La verdad es como la luna, puede permanecer oculta un tiempo, pero siempre acaba estando a la vista de todos. Entonces, vive y practica siempre la verdad, porque tarde o temprano las personas que mienten son descubiertas y se quedan sin el respeto y sin el honor de otros. Pero, ¿qué debes hacer si has ocultado algo? Confesarlo por más difícil que sea. Hablar siempre con la verdad aunque esta no sea bien recibida. Esperar antes de actuar. Ser genuinos y auténticos al practicar la integridad recordando que la vida lo cobra y lo paga todo.

Deja de pretender vivir bajo la sombra de la mentira, porque te hundirá cada vez más en la ilusión, mientras que la luz de la verdad, te conducirá siempre hacia una vida en plenitud. La Biblia dice en Juan 8:32, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (RV1960).

No Todo Hace Sentido

Hay cosas que no hacen sentido, por ejemplo noticias inesperadas, situaciones abruptas, relaciones rotas, oportunidades, pérdidas, etc. Nuestra mente trata de racionalizar, procesar y hacer que todo haga sentido. Sin embargo, hay cosas que solo ocurren por designio divino. Hasta el científico Albert Einstein dijo: “Cada día sabemos más y entendemos menos”. En otras palabras, no todas las cosas tienen una explicación lógica y coherente.

Qué decir de los milagros, de los sucesos inesperados, de las pruebas, de las luchas, de las victorias, de las derrotas, de los premios inmerecidos, de las cosas sorprendentes, de los sueños completados, de las situaciones incoherentes, pero a su vez coherentes. En fin, no todo tiene una explicación, pero sí un propósito. Lo que para nosotros parezca no tener sentido para Dios sí lo tiene. Él conoce los tiempos, las personas, los sucesos y cada proceso.

De modo que lo que para nosotros no suele tener sentido, para Él sí lo tiene. Por lo tanto, dependamos de Él, escuchemos Su voz, aprendamos la lección de cada aspecto que pasa en nuestras vidas y preguntémosle lo siguiente: Señor, ¿qué quieres que yo haga? La Biblia dice en Job 42:2, “2 Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (RV1960).

No Somos Esclavos Del Temor

Al pasar recientemente por una prueba de fe como familia, hay un canto que nos ha edificado mucho y tiene como título, “Ya no soy un esclavo del temor” (No Longer Slaves). Pasamos por pruebas físicas, emocionales, espirituales, relacionales y de muchas otras formas. Recibimos noticias inesperadas, perdemos relaciones significativas, las oportunidades parecen cerrarse, las opciones parasen menguar y el tiempo parece actuar en contra nuestra. Sin embargo, debemos saber que Dios está obrando.

Lo primero que viene a nuestra vida es el temor. El temor a lo incierto, el temor a perder lo que más queremos, el temor de no poder hacer algo más que lo que ya hemos hecho, el temor de no seguir viviendo, en fin, son muchos temores. Sin embargo, como hijos de Dios no podemos ser esclavos del temor. Somos hijos del gran Rey y Él está obrando en Su mejor interés para nuestras vidas. Él obra a nuestro favor aunque nos duela pasar por las pruebas. Él está puliendo nuestras vidas y haciendo algo grande en nosotros.

Aunque no lo entendamos, debemos reposar en el amor de Dios. Él es nuestro Padre y tiene los mejores planes preparados para nosotros. Entonces, ya no seas esclavo del temor, ¡vive acobijado y abrazado en las promesas de Dios! La Biblia dice en 1 Juan 4:18, “18 sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor” (NTV).