Enfócate

El enfocarse es necesario e importante para la vida y determinante para salir adelante. Como dice un dicho común: “Enfócate en lo que quieres y verás llegar las oportunidades”. Otra frase dice: “El enfoque determina tu realidad”. En otras palabras, el enfoque es la habilidad que tiene el ser humano para mantenerse en el curso y poder completar los objetivos que se ha trazado. En una sociedad tan llena de distracciones la pérdida del enfoque es uno de los problemas más grandes. Tanto niños como adultos son constantemente diagnosticados con el déficit de atención, en palabras más simples, con una falta de enfoque.

El enfoque se necesita en todos los niveles. Los atletas lo necesitan. Los soldados lo requieren. Los médicos lo poseen. Los educadores lo enseñan. Los estudiantes deben practicarlo. Los trabajadores deben demostrarlo y los hijos de Dios debemos vivirlo. Pase lo que pase nuestro enfoque debe estar puesto en Jesús. La vida tendrá muchas situaciones y distracciones, pero el enfocarnos en Jesús marcará la diferencia.

Así que, enfócate en Jesús. Él te ayudará a completar cada uno de tus proyectos y llegar al final de la carrera que tienes por delante. La Biblia dice en Hebreos 12:2a, “2 Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe.” (NTV).

Aunque No Salga Como Queremos

Todos estamos familiarizados con la frase que dice “cambio de planes”. En otras palabras, no todo en la vida nos sale como habíamos planeado. Sin embargo, hay que aprender que los planes no siempre salen como uno quiere y que el aprendizaje muchas veces duele. Sin embargo, cuando se frustra un plan es porque vienen muchos más que aunque no sean los que uno planeó resultan ser los mejores. Como dicen por ahí: “Que las cosas no salgan como esperábamos en ocasiones es lo mejor que nos puede pasar”. Tenemos que reconocer que nuestros planes no siempre son los mejores, ya que muchos de ellos son egoístas, altruistas y en ocasiones muy limitados.

Por otro lado, Dios tiene los mejores planes para nosotros. Un dicho dice: “Quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”. Los planes de Dios siempre son los mejores. El proceso a veces puede ser doloroso y difícil, pero debemos recordar que cuando Dios parece estar en silencio, realmente está haciendo algo por ti.

Constantemente Dios suele destruir nuestros planes antes de que estos nos destruyan a nosotros. Sobre todo recuerda que “nadie puede detener los planes de Dios para tu vida”. La Biblia dice en Isaías 14:27, “ 27 El Señor de los Ejércitos Celestiales ha hablado; ¿quién podrá cambiar sus planes? Cuando levante su mano, ¿quién lo podrá detener?»” (NTV).

Impaciencia

Hace algún tiempo que un gran amigo compartió conmigo la siguiente frase mientras esperábamos por un largo tiempo: “La paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia la debilidad del fuerte”. De modo que si crees ser fuerte, una de tus debilidades puede ser la impaciencia. Muchas personas piensan que la paciencia es la capacidad de esperar, pero la paciencia tiene que ver en cómo nos compartamos mientras esperamos. ¿Has visto como se comportan las personas impacientes? Desde el niño que no se puede esperar hasta el final de la fiesta para abrir su regalo de cumpleaños, como el adulto que espera en una interminable fila de carros para pasar un puente o entrar a un lugar en particular. Todos, sin excepción, hemos tenido momentos donde la impaciencia nos colma y tendemos a desesperarnos.

La paciencia es entonces una virtud, pero la impaciencia es una debilidad. Como dicen por ahí: “La paciencia no es la capacidad de esperar, sino la habilidad de mantener una buena actitud mientras esperas”. La impaciencia nos aparta de Dios. Pensamos que Dios no nos escucha, que no está presente y que no es nada benevolente. Pensamos que debe actuar en nuestro tiempo y de acuerdo a nuestra manera. Entonces, cultivemos la paciencia y dejemos a un lado la impaciencia. La Biblia dice en Colosenses 1:11, “11 También pedimos que se fortalezcan con todo el glorioso poder de Dios para que tengan toda la constancia y la paciencia que necesitan. Mi deseo es que estén llenos de alegría” (NTV).

Angustia

Vivimos en un mundo de personas angustiadas. Unos se angustian de la nada y otros por razones muy verídicas. La angustia es un sentimiento agobiador, azotador, desalentador y muchas veces frustrante. Martín Heidegger dijo: “La angustia es la disposición fundamental que nos coloca ante la nada”. En otras palabras, es un sentimiento que emocionalmente hablando nos deja sin bases sustentables. La angustia suele ser constantemente irracional porque tiende a opacar nuestro razonamiento al punto de pensar cosas que nunca pensaríamos sino estuviésemos angustiados. Es por eso que todos queremos vivir sin angustia.

Entonces, ¿qué podemos hacer para no angustiarnos de manera desmedida? Tomar control de nuestros pensamientos los cuales alimentan nuestros sentimientos. De la misma manera, debemos evaluar cuál es la base de la angustia, de modo que si no encontramos base alguna, dicha angustia es innecesaria. Por otro lado, debemos eliminar los factores que nos causen angustia de los cuales no tengamos el control. Por ejemplo, no podemos controlar lo que otras personas digan o hagan, lo cual es una de las propulsoras de la angustia. Finalmente, debemos confiar en Dios. Él está en control y conoce nuestra situación.

Dios puede calmar todas tus angustias, ¿dejarás que Él las lleve? La Biblia dice en Isaías 41:10, “ 10 Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa” (NVI)

Seguir

Una vez escuché la siguiente frase que me puso a pensar: “A veces hay que seguir como si nada, como si nadie y como si nunca”. Esto nos habla del principio de la persistencia donde se requiere de esfuerzo, sacrificio y entrega. Como dicen por ahí: “Para llegar donde nunca antes has llegado, tendrás que esforzarte como nunca antes lo has hecho”. Pero muchos preguntan: “¿A quién debemos seguir o cuál camino debemos tomar?

La Palabra de Dios es explícita al dejarnos saber que Jesús es nuestro ejemplo y camino a seguir. Él es el mejor maestro en todas sus facetas ya que persistió en Su propósito hasta el final y no claudicó. También, convocó a muchos seguidores, rescató a muchos oprimidos, sanó a muchos enfermos, levantó a muchos del lecho de la muerte y se sacrificó por amor a la humanidad. ¿Qué mejor modelo para seguir que este?

Jesús desea que le conozcas y que le sigas. Él desea tener una relación contigo. Él quiere enseñarte el camino que debes seguir, promete estar contigo mientras transcurres por él y llegará contigo hasta el final. Entonces, ¿deseas seguirle? La Biblia dice en Deuteronomio 13:4, “4 Solamente al Señor tu Dios debes seguir y rendir culto. Cumple sus mandamientos y obedécelo; sírvele y permanece fiel a él” (NVI).

La bendición que viene

“Si vieras el tamaño de la bendición que viene, entenderías la magnitud de la batalla que ahora peleas”. Todos peleamos batallas diariamente. Algunas batallas son físicas, otras relacionales, algunas financieras, emocionales y muchas veces guerreamos espiritualmente. He aquí una realidad en cuanto a las batallas: son pruebas para fortalecernos y no para destruirnos, ellas tienden a enseñarnos las lecciones más fuertes de la vida, algunas veces se toman ganancias y en otras pérdidas, pero en el caminar de la fe, cada batalla es una victoria que nos ayuda a crecer espiritualmente. En otras ocasiones, la batalla más difícil que tenemos a diario es con nosotros mismos. Las batallas se repiten si no hemos aprendido lo necesario. Por último, no hay batallas eternas, todas ellas tienen su tiempo y su propio propósito.

El historiador Thomas Carlyle, lo definió muy bien cuando dijo: “El hombre ha nacido para luchar y se le define mejor diciéndole que es un guerrero nato y que su vida desde el principio hasta el fin no es sino una batalla”. Debemos recordar que las batallas no nos definen ni lo deciden todo porque nuestra identidad no esta basada en las circunstancias de la vida, sino en lo que somos como hijos de Dios. Entonces ¿cómo peleas tus batallas? La Biblia dice en Josué 1:9, “¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” (NTV).

Costoso

Nada que tenga valor en la vida viene sin algún costo. En otras palabras, sin costo no hay valor y sin valor, no hubiera un costo. El costo de una cosa es la cantidad necesaria de vida para adquirir algo, bien sea a corto o a largo plazo. Por ejemplo, alguien escribió lo siguiente acerca del costo del éxito. Dijeron que para ser exitoso se debe: “Trabajar hasta tarde, levantarse temprano, tener pocos amigos, sentirse no entendido, sentirse muy agotado, ser cuestionado, animarse aún cuando nadie lo haga y saber que vale la pena intentarlo”. En otras palabras, lo que cuesta llega a ser muy significativo. La pregunta que surge es, ¿valdrá la pena?

La respuesta puede ser muy extensa. Sin embargo, he aquí unas pautas: evalúa si el costo es necesario, nunca sacrifiques a tus relaciones más cercanas comenzando por tu familia, considera los riesgos, examina los tiempos y el contexto, estudia las inversiones y los posibles dividendos, pide el consejo de personas sabias antes de cualquier decisión, sobre todo, pídele a Dios sabiduría para hacer siempre Su voluntad.

Dios Padre sabe lo que es pagar un precio muy alto. Le costó la vida de Su Hijo Cristo en la cruz por amor a todos nosotros. Él no puso ningún requerimiento, ni esperó nada a cambió. Sin embargo, lo dio todo por amor a nosotros. La Biblia dice en 1 de Corintios 6:20,“ 20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo” (NTV).

Árbol

Me encantó la siguiente frase que leí acerca de los árboles que dice: “Haz como los árboles: cambian sus hojas y conservan sus raíces. Así que, cambia tus ideas pero conserva tus principios”. ¿Cuáles son tus raíces? ¿Qué es lo que te distingue e identifica? ¿Cuáles son las hojas que deben cambiar en ti sin que cambien tus raíces? La naturaleza, en este caso los árboles, nos enseñan una hermosa lección acerca de los cambios necesarios sin que cambien nuestros principios.

En nuestros días, hay personas que piensan que no pueden cambiar sin cambiar sus raíces. Sin embargo, la misma naturaleza nos muestra que algunos cambios son necesarios y saludables. Por ejemplo, las hojas de los árboles se caen en el otoño, pero vuelven a surgir en la primavera. ¿Por qué? Porque la raíz, el tronco y algunas de sus ramas aún permanecen. Como dice un proverbio chino: “Los árboles meditan en invierno, gracias a ellos florecen en la primavera, dan sombra y frutos en el verano y se despojan de lo superfluo en el otoño”. ¿Cómo estás pasando cada una de las estaciones de tu vida?

Quizá sea tiempo de meditar, de dar sombra, de producir mucho fruto o de despojarte de lo que realmente es innecesario y tóxico para tu vida. Recuerda que aunque cambien algunas o todas tus hojas, siempre podrás conservar tus raíces. La Biblia dice en el Salmo 1:3,“ Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará” (RV1960).

Pies

Una frase común dice: “Mantén los ojos en las estrellas y los pies en la tierra”. Esta expresión “pies en la tierra” es usada constantemente para hacernos comprender que debemos ser realistas aunque tengamos gran optimismo y fe. Tener los pies sobre la tierra significa sopesar cada una de las situaciones que nos están pasando, evaluar con claridad cada una de nuestras posibilidades y no dejar que el orgullo nos enceguece o nos haga pensar algo que no es una realidad.

Pies sobre la tierra también significa que tenemos un sentido de responsabilidad. Como escuché el otro día en una conferencia para padres donde decían: “Si usted quiere que sus hijos tengan los pies sobre la tierra, colóqueles alguna responsabilidad sobre los hombros”. No se puede pretender que las personas serán responsables, sino aprenden desde pequeños a desarrollar un sentido de responsabilidad porque como dicen por ahí: “No se trata de tener el mundo a tus pies, sino dejar una huella en todo el mundo”.

Medita por unos momentos en dónde estás pisando y qué huella estás dejando. Cuáles pasos estás dando en las decisiones que estas tomando. De la misma manera, ¿cómo estás siendo de bendición a otros? La Biblia dice en Romanos 10:15, “15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !!Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (RV1960).

Sedientos

¿Has estado en momentos donde tienes mucha sed? Usualmente, son esos momentos donde el calor y la humedad se unen para producir una sed impresionante e indescriptible. Una persona sedienta es aquella que tiene mucha necesidad de hidratación. En repetidas ocasiones, dicha sed se sacia solo al tomar agua, pero otras ocasiones, parece ser insaciable. Como dice una frase: “Mientras el sediento busca agua, el agua también está buscando al sediento”. Esta sería la descripción de la sed física, pero, ¿qué de la sed emocional y espiritual?

Hay personas que están sedientas de amor, compañía, paz, fuerzas, fe, esperanza, etc. Hay personas que tratan de saciar su sed emocional con hábitos nocivos como con vicios o con relaciones que suelen ser tóxicas. Su sed también puede llevarlos a la codicia, a la avaricia y a la envidia. Lo más impresionante es que la sed emocional no se sacia fácilmente. Hay personas que parecen tenerlo todo, pero actúan como si no lo tuvieran. Sus ansias y sed por más, los hace actuar de maneras muy inusuales e irracionales.

La Palabra de Dios se refiere una y otra vez a un tipo de sed y esta es la sed espiritual. Aunque puedas saciar tu sed física y emocional, si no has saciado tu sed espiritual, deambularás tratando una y otra cosa hasta encontrar el agua de vida en Jesús. La Biblia dice en Juan 7:37b-38, “—¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! 38 De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva” (NTV).