Ahora Sí Puedo Ser Feliz

Algunos dicen: “Ahora sí puedo ser feliz”, después de haber obtenido algo o haber conseguido una relación que tanto anhelaban. Sin embargo, poco tiempo después dichas personas dicen: “Ya no soy feliz”. Entonces, ¿de quién o de qué depende nuestra felicidad? ¿Cuál es el secreto de la felicidad? Si no lo son las posesiones ni las relaciones, ¿cuál es?

El secreto de la felicidad radica en lo trascendente, en lo eterno y realmente permanente. El secreto radica en la renuncia a nosotros mismos y en el servicio a otros. Se ha comprobado que la felicidad reposa adentro de nuestro ser y no necesariamente al lado de una persona. La felicidad se expresa cuando lo que pensamos, decimos y hacemos está en armonía. El arte de ser feliz se toma de las cosas comunes, de la sencillez de corazón y de las actitudes más preciadas que brotan de nuestro ser. La felicidad no radica en nuestras emociones, sino en nuestras convicciones, porque lo que bien se piensa, bien se expresa. La alegría florece donde las mentes y los corazones están abiertos.

Entonces, deja de enumerar las razones por las que no eres feliz y decide ser feliz hoy. ¡Sólo Dios nos puede hacernos felices! ¿Deseas buscar tu felicidad en el lugar correcto? La Biblia dice en Sofonías 3:17, “Pues el Señor tu Dios vive en medio de ti. Él es un poderoso salvador. Se deleitará en ti con alegría. Con su amor calmará todos tus temores. Se gozará por ti con cantos de alegría”. (NTV)

Por Amor

Muchas cosas se hacen por amor. Por amor las mamás se desviven día tras día incansablemente por cuidar, guiar y salvaguardar a sus hijos. Por amor los padres trabajan desmedidamente para proveer de alguna manera para sus hijos. Por amor muchas parejas aguantan y esperan lo que nunca pensaron esperar y soportar. Por amor muchos callan, otros hablan y otros otorgan las palabras. Por amor se vive y se sobrevive. Por amor se sacrifica y se entrega. Por amor se sufre y se vive en plenitud.

¿Qué no has hecho por amor? Creo que todos hemos hecho cosas que nunca pensábamos hacer, pero que el amor ha sido el propulsor en cada ocasión. El amor de Dios es mucho más grande que lo que podamos pensar o analizar. Su amor es real, trascendente y eterno. Él nos ha amado sin mesura alguna y nos ha mostrado Su fidelidad aún en medio de nuestras infidelidades y terquedades.

Él te ama, no por méritos propios, sino por Su misericordia y por Su gracia que son infinitas. Él te ama porque ha decidido hacerlo antes de que nacieras y aún después de que mueras. Él te ama y te amará por siempre. Él te ama como eres, sin pretextos, sin reservas y sin requerimientos. Pero, ¿le amas a Él? ¿Deseas vivir bajo ese tipo de amor incondicional de parte de Dios? Él te lo quiere proporcionar, ¿lo deseas recibir? La Biblia dice en 1 Juan 3:1a, “ Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos” (NTV).

Sin Condiciones

Lo haré solo con una condición. Esa es la frase que tanto escuchamos. Estamos en un mundo condicionados a situaciones externas que se salen de nuestro control, estamos condicionados a las reacciones de otros, a situaciones y a muchas condiciones día tras día. No obstante, no estamos condicionados por el amor de Dios. Él nos ha amado sin condiciones. Él nos ha rescatado sin merecerlo. Él ha dado el todo de sí sin esperar nada a cambio.
El único que puede ofrecer una relación sin condiciones se llama Jesús. Él lo dio todo por nosotros. Su amor lo llevó a encarnarse en un cuerpo humano, a vivir una vida humana, pero sin pecado. Lo llevó a ser criticado, traicionado, abandonado, vituperado, maltratado, lacerado y crucificado. Sin embargo, este amor lo llevó a levantarse de los muertos, a restaurar a sus discípulos, a encomendarles una tarea de llevar esperanza a un mundo sin esperanza otorgándoles la autoridad en Su nombre.

Este amor nos acompaña a través del Espíritu Santo, nos capacita, nos da fuerzas, nos guía, nos alimenta y cada día nos da una nueva oportunidad. ¿Deseas responder al amor incondicional de Dios? Quizá has buscado este amor en muchas partes, de muchas maneras y a través de muchas personas. Sólo Él te puede amar así. La Biblia dice en 1 Juan 4:10, “ 10 En esto consiste el amor verdadero: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados” (NTV).

Confesión

“Te confieso que me es muy difícil confesar mis faltas”, fue lo que me dijo una de las personas al llegar a consejería. Añadió lo siguiente: “Cuando quiero confesar mis errores y pedir perdón, se me hace un nudo en la lengua, no pienso bien y parece que siempre tengo una excusa”. A lo que yo le dije: “Yo también experimento lo mismo”, porque no es fácil confesar nuestros errores a nadie en ninguna circunstancia. No estamos diseñados para confesar, sino para guardar todas nuestras faltas en lo más profundo de nuestro ser. Sin embargo, la confesión es una práctica espiritual muy necesaria.

Es la única práctica que requiere de involucrar a otros en nuestras vidas. La confesión tiene que ser llevada a cabo en el contexto de la comunidad. Primero, en nuestra comunión con Dios y luego en nuestra comunión con los demás. La palabra comunión es tener algo en común. Es presentarnos ante otras personas reconociendo nuestras faltas y enfrentando las consecuencias de nuestros errores. La confesión es liberadora porque habilita el perdón, la restauración y la vindicación.

El confesar nuestros pecados a Dios nos da libertad y nos da autoridad ante las otras personas. Muestra que en nuestra debilidad radica nuestra fortaleza. Dios desea que confesemos nuestros pecados a Él para hacernos completamente libres y otorgarnos la paz que tanto necesitamos. ¿Estas listo(a) para confesar tus faltas delante de Él? La Biblia dice en Proverbios 28:13, “Los que encubren sus pecados no prosperarán, pero si los confiesan y los abandonan, recibirán misericordia” (NTV).

Novedad

¿Qué hay de nuevo, viejo? Era la pregunta de un personaje en una caricatura que veíamos muchos de mi generación. Esa es una pregunta que nos habla de las noticias, de los acontecimientos, de lo nuevo que pueda estar pasando a nuestro alrededor. Parece ser que actualmente el mundo está girando alrededor de la crisis pandémica y aunque hay nuevas estadísticas a diario, nuestras vidas parecen estar inmersas en tristes y desafiantes noticias que carecen de mucha novedad.

Los horarios, trabajos, relaciones y dinámica familiar han sido también cambiados o alterados. Nuestros planes han sido modificados. La novedad en nuestros días es enfrentar cada desafío de la mejor manera posible, podernos adaptar cuando sea necesario y encarar los obstáculos como peldaños en la escalera hacia la madurez. Pero, a su vez, cada día es una nueva oportunidad. Una oportunidad para comenzar de nuevo, una oportunidad para emprender lo no emprendido, para restablecer, para reconstruir, para reinventarnos si es necesario. Es una oportunidad para decidir ser felices, para aprender de cada momento y para disfrutar de cada ocasión. Es una oportunidad para amar y ser amados, para servir y para encontrar lo que aún no hemos encontrado.

¿Estas dispuesto(a) a descubrir y a experimentar novedad en tu vida? Recuerda que Dios siempre desea hacer algo nuevo en ti. La Biblia dice en Colosenses 3:10, “ Vístanse con la nueva naturaleza y se renovarán a medida que aprendan a conocer a su Creador y se parezcan más a él” (NTV).

Plenitud de Vida

Una de las quejas que escucho constantemente de las personas con las que hablo es que no se sienten totalmente plenas o felices. Se sienten llenas de temores, de incertidumbres y de inseguridades. Algunas personas, aunque lo tienen todo materialmente, parecen no tener nada, y otros que parecen no tener nada, viven su vida como si lo tuvieran todo. ¿Cuál es la diferencia? La diferencia radica en lo que creen ser y en lo que hacen en base a eso.

La plenitud de vida radica en lo que creemos ser y en lo que hacemos a raíz de esto. Una persona plena es una persona cabal, completa y feliz. La pregunta que surge es: ¿De dónde surge la fuente de tu plenitud? ¿Cuál es la creencia que mueve todo tu existir? ¿Depende de tus sentimientos, de las circunstancias, de las personas, de tus finanzas, de tu pasado, de tu situación actual o depende de Dios?

Dios desea darnos una vida plena. Él desea llenar cada vacío de nuestra vida, restaurar nuestro corazón, darle sentido a nuestro accionar, proveer dirección a nuestro diario vivir y transformar nuestro pasado para que Su gloria resplandezca cada vez más en nosotros. Nosotros debemos hacer algo: “Dejar que Él obre, nos llene y nos use día tras día”. ¿Dejarás que Él haga eso en ti hoy? La Biblia dice en Isaías 41:13, “Pues yo te sostengo de tu mano derecha; yo, el Señor tu Dios. Y te digo: “No tengas miedo, aquí estoy para ayudarte.” (NTV)

Vida Nueva

“Solo quiero una vida nueva”, eran las palabras que enfáticamente me decía un joven al salir de una crisis existencial. También decía: “Deseo borrar mi pasado, limpiar mi presente y correr hacia el futuro”. Aunque sus palabras tenían toda la intención posible y su corazón estaba en el lugar correcto, la realidad a la cual se enfrentaría al salir sería desafiante, porque no se trata únicamente de querer cambiar, es necesario vivir intencionalmente día con día.
El vivir una vida nueva sólo es posible al recibir a Cristo en nuestro corazón. Sólo a través de Él tenemos una nueva oportunidad, una nueva identidad, una nueva posición y una nueva familia. El borrar el pasado es imposible, pero el perdonarlo, sí lo es. Las memorias pueden quedar, pero su significado puede cambiar. Los hechos no se podrán eliminar, pero sus lecciones siempre se podrán atesorar. Los errores no se pueden descartar, pero sí se pueden transformar.

Jesús desea darnos una vida nueva. Él desea acompañarnos en nuestro presente y darle significado a futuro pleno y seguro en Él. También desea enseñarnos, guiarnos y protegernos. Él desea borrar nuestros pecados, echarlos al fondo del mar para nunca más acordarse de ellos. Él desea mostrarnos la verdadera vida y proveernos una vida eterna. ¿Quieres venir a Él? La Biblia dice en 2 Corintios 5:17, “17 Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!” (NTV).

Esperanza

Si hay algo que el mundo necesita hoy en día es recordar que siempre habrá esperanza. La esperanza está definida como: “Confianza de lograr una cosa o que se realice algo que se desea”. También es conocida como: “Una cosa o persona que es objeto de esa confianza” (REA). Como dice un dicho común: “La esperanza es lo último que se pierde”.

No sé dónde te encuentres en estos tiempos en tu vida, pero hoy se nos invita a retomar la esperanza.
La esperanza tiene que ver con la actitud que mostramos mientras esperamos, porque es en la espera donde Dios nos habla, nos forja y nos hace crecer. Es allí donde vemos más allá de nuestras imposibilidades y donde Dios nos muestra más allá de nuestras fronteras mentales. Es en medio de la espera donde Dios incrementa nuestra fe.

Un día, el Señor Jesús invitó a sus discípulos a venir a Él con sus pesadas cargas para dejarlas con Él y poder proseguir. Les dijo que Su carga era mucho más liviana. ¿Estamos dispuestos a dejarle todas nuestras cargas a Jesús? ¿Estamos dispuestos a cargar Su carga que no pesa y poder correr libremente día tras día? La Biblia dice en Mateo 11: 28-30, “ «Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. 29 Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma.30 Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana»” (NTV).

Resurrección

¿Resurrección? ¿Volver a la vida? ¿Morir y volver a vivir? ¿Es eso posible? Han habido muchas filosofías, conjeturas y versiones de personas que han muerto y han resucitado en la historia de la humanidad, pero solo una persona ha resucitado y sigue viviendo, esa persona se llama “Jesús”. Evidencias antropológicas, arqueológicas, históricas y espirituales corroboran que Jesús vivió, fue crucificado, pero también resucitó. Pero, ¿para qué resucitó? Él resucitó para darnos vida a cada uno de nosotros. Él resucitó para darnos propósito, plenitud y un destino seguro por la eternidad.

Jesús resucitó y con Él resucitó la oportunidad de una nueva vida para toda la humanidad. Resucitó el amor incondicional, eterno y real. Resucitó la puerta y el camino hacia el cielo. Resucitó la fuerza para vivir esta vida. Resucitó la esperanza, pero sobre todo, resucitó nuestra relación con Él.

La resurrección es más que un hecho histórico, es una realidad permanente. Todos los días Sus misericordias son nuevas, Su amor es real y Su gracia es infinita. Todos los días resucitan las oportunidades, resucita el perdón sustentado por el amor. Y para ti, ¿qué significa la resurrección? ¿Ha resucitado Jesús en tu corazón? La Biblia dice en Juan 11:25-26, “ 25 Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto. 26 Todo el que vive en mí y cree en mí jamás morirá” (NTV).

Morir Para Vivir

En esta vida necesitamos morir para vivir. Cada día nuestro cuerpo va muriendo en vida. Miles de células mueren a diario, pero otras viven en la majestuosidad del cuerpo humano permitiéndonos gozar de la vida día tras día. El principio es vital y fundamental: “Debemos morir para vivir”. Dicho principio también se traslada a nuestra vida emocional y espiritual.

Debemos morir a nuestras emociones tóxicas, a nuestros pesares del ayer, a nuestras relaciones enfermizas, a nuestros paradigmas mentales que empañan nuestra mente, a nuestros dolores insuperables y a todo el pasado que nos suela atormentar. Debemos morir espiritualmente a nuestra antigua manera de vivir, al pasado que nos aparta de Dios, a los hábitos que nos conducen a la desobediencia, a las relaciones que nos invitan hacia la maldad y a las prácticas que no sean saludables.

Cristo Jesús murió para que nosotros pudiésemos vivir. Él murió por todo lo malo, todo lo pecaminoso y todo lo desilusionante que pueda atormentar nuestra vida. Él murió para darnos vida. Entonces, ¿morirás a ti para que Jesús pueda vivir a través de ti? La Biblia dice en Juan 3:30, “ Él debe tener cada vez más importancia y yo, menos” (NTV).