Peor Que El Fracaso

A menudo me encuentro con personas que me dicen que tienen mucho miedo al fracaso. En particular, yo también he experimentado este sentimiento, pero al indagar en el mismo me doy cuenta que el miedo al fracaso es algo natural en el ser humano y usualmente sirve para dos cosas: el inmovilizarnos para no incursionar ni hacer nada nuevo o el animarnos a tomar riesgos, innovar y progresar. Como dice un dicho común: “En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada”.

¿Qué te esta impidiendo el temor a fracasar? Por ejemplo, puede ser el tomar una decisión sentimental, el emprender un nuevo trabajo, el incursionar en una nueva carrera, el iniciar una educación o entrenamiento, el salir de tu zona de comodidad para progresar, el vivir sin sentido y sin propósito todos los días. Eso y muchas cosas más son producidas por el miedo a fracasar. 
De modo que si tienes temor al fracaso, haz lo siguiente: identifica tu miedo, enfréntalo, buscar ayuda de otros cuando sea necesario, no vayas sólo cuando puedes aprender de otros, toma riesgos consecuentes y aprende de todas tus faltas o intentos fallidos. Sobre todo, busca la fortaleza, pide la dirección y el discernimiento de parte de Dios para evitar el fracaso o aprender de él. No te quedes como estas. La Biblia dice en 2 Timoteo 1:7,Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (RV1960) 

Lo Momentáneo

No cambies lo que más quieres en la vida por lo que más quieres en el momento, porque los momentos pasan y la vida sigue. Esto es muy certero, sin embargo, muchas veces cambiamos lo que más queremos por lo momentáneo y poco duradero. Nos enfocamos en lo que esta aquí y ahora, sin importarnos lo que verdaderamente es trascendente. 

Nuestro enfoque es temporal porque estamos diseñados para mirar sólo lo temporal y no lo duradero. Sin embargo, en nuestro interior tenemos la eternidad marcada en nuestros corazones. Pero ¿por qué nos enfocamos sólo en lo temporal? Recordemos que como seres humanos queremos tener una satisfacción rápida, algo que nos haga sentir bien en el momento y que nos provea una retroalimentación momentánea. Nos afanamos por cosas que no tienen mucho sentido y nos preocupamos mucho más de lo que debemos preocuparnos. Entonces, ¿qué debemos hacer? Simplemente debemos poner nuestra mirada en las cosas trascedentes y pedirle a Dios que nos ayude a enfrentar nuestros días con valentía y sabiduría para vivir en plenitud de vida. Dios desea que trascendamos a diario y que compartamos con Él la eternidad, ¿deseas hacerlo?   
La Biblia dice en el Salmo 90:12,Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría” (NTV) 

¿Fuerte o débil?

Muchas veces nos sentimos muy débiles y sin ganas de emprender o seguir hacia adelante. Sentimos que se nos agotan las fuerzas, que perdemos todo el interés y que las ganas que antes teníamos ya no existen. Nos sentimos débiles y a la vez fuertes, porque tenemos que enfrentar cada día con sus múltiples desafíos. ¿Has estado en dicha situación? 

Estadísticamente todo ser humano suele pasar por ciclos donde se siente débil, desanimado(a) y sin ganas de continuar. Si te has encontrado en esa situación recuerda lo siguiente: “Nunca sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que te queda”. 
Ser fuerte es muchas veces la única opción que tenemos. Un buen ejemplo es nuestro cuerpo que naturalmente se debilita, pero con el descanso suele recobrar las fuerzas. Por otro lado, si tu debilidad es emocional, se recomienda identificar la causa de lo que te esta drenando emocionalmente diariamente, tratar de nutrir tu debilidad al fortalecer tus emociones con reflexión, meditación y relajación. Por último, se recomienda hacer una desintoxicación de lugares, personas, eventos y situaciones que sean nocivas para tu salud emocional. Sobre todo, lo más importante es dejar tu corazón delante de Dios quien tiene cuidado de ti. Él puede fortalecer todas tus debilidades. La Biblia dice en Joel 3:10b,diga el débil: Fuerte soy” (RV1960)   

¿Salida?

A veces queremos una salida fácil a nuestros problemas o desafíos en la vida, sin embargo, las salidas fáciles no suelen ser siempre las mejores. Lo fácil no es siempre lo mejor y lo rápido aunque sea lo más práctico no es siempre lo mejor. ¿Deseas salir por la puerta rápida? ¿Deseas una solución rápida a tus problemas? Usualmente no es así.

Para la salir de los problemas se necesita tomar una responsabilidad propia y querer salir de la situación que se este experimentando, porque como dicen: De ningún laberinto propio se sale con llave ajena. En otras palabras, no todo lo que le suele funcionar a algunos nos suele funcionar a nosotros y no todo lo que nos resulta bien a nosotros ha de resultarle bien a los demás. Cada caso es único y diferente y aunque haya muchas similitudes, debemos tomar responsabilidad propia de cada decisión y movimiento que hagamos. De modo que correr por la puerta ancha quizá sea lo más fácil, pero no lo mejor. No huyas, no desistas, no renuncies. En cambio, persiste, lucha, pide sabiduría, busca consejo y sigue siempre la dirección de Dios. Él te puede sacar en victoria para que no tengas que buscar una salida fácil que puede llegar a ser muy costosa para ti y para los que están alrededor tuyo. La Biblia dice en Mateo 7:13, “Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella” (LBLA) 

¿Arrugas?

La empresa cosmetológica en el mundo reporta millones de dólares en ganancias anuales por la variedad de productos relacionados con mantener la belleza y la juventud en las personas. Uno de los factores de ganancias más grandes son las cremas y productos antiarrugas, en especial, los productos para mantener la cara sin muchas arrugas. ¿Por qué? Simplemente porque se desea prolongar el estado de juventud y verse mucho mejor de lo que naturalmente nos veríamos. ¿Habrá algún problema con eso? Claro que no. Si el corazón está en el lugar correcto, no hay problema con lo que podamos ponernos o hacer con nuestro cuerpo exterior. Pero si nuestro corazón no esta basado en los motivos correctos, sí tendremos muchos problemas.    

Un dicho que escuché el otro día lo encapsula muy bien: “No te preocupes tanto por las arrugas de tu cara y atiende las de tu alma, esas sí matan”. Aunque me hizo reír, dicha frase comunica una gran verdad. A veces nos preocupamos por lo exterior, pero no por cuidar nuestro interior. Entonces, ¿Cuáles pueden ser unas arrugas en nuestro interior? Estas pueden ser raíces de amargura, resentimientos, temores, traumas, falta de perdón, un profundo dolor emocional, múltiples ansiedades, un estado depresivo prolongado, etc. Estas arrugas aunque no se ven, sí nos consumen y hasta nos suelen envejecer más rápidamente. ¿Qué tal si tratas las arrugas de tu alma? Dios es experto en sanar nuestra heridas y en sanar nuestra alma. ¿Deseas venir a Él?
La Biblia dice en el Salmo 62:1,En Dios solamente espera en silencio mi alma; de Él viene mi salvación” (LBLA)   

Hablar O Callar

Me puse a reír cuando escuché la siguiente frase: Se necesitan dos años para aprender a hablar y setenta para aprender a callar. Esta es una gran verdad. Es impresionante ver cómo los padres desean que sus hijos balbuceen las primeras palabras y meses después andan callándolos, porque no suelen hacerlo fácilmente. Sin embargo, aunque todos hayamos crecido y seamos adultos, hay siempre una lucha entre el hablar y el saber callar cuando sea necesario. 

Pensemos en las ocasiones en las cuales no hemos sabido callar. Muchas de estas veces hemos ofendido, lacerado con nuestras palabras y hasta destruido relaciones que nunca pensábamos se iban a fracturar. ¿Sabes qué es lo más satírico del asunto? Lo más increíble es que si hubiésemos sabido callar, no tendríamos que reparar tantos daños, perdonar tantos episodios oscuros y lamentarnos de lo que parece ser irreparable. 
He aquí unos consejos para saber hablar y callar. Primero, piensa antes de hablar. Segundo, habla con claridad, serenidad y asertividad. Tercero, permite que la otra persona(s) responda, piensa tu respuesta y formúlala con calma sin apresurarte. Cuarto, no prometas cosas para quedar bien o por salir del apuro. Quinto, aprende a callar cuantas veces sea necesario. Por último, pídele a Dios sabiduría para siempre hablar para edificar a otros y no para destruirlos. La Biblia dice en Proverbios 18:21,La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias” (NTV)   

Algo grande es algo pequeño

En la vida lo más grande surge a veces de lo más pequeño, porque todo el mundo trata de realizar algo grande sin darse cuenta de que la vida se compone de cosas pequeñas. La vida está llena de pequeños tiempos de quienes suelen aprovecharlo. Es en las pequeñeces de la vida que se encuentran las más grandes lecciones y los mejores sucesos que nos llenan de propósito y de significado.

En otras palabras, si no puedo agradecer lo pequeño, tampoco podré agradecer lo inmenso, porque lo inmenso está hecho de pequeñeces. Así que piensa en las pequeñeces de la vida que te hacen muy feliz. Por ejemplo, piensa en los cortos momentos pero grandes momentos compartidos con los que más quieres. Piensa en las pocas palabras que surgieron un efecto eterno en ti. Piensa en las cortas acciones que te han hechos feliz y en los actos que quisieras que se convirtieran en una eternidad. Piensa en los recuerdos más gratos y te darás cuenta que están llenos de pequeños momentos que se han vuelto inolvidables. Piensa en la brevedad de lo que tiene tanto valor para ti y en los pequeños momentos que ya no se pueden vivir porque las personas ya no están allí. Piensa en los momentos más gratos y en tus más profundas desgracias, todas y cada una de ellas se han compuesto de pequeños momentos.

De modo que, entrega todos tus momentos a Dios, aprecia los pequeños momentos y disfruta la plenitud de vida que Él ha prometido darte. La Biblia dice en Eclesiastés 3:11a, “ Sin embargo, Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado” (NTV)

Pérdidas normales

Las pérdidas son parte natural en nuestra vida. Tenemos pérdidas en todo ámbito, tanto en el físico, como en el emocional y hasta en el espiritual. La diferencia radica en cómo enfrentamos nuestras pérdidas. ¿Los enfrentamos con una postura de fe o en nuestras propias fuerzas? Tenemos que entender que en el camino perderemos personas y cosas, pero no debemos perdernos con ellas. Como bien dice el dicho: No sabes lo fuerte que eres hasta que ser fuerte es la única opción que tienes.
Dios permite pérdidas en nuestras vidas para enseñarnos el valor de la vida y fortalecer nuestro espíritu en el caminar de la fe. Hasta que sufrimos ciertas pérdidas logramos descubrir la fuerza que existe en el duelo, pero también en la resignación. Aunque no haya ganas de continuar, la única opción es levantarnos día tras día, emprender la lucha, encarar la realidad, aprender y fortalecernos con fe esperando con esperanza que todo estará bien en el futuro que tenemos por delante.

Tenemos que reconocer que poco a poco podemos dejar ir la pérdida, pero no el amor, ya que este es trascendente. Las cosas pasan, las personas se van, pero el amor de Dios permanece para siempre. Su amor es real y pase lo que pase, Él siempre estará con nosotros. Así que, le podemos entregar todas nuestras pérdidas a Dios y Él tendrá cuidado de nosotros, nos sabrá restaurar y proveer de las fuerzas para seguir hacia adelante. La Biblia dice en el Salmo 34:18, “El Señor está cerca de los que tienen quebrantado el corazón; él rescata a los de espíritu destrozado” (NTV)

Darnos A Nosotros Mismos

Jesús dijo: No he venido para ser servido, sino para servir y para dar mi vida en rescate por muchos (Mateo 20:28). Entonces, la clave de la vida no es vivir para uno mismo, sino vivir para servir a los demás. El significado de nuestra vida radica en ser trascendentes al servir con nuestros dones y talentos durante el tiempo de nuestra existencia. Como alguien bien lo dijo:  Lo que doy, me lo doy. Lo que no doy, me lo quito. Nada para mí que no sea para otros. Me llamó la atención esta frase, porque si no damos de nosotros mismos, nos estamos robando el privilegio de descubrir la bendición que podemos ser para los demás. 

Solo aquel que sirve a los demás descubre su razón de existencia, porque el servir a los demás hace sentir lleno el corazón. Cuando alguien no sabe su razón de existencia o propósito de vida es quizá porque no esta sirviendo a alguien o a algo más. Siempre he pensado que la mejor manera de encontrarse a sí mismo es perderse en el servicio a los demás. 
Si eres un seguidor(a) de Jesús, entonces el servir con humildad y de corazón a los demás es el mejor camino de honrarle a Él. La Biblia dice en Juan 12:26, “Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará” (NTV)

Haz que cuente

El legendario boxeador Muhammad Ali dijo: “No cuentes los días, haz que los días cuenten”. Aunque este boxeador se reconoció por sus excentricidades, aquí habló de una gran verdad. El hacer que los días cuenten debe ser nuestro gran desafío y nuestra grata responsabilidad, porque encontramos significado en la vida al crearlo intencionalmente día tras día. 

Debemos aprender que los errores se pueden convertir en semillas que darán mejor fruto, que cuando se cierra una puerta otra se abre, que la vida empieza literalmente cada minuto, que la vida es corta y hay que valorarla, que los momentos más grandes pueden ser los más pequeños, que las grandezas suelen encontrarse en el día a día, que la felicidad no es algo hecho sino que proviene de nuestras acciones, que la gente negativa siempre estará, pero la gente positiva puede llegar a cambiar al mundo, que la clave de la vida se encuentra no al ser servido, sino al servir a los demás y que la única fuente de transcendencia se encuentra al encontrar a Dios.   
De modo que, haz que tus días cuenten al servir a Dios y servir a los demás. Recuerda que nadie que haya dado lo mejor de sí mismo al final de su vida lo ha lamentado, pero sí lo han hecho aquellos que no lo han dado todo. Así que, da lo mejor de ti y haz que tu vida cuente. La Biblia dice en el Salmo 31:15a,En tu mano están mis tiempos” (RV1960)