Hacer nada es hacer algo

Un día estaba jugando un video juego con mi hijo David. De repente hice una jugada que ni supe cómo me salió, ya que no soy nada bueno en los video juegos porque no suelo practicarlos. Mi hijo me preguntó: Papi, ¿cómo le hiciste? Yo le respondí: “No hice nada”, a lo cual él me dijo: “A veces hacer nada es algo”. Esta es una gran verdad. Muchas veces no tienes que hacer nada y a su vez, estás haciendo algo. 

Por ejemplo, a veces tenemos que callar cuando otros hablan. A veces tenemos que esperar cuando otros están ansiosos y no saben qué hacer. En otras ocasiones, tenemos que dejar pasar el tiempo para cobrar una nueva perspectiva, sanar nuestro corazón, retomar las fuerzas necesarias y seguir adelante. 
La sabiduría de un niño de 12 años parece poder aplicarse en diferentes áreas de nuestra vida. Recuerda que quizá el activismo, las muchas palabras y las múltiples tareas, no son lo más indicado. Con esto no digo que seas perezoso(a). Simplemente, hay veces que al no hacer nada, hacemos algo mucho mejor que lo que podríamos estar haciendo. La Biblia dice en el Salmo 62:1,Espero en silencio delante de Dios, porque de él proviene mi victoria” (NTV)  

Nunca es demasiado tarde

George Elliot dijo: “Nunca es demasiado tarde para convertirte en lo que podrías haber sido”. Esta es una buena afirmación. Algunas personas piensan que ya es demasiado tarde para emprender, reiniciar o trabajar en algo que han anhelado toda su vida. El desánimo se convierte en un sentimiento de temor que los deja paralizados. La inhabilidad de seguir adelante parece ser lo más desafiante cuando se cree que ya es demasiado tarde. 

Yo soy testigo que no debe ni tiene que ser así. Recuerdo cuando me gradué de mi licenciatura ya hace algunos años. Por el pasillo de los graduandos venía caminando una abuelita. Sí, una abuela. Ella se estaba graduando con su licenciatura en estudios teológicos. La ovación en la sala fue tremenda. Su familia estaba gritando, aplaudiendo y celebrando. A ellos se unieron todos los demás. Está abuelita tomó años para terminar su licenciatura, ya que la tomó clase por clase, pero al fin se graduó. También marcó la pauta a su familia, porque era la primera en su generación que se graduaba en la universidad. Qué ejemplo de inspiración tan real, ¿verdad?
De modo que nunca es demasiado tarde para comenzar. Dios todavía tiene planes contigo. Él te puede ayudar.  La Biblia dice en Josué 1:6a, “Esfuérzate y sé valiente” (RV1960)   

Haciendo rendir los ocho dólares

¿Has hecho rendir el dinero lo más que puedas? ¿Has hecho que valga la pena la inversión de tu dinero por más grande o pequeña que esta sea? Hace poco tiempo, tuve la oportunidad de tomar una clase en un seminario fuera del estado donde actualmente resido. Fue una buena y grata experiencia. Entre dichos momentos fue el tiempo que nos daban al medio día para comer el almuerzo. Por motivos de distancia, como buenos estudiantes, optamos por comer en la cafetería. El costo de la comida tipo buffet era de ocho dólares. Un bueno precio para la variedad que ofrecían en cada día. 

Uno de mis compañeros supo cómo sacarle provecho a esos ocho dólares. No solamente comía ensalada, su plato de entrada, sino que también repetía, tomaba fruta, hacía un sándwich para llevar y terminaba comiendo el postre, sin no ignorar la bebida que también estaba incluida. Todos, hasta el mismo, se reía y coincidíamos que si viviese allí en el plantel, la cafetería quebraría o lo vetaría de entrar después de algún periodo de tiempo. Esto es algo jocoso y hasta divertido, pero la verdad es que él sacaba provecho de sus ocho dólares. 
En la vida diaria, ¿sacamos el máximo provecho de las oportunidades, de las experiencias, de las relaciones y de todo lo que se nos presenta diariamente? A veces no lo hacemos. Pero aún más, ¿sacamos el máximo provecho de nuestra relación con Dios? ¿Nos alimentamos, como mi amigo, cada vez más de Su palabra?  La Biblia dice en Mateo 4:4b, “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (RV1960)   

Ignorancia

¿Cuántas cosas hacemos o dejamos de hacer debido a la ignorancia? Hay un dicho que dice que hay varios tipos de ignorantes: “el que asume no saber lo que debería saber; el que no sabe bien lo que sabe y el que sabe lo que no debería saber”. Esta definición me llamó la atención, porque la ignorancia está directamente relacionada con el saber y el no saber y con el hacer o el dejar de hacer. 

¿Qué cosas estas ignorando que no deberías ignorar? Por ejemplo, una relación muy importante, una tarea apremiante, una situación desafiante o una responsabilidad acuciante. Cualquiera y sea lo que estás ignorando, no debes ignorar tu relación con Dios, tu relación con tu familia y tu relación con los más cercanos a ti. No debes ignorar que los más gratos momentos se construyen de los momentos más insignificantes y que suelen ser menos importantes. No debes ignorar el cuidarte a ti mismo y el servir a los demás. No debes ignorar el querer salir adelante, aprender constantemente y desafiarte para crecer cada día más al correr la carrera que Dios ha trazado por delante. Sobre todo, seamos conscientes de nuestra propia ignorancia, porque la peor característica del ignorante es no ser consciente de su propia ignorancia. 
Pidámosle a Dios que nos conduzca, que nos enseñe y que cada día nos saque de nuestra ignorancia. La Biblia dice en Santiago 1:5,“Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (RV1960)   

Estilo

Muchas figuras mentales llegan a nuestra mente cuando hablamos de la palabra “estilo”. Por ejemplo decimos, esa persona tiene estilo para hablar, para vestirse, para relacionarse con otros, etc. La palabra estilo puede ser la forma o manera con la que hacemos las cosas. Todos tenemos un estilo o manera de hacer todo. Desde las abuelitas quienes tienen un estilo peculiar para cocinar, contar historias, regañar y demás, como los niños quienes van adoptando estilos de hablar y actuar de los adultos y seres queridos. 

En la literatura, hay estilos literarios en la forma de escribir de ciertos autores. En las artes, hay pinturas con ciertos toques y estilos especiales. En los deportes, hay estilos de cómo ciertos jugadores se desempeñan en los diferentes deportes o certámenes en los que participan. En la música, hay diferentes estilos y géneros que enriquecen la diversidad musical. En la ciencia, hay diferentes estilos de investigación y campos de práctica. En fin, la vida está llena de formas y estilos diferentes. 
Sin embargo, en la vida espiritual, hay sólo un estilo y una manera. Es el estilo de Jesús. En otras palabras, es ser imitadores de Él. Estamos llamados a ser más como Él, a la manera de Jesús. ¿Quieres reflejar cada vez más el estilo de Jesús? La Biblia dice en Juan 3:30: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe (RV1960)   

Éxito

Muchos quieren subir la escalera hacia el éxito. Para algunos, el éxito está relacionado con una estabilidad en todas las áreas de sus vidas, pero en especial en el área financiera. Éxito para algunos significa no trabajar más, no estudiar más y no lidiar con más problemas. Sin embargo, todas estas percepciones son erróneas en la hora de ser o no exitoso(a). 

¿Qué es el éxito? Una simple búsqueda de esta palabra la define como: “Resultado, en especial feliz, de una empresa o acción emprendida o de un suceso”. En otras palabras, el éxito está directamente relacionado con los resultados en cada una de las áreas de nuestras vidas. Por eso, algunos son exitosos en su trabajo, pero no lo son en su vida personal. Otros logran sostener buenas relaciones interpersonales, pero son un fiasco financieramente. Algunos suelen ser exitosos en el amor, pero no en las demás áreas de sus vidas. Entonces, ¿cuál es la clave? Sin lugar a duda, todos la quisiéramos tener. No obstante, no se trata de una fórmula mágica, se trata de un conjunto de características inherentes a nuestro carácter. 
Lo que sí podemos trazar es que todas las personas exitosas en diferentes áreas de sus vidas tienen un común denominador: “Son fieles a su tarea y su asignación”. La fidelidad es un indicativo del éxito. De la misma manera lo es en la vida cristiana. Somos exitosos cuando hemos sido fieles a nuestro llamado y a nuestra labor. La Biblia dice Mateo 25:23, 23 »El amo dijo: “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en administrar esta pequeña cantidad, así que ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Ven a celebrar conmigo!” (NTV)

Triunfo

¡Qué bueno es experimentar el sentimiento de triunfo! Bien sea un triunfo pequeño como ver dar los primeros pasos a nuestros hijos, un triunfo en un torneo después de haber competido con muchos equipos difíciles, un triunfo académico como una graduación, un triunfo laboral como un ascenso en el trabajo, un triunfo emocional como una relación anhelada y estable, un triunfo financiero al llegar a una estabilidad económica, en fin, podemos dar múltiples ejemplos de los triunfos que podemos experimentar en nuestras vidas. 

Todos los triunfos tienen un común denominador: “No llegan de la noche a la mañana y se construyen con dedicación, empeño y esfuerzo”. Los triunfos no se logran al azar, ni son producto de las coincidencias o sólo de la suerte como algunos piensan que se dan. Los triunfos son el resultado del trabajo dedicado, enfocado y persistente. Los triunfos no son nada apacibles, suelen doler y aún producir pérdidas en el camino hacia el éxito. Los triunfos se construyen un día a la vez, un paso a la vez, un proyecto a la vez, una relación a la vez y un trabajo a la vez. 
El secreto de los triunfadores no lo es su talento, sino su constancia y el empeño esforzado para conseguir lo que parece ser inalcanzable. De modo que si deseas triunfar, tienes que trabajar, sacrificar, ser constante y muy, pero muy paciente. La Biblia dice en 1 Corintios 15:57, 57 ¡Pero gracias a Dios! Él nos da la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de nuestro Señor Jesucristo” (NTV)

La Dependencia En Dios

Desde pequeños como seres humanos queremos llegar a ser independientes. Desde los niños más chicos, los adolescentes, los jóvenes y hasta algunos adultos constantemente lloran porque no pueden tomar decisiones por sí mismos y hacer lo que bien les parezca. La independencia suele ser un regalo para algunos, pero también puede ser una atadura para otros. El día que de verdad no tienen nadie que les diga qué deben hacer, unos deciden para bien y otros deciden cosas que al final les acarrearán graves consecuencias.

La independencia es buena cuando se logra llegar a un estado de madurez emocional y espiritual. Es más, todos los que somos padres oramos para que nuestros hijos lleguen a ser maduros en sus vidas y tomen las decisiones correctas, en el momento oportuno y en las situación precisa. Sin embargo, en nuestra vida espiritual es diferente, ¿Por qué? Simplemente porque en el caminar de la fe la independencia de Dios es inmadurez espiritual, pero la dependencia en Él es madurez. Es totalmente lo opuesto. Entre más dependientes somos de Dios, más maduros podemos ser espiritualmente hablando. 

Dios desea que tengamos una relación cercana con Él. Desea que seamos sinceros, auténticos e íntegros delante de Él. Eso sólo se logra siendo totalmente dependientes de Él. Entonces, ¿deseas ser maduro y depender de Dios?   

La vida es buena

¡Qué bonita es esta vida! Es una frase que he escuchado en canciones, que he leído en poemas y que la he dicho personalmente. La vida es bella y buena cuando entendemos que cada circunstancia que vivimos es parte de una gran travesía de y una jornada en la cual aprendemos constantemente. La vida es buena porque aunque nosotros no seamos completamente buenos, hemos sido recipientes de bondad. 

La vida es buena con sus altos y bajos, con sus desafíos más constantes y con las batallas más frustrantes. La vida es buena porque está llena de colores, de sabores y sin sabores. La vida es buena porque hay personas lindas, personas conflictivas, personas excéntricas y personas en las cuales se puede confiar. La vida es buena porque está llena de frustraciones, de pruebas y vicisitudes, pero también está llena de alegrías, victorias y gratas conquistas. 

La vida es aún más buena cuando hemos aprendido de las experiencias de otros, las cuales no nos cuestan. La vida es buena cuando aprendemos de los errores, de las angustias, de las enfermedades y de las constantes preocupaciones. La vida es aún más buena cuando encontramos el propósito para el cual fuimos creados y así poder servir a los demás. Sobre todo la vida es muy buena cuando encontramos a Jesús, ¿lo has encontrado? La Biblia dice en 2 Corintios 5:7, “porque por fe andamos, no por vista” (RV1960).  

No lo entiendo

“No lo entiendo”, trato y trato, pero no logro entenderlo. Esta es una frase que hemos usado en nuestra vida cuando tratamos de analizar, racionalizar o simplemente comprender alguna información que nos ha tomado por sorpresa. Bien puede ser una noticia sorprendente como una pérdida de un ser querido, un diagnóstico médico no esperado, un problema muy prolongado o una circunstancia que no suele tener explicación alguna.

No lo entiendo puede ser simplemente una falta de comprensión de una tarea académica, un mal entendimiento de las reacciones o palabras de otras personas o quizá ni te entiendas a ti mismo o a ti misma. Yo siempre he compartido que para poder entender a los demás, debemos tratar de entendernos a nosotros mismos y he aquí el meollo del asunto. ¿Te entiendes a ti mismo o a ti misma? ¿Has pensado en porqué eres como eres y cómo podrías mejorar? Compartiré tres simples pasos: Evalúate constantemente y no tengas temor de ser sincero y ver dónde necesitas mejorar. Busca las herramientas para poder entenderte. Esto puede ser una asesoría emocional por un profesional de la salud mental, buscar a un mentor(a) espiritual y mejorar tu salud física en caso que pueda ser un factor determinante. Traza un plan de acción para mejorar cada vez más y sobre todo, pídele ayuda a Dios quien te entiende y puede ayudarte a entender a los demás. La Biblia dice en Job 12:13, “Pero la verdadera sabiduría y el poder se encuentran en Dios; el consejo y el entendimiento le pertenecen” (NTV).