Condiciones

Vivimos en un mundo lleno de condiciones. Hay condiciones físicas, emocionales, espirituales en el ser humano. También hay condiciones sociales, ambiéntales, espaciales, químicas, etc. En fin, vivimos llenos de condiciones. Sin embargo, muchos no están conscientes de sus condiciones hasta que las mismas los acondicionan. Por ejemplo, algunos sobrepasan los límites con sus cuerpos y son condicionados a enfrentar las consecuencias de su falta de límites. Algunos irrumpen con las condiciones de la ley y enfrentan las consecuencias de la misma. Otros, se olvidan que están condicionados por su condición de casados, solteros o empleados y sufren grandes consecuencias.

Entonces, ¿cómo podemos vivir en un mundo de condiciones? Primero, debemos reconocer cuáles son las condiciones a las cuales nos estamos sometiendo hoy en día. En segundo lugar, debemos respetar las condiciones que tenemos. Por otro lado, también debemos trabajar para mejorar las condiciones en las cuales nos encontramos actualmente al aprender y optimizar cada una de ellas. Finalmente, debemos pedirle a Dios que nos dé sabiduría y nos ayude a vivir en libertad en medio de un mundo lleno de condiciones.

Solo Dios nos ama, acepta y apoya sin condiciones. Su amor no está condicionado ni tampoco Su fidelidad. ¿Te dejarás abrazar por la incondicionalidad de Dios? La Biblia dice en 1 Juan 3:1a, “Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, ¡y eso es lo que somos!” (NTV).

Hechos

“Los hechos hablan por sí mismos”. Puedes hablar muchas cosas, pero si tu ejemplo no es congruente con tus palabras, serás todo un descrédito para aquellos que te rodean. De allí surge el dicho que dice: “A mí háblame con hechos, no con palabras”. Somos dados a decir muchas cosas, pero nos quedamos cortos en hacerlas. Como dicen popularmente: “Del dicho al hecho hay mucho trecho”. Eso es algo muy certero ya que todos hemos pecado de decir muchas cosas y fallado en hacerlas.

Entonces, debemos pensar antes de hablar y hablar con nuestros hechos más que con nuestras palabras. Por ejemplo, si decimos que amamos a alguien, ¿cómo se lo demostramos? Si decimos que honramos a alguien, ¿cómo lo hacemos? Si decimos que somos comprometidos, ¿cuáles son los resultados? Si decimos que somos diferentes a los demás, ¿cómo lo comprobamos? Estos son solo unos pocos ejemplos.

Medita en las cosas que debes comenzar a hacer para que tus hechos concuerden con tus palabras. Evalúa las cosas que necesitas dejar de hacer para ser más congruente con tus palabras. Por último, recuerda que todo lo que haces, lo haces para tu Dios.
La Biblia dice en Colosenses 3:17, “17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (RV1960).

Una Mirada

Muchas cosas se expresan y comunican con una mirada. Una mirada puede hablar más que mil palabras en un solo instante. Alguien dijo que “Los ojos son las ventanas del corazón”. En muchas ocasiones, los ojos muestran algo diferente a lo que profieren nuestras palabras. Por ejemplo, decimos que estamos felices y nuestra mirada es de tristeza, decimos que no tenemos temor y ponemos cara de aterrorizados, decimos tener tranquilidad y ponemos cara de desosiego. En fin, una mirada transmite mucho.

Hay un canto antiguo que se titula “Una Mirada de Fe”. Este canto encapsula una gran verdad. Es una mirada de fe la que puede salvar al pecador, porque si venimos a Cristo Jesús, Él nos perdonará, porque esa mirada de fe es la que podrá salvarnos. Entonces, te recomiendo que en cualquier cosa que estés experimentando en tu vida, mires con fe. Mira a Jesús. Él podrá ayudarte para que tu corazón descanse, experimente paz y tu mirada sea sincera sin tener que esconder nada.

De modo que, “Una mirada de fe” es lo que nos puede salvar. Confía en Jesús, espera en fe y Él hará. La Biblia dice en el Salmo 34:5-6, “5 Los que miraron a él fueron alumbrados, Y sus rostros no fueron avergonzados. 6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias” (RV1960).

Saltando Como Niños

A mi hijo le fascina ir a los lugares donde brinca en los trampolines sin parar de un lado a otro. Él es sumamente contento al saltar, saltar y saltar. En ocasiones lo acompañamos como familia, pero la verdad, nos cansamos mucho más rápido que él. Un día de estos me puse a observar a todos los niños que saltaban en ese lugar. Sus caras expresaban alegría, confianza al realizar ciertas maromas, gozo al reírse de sus caídas y me admiré de las destrezas de muchos de ellos. Sin embargo, todos tenían algo en común: “Saltaban con confianza y disfrutando cada salto como si fuese el último”. Así es la vida. Saltamos y saltamos, sin embargo, la diferencia es que muchas veces no la disfrutamos.

Debemos “saltar como los niños”. Debemos disfrutar de cada momento, aprender de cada desacierto, levantarnos de cada caída, reírnos de los obstáculos y confiar en cada salto. Debemos arriesgarnos en ciertos saltos y aunque caigamos mal, debemos levantarnos. Recordemos que hay una comunidad alrededor nuestro. Alguien que nos puede extender la mano y ayudarnos cuando hemos caído. Es más, debemos recordar que Dios está presente en cada salto, que a veces salta con nosotros y a veces nos previene de hacer ciertos saltos.

Entonces, salta y disfruta como un niño. Te aseguro que tu vida cobrará más felicidad y tendrá más significado. La Biblia dice en Proverbios 24:16a, “Los justos podrán tropezar siete veces, pero volverán a levantarse” (NTV).

Entrega

“El que se entrega por completo, jamás regresa entero”. Esta es una gran verdad. La entrega en sí misma es la representación palpable del amor. La entrega muestra nuestra disponibilidad, nuestro compromiso, nuestra perseverancia, nuestra determinación e inspira toda nuestra confianza. La entrega muestra la justicia del amor y desemboca como resultado el cariño y la aceptación. En otras palabras, la entrega es esencial para la vida. De modo que, ¿cómo está tu entrega?

Si te cuesta entregar de tu tiempo, de tus talentos y de tus tesoros, quiere decir que eres un poco egoísta. La entrega es el antídoto del egoísmo y la medicina para el orgullo. La entrega es la representación máxima del servicio y la expresión real de cualquier palabra. La entrega muestra la devoción y responsabilidad, pero también forja el carácter y la confiabilidad.

Dios mismo es un “ejemplo de entrega”. Él lo entregó todo sin ser egoísta. Él renunció a Su misma gloria por amor a nosotros. Entonces, ¿cómo puedes mejorar en tu entrega a Dios y a los demás? La Biblia dice en Gálatas 2:20, “20 Mi antiguo yo ha sido crucificado con Cristo. Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Así que vivo en este cuerpo terrenal confiando en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí” (NTV).

Decepción

Un día leí una frase en el tema de la decepción que se me quedó grabada y dice: “No permitas que las decepciones de hoy pongan una sombra en tus sueños y propósitos del mañana”. Las decepciones son parte normal en esta vida porque nosotros decepcionamos a otros tanto como otros nos decepcionan a nosotros. Entonces, las decepciones no están diseñadas para destruirnos, sino para fortalecernos.

Una de las quejas más recurrentes de la gente de hoy en día son las muchas decepciones a las que se enfrentan día con día. Se podría decir que vivimos en un mundo de “decepcionados o desilusionados”. ¿Qué debemos hacer? Entender que nosotros somos los primeros que decepcionamos a otros y que nos decepcionamos a nosotros mismos. Trabajar para que las decepciones no nos hagan detenernos en la carrera que tenemos por delante. Enfocarnos en mejorar para no causar ninguna decepción a otros. También perdonar a aquellos que nos decepcionan y pedirle a Dios que nos ayude para no decepcionarnos fácilmente.

Dios nunca nos decepcionará, ¿lo crees? La Biblia dice en Deuteronomio 7:9, “Reconoce, por lo tanto, que el Señor tu Dios es verdaderamente Dios. Él es Dios fiel, quien cumple su pacto por mil generaciones y derrama su amor inagotable sobre quienes lo aman y obedecen sus mandatos” (NTV).

Sin Pena

Es un sin pena”, fueron las palabras de una señora que se notaba frustrada al salir de una tienda. La expresión sin pena en el contexto latinoamericano puede encajar en varios contextos. Puede ser una persona imprudente y sin escrúpulos, como aquella que no le tiene temor a nada, a nadie o a emprender algo. Puede referirse a una persona inoportuna, a una persona sin fobias, con problemas de índole relacional o en su efecto, con muchos problemas interpersonales.

Sea cual sea el contexto, la expresión “sin pena” muestra un sentir de libertad de corazón que puede ser bien o mal practicado. La Palabra de Dios nos insta a ser personas sin pena delante de Dios. Es decir, que vengamos delante de Él a través de Su Hijo Jesús sin escrúpulos y con todo nuestro corazón. Dios desea que no escondamos nada, que no finjamos nada, ni que inventemos nada delante de Él. Al contrario, Él desea que seamos como somos en Su presencia.

Entonces, si hay una persona con la cual puedes ser completamente honesto es con Dios. Ven “sin pena” delante de Él. Te aseguro que tu pena se convertirá en gozo y tu intranquilidad en una gran paz que provendrá directamente de Él. La Biblia dice en Romanos 12:9, “9 No finjan amar a los demás; ámenlos de verdad. Aborrezcan lo malo. Aférrense a lo bueno” (NTV).

Sin Condiciones

¿Has escuchado la expresión “sin condiciones”? Creo que sí la hemos escuchado, pero no podemos concebir el hecho de vivir en un mundo “sin condiciones” porque vivimos condicionados constantemente. Hay diferentes factores que lo hacen. Por ejemplo, vivimos condicionados por nuestro tiempo, por nuestras relaciones, por nuestras decisiones, por nuestras situaciones, por nuestro pasado, por nuestra preparación, por nuestra salud, por nuestro contexto, etc.

Pensar en vivir en un lugar sin condiciones sería en otra vida o se convierte en un pensamiento ilusorio y utópico. Sin embargo, hay alguien que vive sin condiciones y se llama Dios. Él nos ama sin condiciones, nos sustenta sin condiciones, nos tiene paciencia sin condiciones y nos espera sin condiciones. Es más, fue tanto Su amor por nosotros que la única condición de pecado y separación que había con la raza humana, fue llevada en el sacrificio de Su Hijo Cristo en la cruz.
Su amor no tiene límites de tiempo, lugar o condición. Su amor es un amor “sin condiciones”. ¿Quieres ser amado y sustentado sin condiciones? El único que lo podrá hacer se llama Dios. ¿Qué esperas? Ven a Él. Su incondicionalidad te hará sumamente feliz.

La Biblia dice en Romanos 5:8, “8 Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (NVI).

Fuera De Lugar

Una de las jugadas que más marcan los árbitros en el fútbol es “fuera de lugar”. Esta jugada se caracteriza al sancionar a un jugador que se adelanta al área del equipo contrario, antes de que se le otorgue el pase de otro jugador del mismo equipo. Esta es una simple ilustración de nuestra vida. Muchas veces nos adelantamos y el “árbitro” de nuestra vida nos marca que estamos fuera de lugar.

Es bueno ser proactivos, esperar con expectativa y tener fe hacia el futuro. Sin embargo, en repetidas ocasiones nos adelantamos en el campo de juego lo cual suele ser contraproducente. Por ejemplo, una mala decisión, una acción o una palabra que resulta estar “fuera de lugar”. Entonces, debemos correr la vida con diligencia, calculando cada movimiento, involucrando a otras personas, aprendiendo de cada juego, pero esperando el tiempo indicado para recibir el pase, llegar al área del oponente y meter los goles correspondientes para lograr una victoria.

“Dios es tu árbitro”. Él te llamará a cuentas cuando estés fuera de lugar y con una amorosa advertencia te animará para que no te adelantes más. ¿Esperarás en Él? La Biblia dice en Deuteronomio 5:33, “33 Manténganse en el camino que el Señor su Dios les ordenó que siguieran. Entonces tendrán una vida larga y les irá bien en la tierra donde están a punto de entrar y que van a poseer” (NTV).

Incómodos

¿Te has sentido incómodo alguna vez? ¿Te has sentido como dicen comúnmente: como un mosco en leche? ¿Piensas que estas fuera de lugar? Bueno, ese sentimiento es común al estar en un lugar totalmente diferente, en una cultura disímil o con gente totalmente extraña a nosotros. Esto se conoce como “un sentido de incomodidad” que se refriere al estado de perder la comodidad por lo “no familiar o circunstancial”.

El Señor Jesús se sintió incómodo en muchas ocasiones. Cuando estuvo con los fariseos y religiosos se sintió incómodo. En ocasiones se sintió incómodo por el comportamiento de sus discípulos y hasta experimentó este sentimiento en su mismo hogar y ciudad. Jesús vivió el rechazo y la incomodidad en su sentido más profundo. Sin embargo, aunque se sintió incómodo, nunca perdió su enfoque de la tarea que tenía por realizar y de su misión de salvar a la humanidad perdida.

Recuerda que aunque te sientas incómodo(a), Dios puede usar tu incomodidad como una lección de vida. El sentirnos incómodos no debe alterar los planes que Dios tiene para nosotros. No dejes que la incomodidad te detenga, al contrario, enfócate en el llamado de Dios. Él te ayudará en medio de todas tus incomodidades. La Biblia dice en 2 Corintios 10:3, “Es verdad que vivimos en este mundo, pero no actuamos como todo el mundo” (TLA).