Lo eterno

C. S Lewis, famoso escritor cristiano, dijo: “Apunta al cielo y tendrás la tierra por añadidura. Apunta a la tierra y no tendrás ninguna de las dos”. ¿A dónde estás apuntando? Me imagino que usualmente le apuntas a las cosas terrenales. Es decir, a los afanes de la vida, a las grandes ocupaciones, a las muchas responsabilidades, a los múltiples compromisos y a las tantas relaciones de los que están a nuestro lado.

Hemos perdido nuestro enfoque y allí radica la raíz de nuestros problemas. Es necesario apuntar nuestros esfuerzos a las cosas que Dios desea para nosotros. Debemos amar a Dios para poder amar a los demás. Debemos conocer a Dios para poder conocer nuestro propósito y no divagar. Debemos servir para disfrutar de la grandeza que proviene del servicio. Debemos recordar que el pasar por esta vida es decidir nuestra eternidad, porque lo que hacemos en esta vida tendrá su eco por la eternidad.

En conclusión, es necesario recordar que la tierra no tiene ninguna tristeza que el cielo no pueda curar, es decir, nuestra eternidad. La Biblia dice en 2 Corintios 4:18, “18 Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre” (NTV).

Algo duradero

Un discípulo mío quien recientemente se casó escribió en su invitación de bodas su emblema de vida para su matrimonio que dice: “Que nuestra vida sea como un viaje misionero que dure para toda la vida”. ¡Qué lindas y más sinceras palabras! Hablan de una larga duración. Pero, ¿pensamos en algo duradero o solo en algo pasajero? ¿Pensamos en lo permanente o en lo inestable? Debemos pensar en las cosas que son de larga duración. Es decir, en lo trascendente y eterno.

El enfocarnos en las cosas pasajeras nos impedirá ver con claridad lo que Dios ha preparado. Él desea que invirtamos nuestras vidas en lo no perecedero, en lo infinito que afecta lo finito. Se nos recuerda una y otra vez en las Sagradas Escrituras el poner nuestra mirada en las cosas de arriba, en lo celestial y no solo en lo terrenal. Se nos anima a ver más allá de nuestras posibilidades, predicciones o preferencias.

¿Te has puesto a pensar si estás solo sobreviviendo en tu vida o si verdaderamente estas concentrando tus esfuerzos en lo que vale la pena? ¿Estas enfocándote en lo duradero o en lo perecedero? Si te enfocas en lo perecedero, perecerás, pero si te enfocas en lo permanente y en lo eterno, vivirás en plenitud no solo en esta vida, sino por la eternidad. La Biblia dice en 1 Juan 2:17, “17 y este mundo se acaba junto con todo lo que la gente tanto desea; pero el que hace lo que a Dios le agrada vivirá para siempre” (NTV).

Visión sin acción

Una frase que comparto a menudo dice: “Visión sin acción es pura ilusión”. Frecuentemente me encuentro personas muy entusiastas y eufóricas quienes me comparten su visión. Usualmente los escucho con detenimiento para animarles, pero les hago la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los pasos que estás tomando para llevar a cabo dicha visión? En repetidas ocasiones, la euforia se pierde y la respuesta es demasiado débil o vaga careciendo de claridad.

Puedes tener la visión más grande, pero si no das un paso intencional de fe para llevarla a cabo, se podrá convertir en una simple y llana ilusión. El mundo está lleno de personas ilusas, quienes se alimentan de visiones, pero les falta el elemento de la “acción”. He aquí algunos consejos para ponerle acción a tu visión. Primero, consulta si tu visión va de acuerdo a la visión de Dios. Esto se alcanza al leer Su Palabra, al fomentar la oración y al buscar el consejo de personas sabias quienes conocen de Dios. Segundo, elabora un plan de acción con pasos concretos y simples. Enumera cada etapa, los recursos, entrenamiento que necesitas y calcula los costos relacionales, físicos y espirituales. Tercero, invita a otros para que se unan a esta visión. Recuerda que solo podrás ir rápido, pero acompañado llegarás lejos. Por último, pero de suma importancia, busca la guía y la dirección de Dios. Él sabe qué es lo mejor para tu vida y conoce tu futuro. La Biblia dice en Santiago 2:17 , “Como pueden ver, la fe por sí sola no es suficiente. A menos que produzca buenas acciones, está muerta y es inútil” (NTV).

Cosas Grandes De Dios

El famoso misionero y escritor William Carey dijo: “Espera grandes cosas de Dios y emprende grandes cosas para Dios”. ¿Qué esperamos de Dios? ¿Cuál es la proporción y la medida de nuestra fe? ¿Qué emprendemos en el servicio a Dios? Estas son solo algunas preguntas que nos hacen pensar en la dimensión de nuestro Dios y en la magnitud de nuestra fe.

Muchas veces aunque digamos que esperamos cosas grandes de parte de Dios, no las creemos. Dudamos que Él verdaderamente pueda obrar a nuestro favor. Dudamos que si emprendemos algo por Él y de acuerdo a Su voluntad, podremos impresionarnos de los resultados. Pensamos que Dios es grande, entendemos que es poderoso, pero no vivimos esperando experimentar de Sus grandezas.

No se trata del tamaño de nuestra fe, sino de la grandeza del Dios en el cual depositamos nuestra fe. En este caso es Jesús el Hijo de Dios, quien resucitó de los muertos y quien está sentado a la diestra del Padre. Él tiene todo el poder para hacer cosas grandes “en y a través” de nosotros. ¿Qué esperas? Confía en las promesas de Dios y emprende las cosas que Él ha puesto en tu corazón. Te aseguro que te sorprenderás de los resultados.

La Biblia dice en Salmo 37:7,“ Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe. No te inquietes por la gente mala que prospera, ni te preocupes por sus perversas maquinaciones” (NTV).

Lo Correcto, No Lo Que Conviene

Yo tengo una frase que comparto mucho que dice: “Es mejor hacer lo correcto y no lo conveniente”. A menudo, es más fácil hacer lo que nos convenga al momento, especialmente si no estamos afectando a nadie a nuestro alrededor. Pensamos que aunque no hagamos un daño notorio, hacer lo que conviene es lo mejor. Sin embargo, no todo lo que parece ser bueno es bueno y no todo lo que nos conviene es ético. Por otro lado, hacer lo correcto no es siempre lo más fácil y lo más aplaudido.

El hacer lo correcto es contracultura y contracorriente. Es decir la verdad aunque duela. Es pronunciar un sí cuando es necesario. Es pararse firme con un “no” cuando sea lo indicado. Es regirse por principios, valores e ideales. Es permanecer en la verdad y no aceptar vivir bajo ninguna mentira. Es no vivir esclavo del pasado, ni de los errores del ayer, sino confiar, vivir en la verdad y proseguir hacia delante con una postura de fe. Es seguir la voz de Dios y hacer caso omiso a la voz del mundo, de la carne y del mismo enemigo.

Entonces, ¿estas dispuesto(a) a hacer lo correcto y no solo lo que te conviene? La Biblia dice en 1 de Corintios 10:23, “23 Ustedes dicen: «Se me permite hacer cualquier cosa», pero no todo les conviene. Dicen: «Se me permite hacer cualquier cosa», pero no todo trae beneficio” (NTV).

Lo Que Te Hace Reír

Una vez escuché una frase que me llamó la atención que dice: “Deja de preocuparte por lo que te hace llorar y empieza a valorar aquello que te hace sonreír”. ¿Qué te hace sonreír en la vida? ¿Las circunstancias, tu familia, tus seres queridos, tus amigos, tu trabajo, tus pasatiempos, tus proyectos o tus sueños? En fin, ¿qué te hace sonreír? Muchas veces nos reímos de los errores y desaciertos del pasado, de los pesares del ayer, de los dolores y hasta de las aflicciones de las cuales hemos aprendido tanto.
Evalúa qué trae una sonrisa a tu rostro y saca el mayor provecho de ello. Si no tienes muchas cosas que te hagan sonreír al momento, recuerda que Dios puede cambiar tu lamento en gozo, tu tristeza en alegría y tu llanto en risa. Él puede hermosear tu rostro con cánticos de júbilo y con una paz indescriptible que inundará y transformará tu ser.

Una de las mejores maneras de hacerlo es a través de la oración. Cuando oramos agradecemos a Dios, confesamos nuestras faltas, pedimos por nuestras necesidades, intercedemos por otros, pero también descansamos en Su presencia. Al hacerlo, nuestras preocupaciones se disipan y nuestra tristeza se convierte en gozo. Un gozo que proviene de lo alto, que llena nuestra mente y colma todo nuestro ser. La Biblia dice en Filipenses 4:6, “6 No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho” (NTV).

El Mejor Maestro

“El mejor maestro es el tiempo, sin necesidad de que hagas preguntas, te da las mejores respuestas”. ¿Cuántas veces el tiempo te ha dado o no la razón? El tiempo tiene dos características esenciales: te proporciona una perspectiva especial y te sana las heridas del corazón. Con el paso de los días, puedes ver las cosas de manera diferente. Tanto los dolores, aciertos y desaciertos del ayer, son vistos con otros lentes a través del tiempo.

El tiempo también es curativo. Con el pasar de los días, las cosas por las que enfrentábamos batallas, ya no tienen mucho sentido. Por otro lado, las cosas que más nos molestaban, hasta nos reímos de ellas. ¿Por qué? Simplemente porque el tiempo ha hecho su trabajo curativo en nosotros. Benjamín Franklin dijo: “¿Amas la vida? Pues si amas la vida, no malgastes el tiempo, porque el tiempo es el bien del que está hecha la vida”. Algunas veces como dice el dicho: “solo debemos darle tiempo al tiempo”.

Hay personas que darían todo por un poco más de tiempo y nosotros que lo tenemos, muchas veces no lo valoramos. Por tanto, muchas veces “el mejor maestro” será el tiempo. La Biblia dice en Eclesiastés 3:11, “Sin embargo, Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado. Él sembró la eternidad en el corazón humano, pero aun así el ser humano no puede comprender todo el alcance de lo que Dios ha hecho desde el principio hasta el fin” (NTV).

Lo Que Pueda Pasar

“Normalmente le damos más importancia a lo que pueda pasar y no a lo que está pasando”. Debemos entender que lo pasado ha huido, el futuro está ausente, pero el presente es nuestro. Por lo tanto una buena postura sería: aprender del pasado, prepararnos para el futuro, pero vivir en el presente. Muchas veces esperamos el momento perfecto. Por el contrario, debemos tomar este momento y hacerlo perfecto. De esta manera el pasado suele ser una experiencia que el presente aprovecha y que el futuro perfeccionará.

He aquí algunos consejos: no dejes que el pasado te encadene y te torture, aprende de él y no cometerás los mismos errores. Prepárate en el presente e invierte muy bien tu tiempo. No corras, porque de la corrida solo queda el cansancio. Toma consejo de otros que han atravesado por el mismo camino. Permite que Dios te hable en el sendero. Espera con fe lo que viene por delante. Por último, aprende de los niños quienes viven como si no tuvieran pasado ni futuro, pero se gozan del presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros.

Ora al Señor y dile: “En tus manos están mis tiempos”. La Biblia dice en Oseas 12:6, “Y tú, vuelve a tu Dios,
practica la misericordia y la justicia, y espera siempre en tu Dios” (LBLA).

Perder Una Batalla, Pero No La Guerra

“Podemos perder algunas batallas, lo que no podemos permitir es que el espíritu de derrota se apodere de nosotros como si la guerra ya estuviese perdida”. En esta vida es necesario perder algunas batallas para poder aprender. Hay que entender que antes de entrar en una batalla debemos creer en el motivo de la lucha. Habrán batallas que no vale la pena pelear y otras que con tenacidad y perseverancia se deben conquistar.

Evalúa tus batallas y hazte las siguientes preguntas: ¿Vale la pena emprender esta batalla? ¿Cuál es el motivo? ¿Es necesario pelearla o dejarla ir? ¿Cuáles son las personas o relaciones que saldrán afectadas con esta lucha? ¿Qué entrenamiento, experiencia y respaldo tengo para pelear? ¿Cuáles serán todos los costos? ¿Cuál será el beneficio de ganarla o de perderla? Estas son solo algunas preguntas que te ayudarán a emprender o no las batallas en tu vida.

Dios nos recuerda una y otra vez que cuando estamos en Su voluntad, Él es quien pelea nuestras batallas. La victoria y la gloria seguro que siempre estarán de tu lado, porque le pertenecen a Él. De tal forma que, deja que Él pelee tus batallas, ¿lo dejarás pelear por ti? La Biblia dice en Jeremías 15:20, “Pelearán contra ti como un ejército en ataque, pero yo te haré tan seguro como una pared de bronce fortificada. Ellos no te conquistarán, porque estoy contigo para protegerte y rescatarte. ¡Yo, el Señor, he hablado!” (NTV)

Siendo Negativos

Hay personas que son muy negativas. Aunque las cosas vayan muy bien, estas personas siempre buscan algo malo en lo cual enfocarse. El enfocarse en lo negativo y en lo difícil de las cosas, nos impide ver las maravillas que Dios está haciendo en y por medio de nosotros. Como dice una frase: “Una mente negativa nunca podrá darte una vida positiva”. En cierta manera, cuesta el mismo trabajo ser negativo que positivo, pero los resultados son completamente diferentes.

Esta bien reconocer que la actitud positiva no es el todo en la vida, ni que tampoco resolverá todos tus problemas, pero sí cambiará muchas circunstancias y molestará a suficientes personas para que el esfuerzo de ser positivo valga la pena. Esta comprobado que las malas actitudes y la negatividad tienen un efecto negativo y grandes consecuencias en todo tipo de relación.

Nuestro Padre celestial desea que desarrollemos la mente de Cristo, es decir, una mente que confía en las promesas de Dios, que espera lo mejor y que recibe lo que viene de parte de Él como parte de Su plan divino. De manera que “desarrolla una actitud positiva”. Serás altamente beneficiado(a). La Biblia dice en 1 Crónicas 16:11-12, “11 Busquen al Señor y su fuerza, búsquenlo continuamente. 2 Recuerden las maravillas y los milagros que ha realizado, las resoluciones que ha dictado” (NTV).